Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Cuestión de Pereza
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La afición quizá comenzó con Carlos Marx. Era un verdadero obsesionado con el fin del capitalismo. Cualquier cosa que sucediera, él lo tomaba con un evento que anunciaba el fin del capitalismo.

Como sabemos, no sucedió. Y en realidad, el régimen comunista de la URSS cayó, dejando al capitalismo vivo.

Pero la afición no ha desaparecido. Hay quienes la mantienen y con cada ocasión que se presta a ello, anuncian que el capitalismo cae, que es su última etapa, que será reemplazado por un nuevo y mejor sistema.

La cantilena es frecuente y, por supuesto, vuelve a surgir ahora con la crisis económica actual.

Se dice que el capitalismo se aproxima a su extinción, a su etapa final y que esta crisis es una prueba de ello, así como la inmediata anterior, más todas las anteriores. Esta es una de las acusaciones más consistentes que se hacen al capitalismo, la de moverse entre etapas de expansión y contracción.

Es un buen tema y merece una segunda opinión.

Seamos lógicos y realistas. La actual crisis no es de naturaleza capitalista, al contrario, es una crisis de mal gobierno.

Los gobiernos, por varias razones, se salieron de sus límites naturales, expandieron sus funciones y responsabilidades. Todo eso necesita recursos y los obtuvieron por medio de deuda, la que ha llegado a un nivel insoportable.

Esa es la crisis que vivimos. No es una crisis capitalista, es una crisis del intervencionismo, del estado de bienestar. Gobiernos demasiado grandes, demasiado irresponsables, nada prudentes.

Esa es la realidad. Queriendo hacer el bien terminan por hacer un gran daño a esos que pretendieron ayudar.

¿La crisis inmediata anterior, la de 2008? Más o menos lo mismo: queriendo hacer a todos propietarios de su casa, acabaron por crear un sistema imposible de sostener.

Por supuesto, contaron con la colaboración del sistema financiero privado, pero el origen estuvo en una serie de acciones gubernamentales durante varios gobiernos.

Peor aún, si nos vamos a una causa más profunda, mucho de las crisis nace de una opinión pública desilustrada: el creer que el gobierno debe encargarse de todo, que debe ser el responsable de la educación pública, de la salud, de la vivienda, del desempleo, del empleo, del dinero, de la economía, de la caridad, de los pobres.

Cuando eso se cree, todo se derrumba. Se derrumba y cae porque el ciudadano se convierte en un ser que quiere vivir del estado y hacerlo sin responsabilidad personal. Cuando se da tanto al estado, poco o nada queda para el ciudadano.

Y, siento decirlo, pero no existe una sola persona en el mundo con la sabiduría suficiente como para hacer todo eso de lo que se ha hecho responsable a los gobiernos. Si el ciudadano renuncia a sus responsabilidades, se queda sin su libertad y sin ella, nada es sostenible.

Por eso resulta curiosa la mentalidad de esos que se han dado en llamar “indignados”. Si bien la indignación en estos casos es sólo un punto de partida, poco útil en sí mismo, es extraño que la mentalidad de ellos pida más de eso mismo que produjo la crisis: más gobierno, menos responsabilidad personal.

No pienso que el capitalismo esté libre de defectos. Los tiene y no son escasos. Pero un sistema estatista es aún peor, mucho peor y lo que estamos viviendo es prueba de eso.

Ninguna sociedad puede mantenerse si sus ciudadanos evaden sus responsabilidades y sus deberes, que es lo que sucede con el estatismo. Como dice un amigo: el estatismo es otra palabra para significar una ciudadanía perezosa e indolente, que espera recibir lo que a otros se quita, vendiendo su libertad a cambio de dádivas estatales.

Y esas dádivas, por supuesto, nunca son suficientes, siempre crecen y llegan a traducirse sin remedio de deuda pública impagable.

La reducción de la calificación de deuda estadounidense es un efecto, muy visible, de lo que no alcanza a verse: un estado nana, excedido, imposible, que se sostiene mediante el voto de personas que no entienden que quitarse responsabilidades es perder la libertad.

No, no es una crisis del capitalismo, es el resultado de una de las peores ideas jamás tenidas en la historia del hombre. La idea de que los gobiernos todo lo pueden hacer y lo harán bien.

Lo siento, pero eso es una fantasía que al tratar de implantarse produce exactamente lo opuesto que pretende.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas. También pueden interesar las ideas en ContraPeso.info: Crisis 2008.

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