Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Lamento Estándar
Leonardo Girondella Mora
9 febrero 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Como parte de medidas gubernamentales de ahorro en Inglaterra, se han propuesto varias medidas —una de ellas es cerrar bibliotecas públicas en varios condados. La acción ocasionó protestas de un novelista, Philip Pullman.

A su vez, la protesta de Pullman produjo una columna el mes pasado —la de Jesús Silva-Herzog Márquez (Grupo Reforma, 31 enero 2011)—, en la que comenta el hecho y la opinión de Pullman.

Explorar las opiniones de Jesús Silva-Herzog Márquez es lo que haré en lo que sigue —con el propósito de mostrar una instancia interesante de juicio evaluatorio y una propuesta mejorada.

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Dice el columnista que,

“Asfixiar presupuestalmente a las bibliotecas no puede ser obra más que del fundamentalismo. Como el obispo Teófilo destruyó la Biblioteca de Alejandría por ser depósito de la cultura pagana, los fundamentalistas del mercado están dispuestos a rematar las bibliotecas por no resultar rentables”.

Un buen ejemplo de la falacia de la exageración del contrario: cerrar algunas bibliotecas, dice, es igual a destruir libros —entre lo que no hay equivalencia. No son lo mismo.

Es interesante el uso doble de la palabra “fundamentalismo”, sobre lo que dice,

“Estos dogmáticos del lucro no entienden otra razón que el provecho económico… ¿Qué sentido tiene guardar un libro de filosofía que no ha sido consultado en 10 años? ¿Por qué no eliminar de los estantes todos esos libros impopulares y preservar solamente los que se leen frecuentemente? Si quieren bibliotecas, bastaría con una buena colección de best-sellers”.

De nuevo, la misma falla de exageración poniendo al enemigo en una posición extrema: cerrar bibliotecas, dice, es igual a retirar un libro poco usado y sustituirlo con libros populares —tampoco hay equivalencia entre las dos acciones.

Antes, dice el columnista, se “publicaba una novela aun sabiendo que no se agotaría el tiraje en varios años… la comprarían unos cuantos. Pero se apostaba por la formación de un catálogo valioso y duradero”.

En cambio, “Ahora la única consideración es económica. Las editoriales han sido devoradas por enormes multinacionales que toman decisiones sobre lo publicable solamente atendiendo la ganancia que el libro producirá rápidamente”.

No creo que sea una queja vacía, al contrario —y sin embargo, no aplica al tema, que era el de una acción gubernamental que cierra bibliotecas públicas, una medida en la que no intervienen las firmas editoriales.

Esa falla es una de relevancia y se debe a la independencia entre dos hechos, el del cierre de bibliotecas por crisis presupuestal en Inglaterra —y otro fenómeno diferente, el de editoriales pequeñas compradas por trasnacionales que sólo ponen atención en los beneficios económicos.

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Voy ahora a otro aspecto de la columna que exploro —el de su insistencia en el fundamentalismo-dogmatismo de mercado, en lo que se aprecia, como un origen del cierre de bibliotecas públicas y de la existencia de editoriales que buscan rentabilidad ante todo.

Sobre este reclamo, apunto las ideas siguientes sin orden de importancia:

• Es dificultoso acusar de fundamentalismo de mercado al cierre de bibliotecas, ya que la causa del cierre es una carencia de fondos gubernamentales —lo que nada tiene que ver con libre mercado, al menos directamente.

Más aún, la decisión gubernamental está orientada por costos de oportunidad —el uso alternativo de los recursos de gobierno, quizá más importantes para el beneficio de esa nación. Sin información al respecto, la crítica queda un tanto vacía.

• Es sencillo ver el gasto gubernamental dedicado a bibliotecas públicas y alabar su existencia —pero debe también verse otro suceso menos agradable: tomar dinero del bolsillo de un ciudadano y dedicarlo al beneficio de otro, afectando el bienestar del primero y beneficiando artificialmente al segundo.

• La existencia de grandes editoriales que sólo buscan rentabilidad no significa la no existencia simultánea de otras editoriales que se guíen por otros criterios, como el de publicar lo que se sabe que no agotará el tiraje.

El columnista mismo puede fundar esa editorial, con sus propios recursos y los de otros que piensen como él —no existe monopolio editorial que le impida hacerlo. Más aún, puede abrir bibliotecas públicas con sus propios recursos.

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Finalmente, debo decir que simpatizo con la defensa que el columnista hace de los libros, de esa cultura de la lectura accesible a tantos. Dice él sobre las bibliotecas públicas,

“¡Todos los libros que podía llevar a casa, todas las historias que podía descubrir, todos las fantasías que podía alimentar, todas las ideas que podía encontrar! Era ése un espacio democrático lleno de emoción y de asombros, en donde tus propias emociones e ideas renacen clarificadas, magnificadas, purificadas, apreciadas”.

Y añade,

“La presencia de una biblioteca pública en una comunidad es un recordatorio vivo de que hay cosas en el mundo por encima de la ganancia, cosas que la ganancia ni siquiera entiende. Cosas que ahuyentan al miserable fantasma del fundamentalismo de mercado, cosas que afirman la decencia, y el respeto público por la imaginación y el conocimiento y el valor del simple gozo”.

Simpatizo con las ideas en esta parte tan llena de emoción —pero difiero en su entendimiento del problema. Ese fundamentalismo del mercado, a quien culpa de todos estos males no es nada más allá que un straw man, un espectro al que es costumbre culpar.

Por mucho que me agrade la lectura, por valiosos que considere a los libros, por mal que me sienta con la desaparición de bibliotecas públicas, nada de eso me da derecho a pedir a otros que aporten recursos de su propiedad y financien mis gustos y aficiones.

Si tanto me desagrada el cierre de bibliotecas, quizá sea una mejor idea buscar otras soluciones uno mismo —soluciones más imaginativas que el viejo truco de pedir a otros que usen sus recursos para lo que yo creo que es maravilloso y debe hacerse.

Una solución de asociación libre y espontánea de los ciudadanos mismos sería mucho mejor.

Nota del Editor

Hay más exámenes de opiniones de escritores en ContraPeso.info: Columnistas.

La idea de Girondella contiene implícitamente el dilema de decisión para el logro político de un buen objetivo:

Objetivo de tener bibliotecas públicas y el medio para lograrlo es el uso de fondos públicos recolectados por medio de impuestos.

Objetivo de tener bibliotecas públicas y el medio para lograrlo es la iniciativa voluntaria de personas que libremente usen sus ingresos.

La diferencia es la libertad de la persona para lograr ese objetivo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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