Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Asunto de Rumbo
Eduardo García Gaspar
18 julio 2011
Sección: ETICA, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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La persona habló de progreso, de adelanto, de mejora, de prosperidad. Y a todo eso colocó como la meta máxima a la que ambicionamos todos.

Era un comentarista en la radio. No era la excepción. Quizá era la regla.

Una regla que tienen sus problemas. Al final de cuentas, ¿qué es progreso? Cada quien lo definirá como le apetezca.

Para unos será un ingreso per cápita creciente. Otros lo entenderán como más derechos sociales, lo que sea que eso signifique. O será visto como la libertad para abortar.

Esto es un problema como el de Babel: una misma palabra, un mismo término, con tantos significados posibles que se torna inútil. Causa suficiente como para desecharla, o al menos tratarla con pinzas.

Y si progreso se define como vivir mejor, o como tener un mejor estándar de vida, el problema subsiste.

¿Cómo defino una vida mejor? Cada persona tendrá sus ideas muy particulares al respecto.

Quizá a lo único que pueda llegarse sea a entender como progreso una situación mejorada de posibilidades para que cada persona viva de acuerdo con sus propias ambiciones, con sus sueños personales.

Y si definimos así al progreso, como la mejora de posibilidades de vida de acuerdo con lo querido por cada quien, el tema da un giro importante. Vivir como cada quien lo desea es un asunto que puede verse en dos terrenos.

• El más obvio es el de los medios materiales para lograrlo, un asunto de facilitar la creación de capital y riqueza.

• Pero el menos obvio es el más interesante, pues hace del progreso un asunto moral. Uno en el que no hay manera de esquivar la determinación de lo bueno y de lo malo.

En pocas palabras, hablar de progreso es hablar de moral… una conclusión que no es del agrado de muchos, para quienes la moral es una molestia y la religión, un inconveniente.

Pero sobre molestias e inconvenientes se impone lo lógico. A pesar de que hablar de progreso es usar una palabra de significados múltiples al gusto de quien la emplee, progreso es un término que por definición implica orientación, rumbo y trayectoria.

Es decir, debe definir ese camino y la meta a la que se dirige.

Eso es moral porque tiene que decir que ese objetivo es bueno en sí mismo y la determinación de lo bueno es el campo de la moral. No hay manera de escapar a esto.

Y vuelvo así a enfatizar que es imposible hablar de progreso si no se tiene un sentido moral. Curiosa situación para quienes quieren sustituir a la moral con la palabra progreso.

Se reconozca o no que el hablar de progreso es una discusión moral, la realidad es ésa y es también el origen último de tantos desacuerdos actuales.

Contraste usted, por ejemplo, la idea de progreso que tienen los que consideran que el aborto y los matrimonios homosexuales son avances, con quienes piensan que son retrocesos.

Para unos el progreso es quitarse de encima las discusiones morales, pero no se dan cuenta de que eso mismo es una discusión moral. Quitarse a la moral de encima es tener otra moral, la que dice que la moral es mala. Los otros dicen que la moral es buena.

El hecho es que, aunque se intente, seguimos metidos sin remedio en asuntos morales, de los que jamás podremos salir.

No podemos evitarlos por una razón obvia, nuestra libertad y las decisiones que con ella tomamos. Toda decisión implica la valoración moral de una acción: esto es bueno, esto es malo, esto es mejor, esto es peor, esto es irrelevante.

Y ya que cualquiera que sea la definición de progreso ella es una decisión, las consideraciones morales siempre nos perseguirán.

El tema es vital, incluso para quienes no lo ven así. Nuestros desacuerdos en sus orígenes son morales y se refieren a la bondad o maldad de la dirección en la que nos coloca cada definición que se hace de progreso.

No solamente desacuerdos sobre la forma en la que se logra, sino en su significado mismo.

A lo que debe añadirse una complicación que me parece es propia de nuestros tiempos y no de épocas pasadas.

En la discusión del progreso los gobiernos suelen ser quienes marcan los caminos, una situación nada conveniente ni provechosa, pues siendo el tema uno de naturaleza moral, terminamos con gobiernos que hacen las veces de moralistas, monjes, filósofos, rabinos, sacerdotes.

Al poder político, como efecto colateral, se le ha añadido el poder moral.

Post Scriptum

Mi temor es que en las discusiones sobre prosperidad y progreso se pierda la idea de que ellas son morales en su esencia y que, por eso, no deban ser dejadas en manos gubernamentales.

Hay más ideas al respecto en ContraPeso: Prosperidad y en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral.

Es obvia la influencia de Chesterton, G. K. (2007). Herejes (1 ed.). Barcelona: El Cobre, capítulo 2, en lo que he escrito.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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