Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Todo el Mundo no lo Sabe
Eduardo García Gaspar
4 febrero 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una noticia estándar. Una celebridad, generalmente un hombre, es acusado de violación y actos similares, por una mujer.

La cosa va a los tribunales y se vuelve un material rico para los medios. El asunto recibe sus siete días de popularidad y desaparece.

Desaparece de las conversaciones para atender al siguiente. Son noticias de un tipo especial, el género noticioso de la trivialidad: realmente nada de lo que allí suceda altera la vida de nadie excepto los involucrados.

Pero aún así, en lo irrelevante, hay alguna oportunidad de aprendizaje.

Veamos asuntos de este tipo y cómo se relacionan con la lógica.

Tomemos un caso clásico, el de un hombre célebre al que se demanda legalmente alegando violación. Es común que además del juicio legal exista un juicio público: personas opinando culpabilidad o inocencia.

En ese juicio público es común cometer un error grave. El de dictaminar culpabilidad sustentada en el hecho de que la violación es grave, que es violencia de género, que es un atentado a las mujeres y demás. Por supuesto que lo es. Toda violación es un acto reprobable, realmente digno de grandes castigos.

Pero no es ése el punto. No se necesita probar que la violación es inmoral e ilegal. Eso lo sabe todo el mundo. Afirmarlo no lleva a nada.

Lo que es necesario probar es la culpabilidad del acusado y ésa es otra historia. De la gravedad de un delito no puede concluirse la culpabilidad de nadie.

La clave está en diferenciar dos cosas distintas. Una es la expresión de la seriedad de una acción. Otra, muy distinta, es comprobar que una persona la realizó. ¿Obvio? Menos de lo que usted se imagina.

Los gobernantes cometen el mismo error durante todas sus vidas. No diferencian entre esas dos cosas.

Por ejemplo, un legislador propone una ley laboral, la que establece que los despidos de empleados serán castigados con una multa al empleador. Propone tal ley y en la cámara de legisladores se pone a discusión. Unos legisladores la alaban, otros la reprueban. Total, llega el turno de quien la ha propuesto.

Y este legislador argumenta que el empleado y el trabajador merecen una mejor vida, que la ley debe mostrar preocupación social por el bienestar del pueblo, que se trata de defender los intereses sociales y el bienestar común. Si esto hace, el legislador ha cometido la misma falta.

Toda su perorata no ha probado nada acerca de la ley que propuso. Todo lo que ha dicho, en resumen, es que los gobiernos deben colaborar al bien común. Todos saben eso.

Una cosa es afirmar que la autoridad debe actuar para el bienestar general y otra, muy distinta, es que esa ley logre lo que ha dicho. Su defensa de la ley debe probar que esa ley logrará bienestar social.

Es el mismo error anterior, el de la falta de argumentación que pruebe la culpabilidad del acusado, o la efectividad de la ley para lograr el bien común. No distinguir entre esas dos cosas lleva a discusiones inútiles.

Por ejemplo, el legislador que propuso tal ley acusará a quienes se oponen a ella de estar en contra del bien común… lo que es absolutamente falso.

Apuntar esta falla bien vale una segunda opinión. Es un error común entre la clase política, donde suele confundirse la meta con los instrumentos para alcanzarla.

No hace mucho que un candidato a la presidencia en México propuso elevar al doble el presupuesto del gobierno federal.

La defensa de esa medida estuvo basada en la elevación del bienestar común. Quien criticó ese aumento fue acusado de ser una persona insensible a los intereses de las mayorías. ¿Ve usted el error?

Por supuesto, el gobierno debe ayudar a elevar el bienestar de la nación, eso todos lo saben.

Pero reconocer que el gobierno debe colaborar al bien común no es prueba ni evidencia de que debe aprobarse duplicar el presupuesto federal. Son dos cosas distintas. No hay lógica entre un presupuesto mayor y la función natural de un gobierno. En realidad, puede haber una relación opuesta: a mayor gasto federal, menor bienestar.

En fin, esta columna ha insistido en la idea de que en todas partes hay ocasiones de aprendizaje, incluso en las que parecen más pequeñas. Un reciente caso de acusación de violación, por ejemplo, nos llevó a una breve lección en la lógica del pensar de muchos gobernantes… que no son lógicos.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Razonamiento. Es especialmente recomendable la idea de Lin Yutang sobre la educación superior en Tormento o Placer.

El caso de la elevación del presupuesto gubernamental es posible de ver analíticamente de la manera siguiente:

  • Premisa 1: el gobierno debe ayudar a elevar el bienestar de sus gobernados.
  • (Premisa 2: cuanto más gaste el gobierno más bienestar se creará.)
  • Conclusión: debe elevarse el gasto gubernamental.

La premisa 1 es verdadera, pero la premisa 2 permaneció oculta, tomada como verdadera también, de lo que se derivó una conclusión que sería verdadera sólo si la premisa 2 también lo fuera. Ya que no lo es, la conclusión se invalida y es falsa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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