Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Punto Difunto
Eduardo García Gaspar
30 diciembre 2011
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La democracia, en una de sus partes, sostiene que el voto personal es la manera para cambiar de gobierno.

No está mal. Es la libertad para elegir gobernantes, con la responsabilidad de aceptar el resultado.

En pocas palabras, votar es una de las varias manifestaciones de la libertad.

Más aún, el voto personal libre supone que la soberanía de la nación se encuentra en la gente, los ciudadanos. Esto tiene consecuencias.

Por ejemplo, se considera indebido forzar el voto de la gente por medios violentos o amenazas. Igual, se considera indebido ofrecer dinero o equivalente por el voto. No es difícil de entender.

Lo que creo que vale una segunda opinión es aceptar que hay cosas que acompañan a la libertad de votar, a la soberanía de los ciudadanos.

Aquí es donde entra una idea de hace tiempo, de Tocqueville (1805-1859), quien escribió que,

“La soberanía del pueblo y la libertad de expresión son… dos cosas enteramente correlativas: la censura y el voto universal son, por el contrario, dos cosas que se contradicen…”

Es la idea de congruencia entre una cosa si otra. Si se tiene libertad de votar no hay manera de justificar que exista censura. La censura ataca la libertad de expresión.

Resulta ridículo defender la libertad de votar y al mismo tiempo atacar la libertad de expresarse. Es igual a tener la libertad de pensar, pero no la libertad de hablar.

Esto lleva a la situación mexicana actual, cuya constitución prohibe actos de libertad de expresión a ciudadanos y a partidos políticos, en el artículo 41.

El tema ha sido tratado con frecuencia durante tiempo, señalando la contradicción de la ley que reconoce la libertad de expresión en general, pero luego censura la libertad de expresión política.

Pero lo que no ha sido tratado es el fondo del asunto, es decir, la falla en el razonamiento de los legisladores mexicanos que aprobaron tal contradicción. Para ver el fondo, volvemos con Tocqueville. Dice él que,

“En materia de prensa, no hay realmente un término medio entre la servidumbre y el libertinaje”.

Más aún, entra en el meollo del problema:

“Para recoger los bienes inestimables que asegura la libertad de prensa es preciso someterse a los males inevitables que provoca”.

En los tiempos de Tocqueville la libertad de prensa se refería a los periódicos, lo que en nuestros tiempos quiere decir, los medios, todos los medios.

La idea de que no hay término medio es el fondo del error de los legisladores mexicanos. Quisieron ellos estar en el punto medio que no es posible. Puede intentarse, pero no resultará.

Así como sería tonto limitar la libertad de voto haciendo un examen de lo que saben de los candidatos los ciudadanos, también lo es limitar la libertad de expresión política impidiendo que los ciudadanos participen, o que los candidatos se critiquen.

Es la vieja frase de que no es posible estar medio embarazado. O se está, o no se está. Pero hay más en todo esto, me refiero a la mentalidad que quiso encontrar el punto difunto.

Quizá puede ayudarnos también aquí el bueno de Tocqueville, cuando escribió,

“La libertad de escribir, como todas las demás libertades, es tanto más temible cuanto más nueva es”.

En México, la libertad de expresión es nueva. No existe como una tradición, ni una costumbre. Por eso es temible.

Los ciudadanos no están aún acostumbrados a escuchar diversas opiniones, muchas veces vulgares e ilógicas, filtrando entre ellas. Los gobernantes aún no entienden lo que está detrás de ese aparente caos informativo, al que desean imponer un orden, ese punto medio imposible.

Con la idea de encontrar el punto medio, los legisladores quisieron quitarle lo temible a la libertad de expresión: grupos organizados de ciudadanos que participaran con sus opiniones y ataques entre los candidatos.

Quisieron evitar los males de la libertad de expresión manteniendo los bienes. El problema es que no se puede. Y sus disposiciones no lo lograrán.

Puede usted apostar que a pesar de que esa censura es constitucional, los ciudadanos encontrarán la manera de participar organizadamente y los candidatos la forma de atacarse entre sí.

Si se quiere ser libre para votar, no hay manera de serlo que también ser libre para hablar. Puede que el resultado no agrade, pero es el mejor que podemos tener.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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