Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Temer o no Temer
Leonardo Girondella Mora
24 marzo 2011
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Existen, de cierto modo, dos creencias religiosas que son dignas de destacar —para examinar sus diferencias. Ambas son creencias que sostienen personas religiosas y representan dos formas diferentes de entender el poder de Dios.

Una está bien representada en un tipo de oración —en la que se hace un ruego a Dios: el de solicitarle que nada malo suceda en la vida de quien reza. Pide que nada de las cosas que teme le acontezcan.

Un ejemplo: hay una epidemia de alguna enfermedad y sus oraciones a Dios se concentran en rogar no ser contagiado por la enfermedad.

• La otra está bien ilustrada en el ejemplo de quien ora de manera diferente —en sus ruegos a Dios reconoce que hay cosas a las que teme, y solicita a Dios el quitarle ese temor.

Un ejemplo: hay una epidemia de alguna enfermedad y sus oraciones piden a Dios no temer a esa enfermedad.

Son dos oraciones de un tipo distinto y no creo que sean mutuamente excluyentes.

Veo como una reacción muy humana en la persona religiosa el orar a Dios pidiendo que le evite algún mal, algún suceso al que teme. Si viaja en avión, por ejemplo, considero razonable que la persona rece pidiendo que sea un vuelo seguro, sin accidentes.

Pero me parece que puede verse como una acción más profunda la que considera que pueden suceder cosas a las que se teme, como un accidente de avión y, sabiendo eso, orar en otro sentido —el de pedir que esas cosas a las que se teme no sean ya temidas.

Hay en las religiones un sentido de jerarquía, donde Dios es colocado en primer lugar —un ser perfecto, que tiene todas las cualidades en su totalidad. Considerando esto, resulta muy humano pensar en acudir a él en busca de protección, no diferente a lo que hace un niño cuando busca a sus padres.

Ese creyente, en ese entendimiento de Dios, lo considera un protector —como un defensor todopoderoso que puede prevenir esas cosas a las que la persona más teme: solicita que no le sucedan. Ese gran bienhechor puede impedir los malos sucesos a los que se tiene miedo.

No está mal, pero no puede ser todo —esa manera de ver a Dios es demasiado limitada a la de un escudo contra lo que se teme. Sería el papel de un guardaespaldas. Hay mucho más en Dios que eso sólo. Por esto, pienso, el segundo tipo de oración es más maduro.

En ese tipo de oración, la oración da un giro total —ya no se pide que la persona sea protegida, sino que ella deje de temer a eso que teme. Esas cosas malas y que amedrentan, sucederán sin remedio, por ejemplo, la muerte. No hay manera de evitar todas.

La oración, por tanto, ya no pide amparo ni salvaguarda, al menos en la forma de un escudo contra lo temido. Pide ahora entender esa jerarquía con Dios en la cúspide: todo eso que se teme pasa a un lugar tan secundario que no importa. Lo infinito de Dios hace que lo demás no tenga importancia.

No es difícil pensar que eso sea más fácil decir que hacer —la pérdida de una vida, por ejemplo, conmueve hasta lo más hondo y es una tarea ardua en pensar que ella no importa tanto como Dios y el amarlo. La inmediatez de la muerte puede ganar a la jerarquía de Dios, tanto que puede provocar un rechazo.

Finalmente, todo lo que he intentado hacer es aportar una idea sobre esos dos tipos de oración, siendo uno superior a otro, pero ambos humanamente comprensibles —tan humanos que estoy seguro que el amor de Dios por sus criaturas entiende las limitaciones de uno y las dificultades del otro.

Nota del Editor

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