Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Bosque, Muchos Gastos
Eduardo García Gaspar
8 julio 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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Muchas veces, la catarata de noticias diarias oscurece lo que está detrás de los eventos.

En el símil del bosque, es como ver un árbol o dos cada día, durante semanas y meses, sin conocer el bosque de gobiernos que quiebran por gastar de más.

Ese bosque puede comprenderse con dos asuntos sustantivos.

  • Primero, el diagnóstico y la solución keynesiana.
  • Segundo, la política de reclamos y demandas de bienestar.

Vayamos paso a paso. ¿Qué hay detrás de esa obsesión de gastos excedidos que sufren los gobernantes?

Primero, la mentalidad keynesiana indica que una crisis económica es producto de una demanda agregada débil: la gente no gasta como debiera y la economía cae, como en la Gran Depresión.

Como consecuencia, el remedio está en reanimar el gasto de la gente y elevar esa demanda agregada.

Lo que el gobierno, entonces, debe hacer es gastar más que antes, lo que coloca dinero en bolsillos de algunas personas que así gastan más que antes y la demanda agregada sube.

Con eso, el desempleo baja y se sale de la crisis, recesión o como quiera llamarla. Es al final de cuentas una intervención estatal que inyecta dinero en la economía.

Para gastar más se hace justificable tener un déficit en las finanzas públicas, como ahora en los EEUU.

Keynesianismo consciente o no, esta mentalidad es común y frecuente. Tiene un cierto sentido lógico aparente: para reanimar a la economía debe ponerse más dinero en circulación.

El segundo asunto es uno que tiene la misma consecuencia que el primero, el elevar el gasto del gobierno. Pero sus orígenes son distintos.

Es la mentalidad del estado de bienestar y consiste en entender que el gobierno es responsable de cuidar al ciudadano como si el gobierno fuera un padre y el ciudadano fuera el hijo.

Es como un gobierno-nana, que se hace responsable de servicios de salud, de educación, de pensiones, de alimentación. Por supuesto eso necesita muchos recursos y más gasto de gobierno.

A esto se une la política de reclamos de grupos, como el de seguro de desempleo, de ayuda a madres, subsidios agrícolas, ayudas regionales, y todo eso, por supuesto, necesita recursos.

En resumen, se tiene primero, una teoría económica que llevada a su expresión política crea la idea de que más gasto de gobierno es bueno para el bienestar. Y se tiene, además, una teoría política que llevada a su expresión financiera afirma que debe tenerse un gobierno que se haga cargo de las necesidades de la gente.

El resultado combinado de esos dos asuntos sustantivos es el obvio: gobiernos que suponen que su calidad está basada en la cantidad de dinero que gastan.

Más presupuesto de gasto equivaldría a mejor gobierno, según estas mentalidades. Conocer este síndrome ya es bueno, pero lo más interesante es lo que sigue.

Si se cree que a mayor gasto mejor gobierno, las consecuencia es la natural. Va a tenerse un déficit crónico porque el gobierno no va a limitarse a gastar lo que recolecta en impuestos.

Tiene necesidad de gastar más y más. Después de todo, se cree, eso es bueno, va a crear empleo, va a reanimar a la economía, va a hacer justicia a los campesinos, a los trabajadores, va a ayudar a los pobres, va a ayudar a la industria, va a resolver el problema educativo, el del agua, el de la energía…

Con tantos fines tan admirables, el gobernante no puede tener límites. Sería una injusticia que los tuviera, piensa él, y acude a otra fuente de recursos, los créditos.

Pide créditos que él no tiene que pagar. Y los acumula porque está convencido de que lo que hace es virtuoso. Va a remediar los males económicos y a dar bienestar a todos.

El problema de esto es que hay un punto en lo que todo se rompe, cuando ya no alcanzan los recursos y ya no hay más lugares de dónde sacarlos.

Ese momento es el del nacimiento de la crisis que pega no sólo al gobierno y toda su nación, también a los acreedores y clientes extranjeros. La situación no era sostenible.

Este es el bosque del que hablo y que está detrás de los sucesos reportados a diario sobre Grecia, España. Irlanda y, también EEUU. Países en los que los árboles tienen distinta apariencia, pero el bosque es el mismo.

Todos son consecuencia de mentalidades que piden que los gobiernos gasten sin responsabilidad ni prudencia.

Post Scriptum

Hay más ideas en Contrapeso.info: Estado de Bienestar y en ContraPeso.info: Finanzas Públicas.

Es notable lo señalado por un amigo. La crisis hipotecaria en EEUU fue calificada como un problema capitalista propio de ese sistema, pero la crisis griega no ha sido calificada como un problema del estatismo propio de gobiernos excedidos.

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