Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Vía de Tercera
Eduardo García Gaspar
19 octubre 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es una de las ideas que han flotado durante años. Se mantiene en el aire, yendo y viniendo.

En cada regreso surge como una propuesta lógica, razonable, posible, que combina el ideas para lograr el mejor de los mundos.

Se basa en la noción del justo medio.

Una idea interesante, pero mal usada, que en este caso propone combinar lo mejor de los mercados libres con lo mejor del socialismo.

Todo para lograr lo que ha sido llamado “la tercera vía”. Es, al final, casi como proponer que entre la honestidad y la deshonestidad, la mejor opción es ser medianamente honesto.

La idea ha sido propuesta con seriedad por muchos, especialmente por economistas. Con mucha menos seriedad por políticos que quieren dar gusto a todos, socialistas y liberales.

La idea es reconocer las bondades de los mercados libres con el socialismo, es decir, con la propiedad estatal de los medios de producción.

Haciendo eso, por ejemplo, se dice que con medios de producción propiedad del gobierno podrían tenerse precios reales, si la autoridad experimenta con diversos precios. Si sobran bienes, el gobierno bajaría los precios. Si faltan bienes, los subiría.

Además, las decisiones de inversión, estarían centralizadas, como por ejemplo, poner o no una planta de motores para autos.

Lo que esas propuestas intentan conservar de los mercados libres es su habilidad para ajustar precios a la realidad, lo que permite un uso más responsable de recursos al no desperdiciarlos en bienes innecesarios.

Conservar esa habilidad, al mismo tiempo que los que toman las decisiones económicas son expertos gubernamentales.

Es como un socialismo ligero, que mantiene el problema de ese socialismo, el concentrar las decisiones en el gobierno o en gente por él autorizada.

No tiene sentido intentarlo, si logra el mismo resultado que los mercados libres, para qué tener ese mecanismo de determinación de precios y que es costoso. Lo mismo puede lograrse con menos personal.

Pero, lo que vale una segunda opinión es que esa tercera vía pierde uno de los elementos claves de la economía, al emprendedor. Cuando las decisiones económicas las realiza una autoridad central se pierde el sentido de innovación. No habrá estímulos para mejorar las cosas, inventar otras, ver vacíos en el mercado y llenarlos.

En esa tercera vía, por poner un ejemplo, usted estaría atascado con Windows en su primera versión. No habría salido al mercado el iPod, ni los inyectores de gasolina. Los expertos gubernamentales estarían trabajando en que precio poner a los carburadores, y en dónde poner una fábrica de discos LP.

Es una pérdida significativa.

Significa perder productividad, pues estaríamos usando aún el fax, si es que existiera en el momento de aplicar la tercera vía. Al poner toda su atención en resolver el problema de precios reales, que el socialismo no puede solucionar, se olvida el otro factor, que es el gatillo que mueve a la economía, el entrepreneur.

Este es el tipo que encuentra oportunidades pensando en que al aprovecharlas tendrá un beneficio personal. Si no lo tiene, dejará de buscar oportunidades de negocios innovadores.

La tercera vía, como el socialismo, tienen ese desagradable efecto, el hacer desaparecer los incentivos… pero no todos, crea otros.

Crea incentivos no para innovar bienes, sino para hacer negocios con el gobierno: obtener exclusividades, impedir competencia, lograr subsidios, tener impuestos preferenciales, lograr privilegios. Esto lo hacen empresas, sindicatos y grupos de presión.

Es un talento desperdiciado. En lugar de lograr innovaciones, obtiene privilegios.

Esta tercera vía suena bien en teoría y es atractiva como discurso electoral. La escuchamos ya en México en las campañas previas al 2012 y se presenta con variaciones que en común tienen la idea de que los candidatos remediarán las fallas del libre mercado, sin darse cuenta que ellos tienen muchas más fallas y errores.

En México tenemos un caso sectorial de la tercera vía con el monopolio estatal de petróleo. Usted puede comparar el desempeño de esa empresa con otros sectores dentro del país y con otras petroleras privadas.

Los resultados de esa comparación muestran lo que de antemano se sabe desde hace mucho tiempo.

No hay que armar tanto alboroto con esa tercera vía, que es más bien una vía de tercera.

Post Scriptum

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