Las palabras dirigidas a la juventud. Una colección de clisés que son engaños repetidos sin misericordia. Un discurso artificial que está lleno de lugares comunes y distorsiones malintencionadas.

Introducción

Fue insoportable escucharlo. No tanto por la duración. Fueron las ridículas frases, usadas y reusadas. Hicieron recordar tiempos idos.

Tiempos en los que escuché las mismas palabras dirigidas a la juventud sin sentido, vagas, carentes de significado y las que, en ese tiempo, eran como el sonido de la lluvia, conteniendo dosis homeopáticas de inteligencia.

El tema fue la juventud, el apelar a los jóvenes.

«Ustedes son el futuro del país… el porvenir es de ustedes… la juventud es el mañana promisorio… el éxito es de la juventud… el destino es de la sangre que renueva… estamos en sus manos».

No es la primera vez que se dicen estas palabras a la juventud.

Lo insufrible es que, mucho me temo, no será la última. Somos víctimas, en demasiadas ocasiones, de discursos tan llenos de frases hechas que resultan estar vacíos.

Y uno de los temas en los que eso es común, es el de la juventud. Se le habla a los jóvenes y, los adultos les dicen tonterías que son creídas más de lo que sería saludable.

Un caso real

Vayamos a Campeche, en México, para encontrar un caso clásico. La publicación (expresioncampeche.com, 30 noviembre 2012) de un texto de Alexis Andrei Herrera Aké, dirigente juvenil de Morena, la asociación de admiradores de López Obrador. Allí escribe ese joven,

«Dicen que los jóvenes somos el futuro de México y estoy completamente de acuerdo con esa idea, pero el futuro se construye desde hoy y si nosotros, los jóvenes, queremos tener una patria mejor es nuestra responsabilidad iniciar desde este momento la construcción de esa patria que queremos […] luchó y murió defendiendo las causas justas y dignas de su pueblo, Salvador Allende [quien dijo]: ‘Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica’».

Continúa ese con más palabras a la juventud,

«…hacemos un atento llamado a los jóvenes de nuestro estado, que no callemos, somos jóvenes y somos mexicanos y nuestra voz debe ser valorada, porque tenemos propuestas que dar para el beneficio de todos».

No es el único. Otro personaje, con ideas muy diferentes, dijo lo mismo en 1994. Diego Fernández de Cevallos aseguró que

«Para nosotros la juventud es el presente luminoso de México, toda la juventud es para mí, toda sin exclusión, sin distingo, sin excepción, es el futuro luminoso de mi patria».

Discusión

Los ejemplos anteriores bastan para ilustrar el fenómeno al que me refiero, el de la adoración irrestricta de la juventud, colocada en palabras vacías y discursos repetidos.

¿Es merecida esa adoración? No lo creo. Por supuesto, la frase es verdadera en cierto sentido inevitable. Los jóvenes de hoy serán los adultos del futuro y ellos estarán a cargo de lo que suceda. Igual que los niños de hoy serán los adultos del futuro.

Nada digno de adulación hay en esto. No significa que el futuro sea mejor, ni peor, que el presente.

Quien haya dicho a Cristina Kirchner de joven que ella era el futuro de Argentina tuvo razón, fue el futuro, pero no precisamente el mejor.

En resumen, decir que la juventud es el futuro es una verdad innegable. Los jóvenes de hoy serán sin remedio los adultos del futuro sustituyendo, por muerte, a los adultos de hoy. Ningún mérito hay en este proceso que es inevitable.

El punto importante es el tipo de futuro que se tendrá y en esto, la juventud presente no es ninguna garantía de que ese futuro será mejor. Puede ser peor.

Otra falla de la frase es notable. Me refiero a su colectivismo. Trata a la juventud como si quienes la forman sean todos iguales, y no lo son.

Dentro de ese segmento de edades tempranas hay una enorme variedad de personas: inteligentes, tontos, esforzados, perezosos, preparados, incapaces, perspicaces, inocentes. Reunirlos a todos como si fuesen uno y decir que son el futuro tiene que ser una de las frases menos afortunadas de estos tiempos.

Por ejemplo, el alcalde de Querétaro, Roberto Loyola Vera, aseguró que «los jóvenes son el futuro hecho presente…» Una variación incomprensible de palabras sobre la juventud, pero que demuestra su popularidad. La retórica mala gana al contenido y a la lógica.

Peor aún, la juventud está asociada con la inexperiencia, el desconocimiento, la ingenuidad. Eso la hace presa fácil del adulto taimado y bribón que la conquista con halagos y elogios.

Quizá sea que al final de cuentas, en estos tiempos de demasiada televisión y escaso seso, cualquier frase, por hueca que sea pasa por ser algo sabio y profundo. No es un buen futuro el que eso traerá.

Creo que mi punto es obvio: a la juventud se le dice, así en general, que ella es el futuro, implicando que ese futuro será maravilloso porque los jóvenes son maravillosos.

Ser joven, mucho me temo, no es garantía alguna de ser mejor que el resto y, sin embargo, es una costumbre arraigada hablar así, hasta el punto en el que los jóvenes mismos llegan a creer que son ellos algo como superhéroes.

Un discurso alternativo a los jóvenes

Si se me encargara decir unas palabras a la juventud, diría algo como esto:

«Buenas tardes, lo primero que quiero decir a ustedes, los jóvenes reunidos aquí, es que han oído mentiras. Lo segundo que quiero decirles es que agradezco a quien sea que organizó este evento el riesgo que está corriendo al dejarme hablar y decir que hace bastantes años escuché lo mismo que ustedes han escuchado.

«Que los jóvenes son el futuro del país, que la juventud es la esperanza del porvenir, que por ser jóvenes están dotados de cualidades especiales. Pues bien, todo eso es mentira.

«Las frases son viejas, repetidas, pero sobre todo, falsas. Cuando yo tenía su edad, las escuché y, siendo ingenuo las creí ciertas. Me hacían sentir bien. Creíamos que por ser jóvenes y solo por eso, remediaríamos todo lo malo que hay en el mundo y que los adultos habían producido.

«Todo eso son pamplinas. El futuro es de los inteligentes, de los innovadores, de los preparados y sí, de los que están muy por encima del promedio. Ser joven es garantía de nada. La edad de la juventud es irrelevante, lo que importa son palabras como el talento y saber usarlo con responsabilidad.

«Sí, con responsabilidad que es el saber aceptar las consecuencias de los actos propios, sin la protección de padres confundidos que, cuidando demasiado al hijo, producen criaturas que sienten tener derecho a todo y obligación de nada. Es lo que se llama madurez, no juventud. Se llama sensatez, no juventud.

«Tal vez tengan que desaprenderse mucho de lo que los adultos les han enseñado. Cosa como el creer que todas las opiniones son respetables e igualmente dignas. Como el creer que opinar no requiere saber del tema. O como el pensar que todo lo viejo debe ser ignorado, sin darse cuenta que lo viejo son los cimientos en los que estamos parados.

«O como eso que les han inculcado, el creer que todo es relativo y que no hay verdades absolutas. Y, por supuesto, el hacerles pensar que ser joven es una garantía de un futuro mejor. No son ustedes el futuro, excepto en el hecho de que los adultos moriremos antes. Pero el futuro de ustedes no tiene certeza de ser mejor que este presente.

«Solo unos pocos de ustedes serán triunfadores. No todos. Lo serán quienes sepan más, quienes innoven más, quienes razonen mejor y sí, quienes acepten que tienen responsabilidades, no solo derechos. Quienes sean independientes y autónomos, no quienes vendan su vida por el plato de lentejas que los gobiernos ofrecen.

«Ustedes serán exitosos en la medida que defiendan su libertad, no su libertinaje. Su responsabilidad, no su imprudencia. El éxito es una forma de vida libre, responsable y con sentido común. Más otra cualidad, la valentía de mantenerse firme ante los ataques de lo promedio, lo políticamente correcto y lo mediocre. Gracias por escucharme».

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Y algunas palabras más de juventud…

Debe verse para completar la idea:

El derecho a tener opiniones

Otras ideas relacionadas:

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Mitos y palabras escolares a la juventud

Por Leonardo Girondella Mora

Creo que es muy razonable decir que las ideas malas llevan a resultados malos —y lo hacen de manera consistente, pues solo una casualidad haría que llevaran a buenos resultados.

Una columna de Anthony de Jasay provee un ejemplo de esto al mostrar las ideas equivocadas que se enseñan en las escuelas. En esa columna, él hace referencia a la economía que en las escuelas es calificada como imparcial, pero que no lo es.

Concretamente tres ideas falsas, enseñadas a la juventud, son las que señala: la independencia de la distribución, la defensa del trabajador y la tesis de los derechos de propiedad.

La distribución

En los niveles de educación intermedia se enseña, dice él, que el capitalismo deja la distribución del ingreso a los caprichos del mercado —lo que sigue es sabido por todos: el capitalismo crea inequidad de ingreso, lo que no es socialmente justo y alguien debe intervenir para remediar la injusticia. Ese alguien es, por supuesto, el gobierno.

Eso es basura, dice el autor —y tiene razón porque proponer medidas redistributivas de ingreso supone que todo lo demás se mantiene igual en la sociedad intervenida de esa manera.

El error es craso y sin embargo, son palabras que se enseñan a la juventud con seriedad en salones de clase. Un sistema dinámico en el que se cambia una variable se comporta de manera diferente —cualquier ecuación en la que se modifica uno de sus valores da un resultado distinto.

Jasay dice que un ingreso nacional no es un sistema de irrigación en el que pueden cambiarse los flujos de agua de un lugar a otro —es decir, no pueden moverse los ingresos de unos grupos a otros sin consecuencias en todo el sistema.

Tiene razón: los ingresos son una variable de consideración, estímulos que mueven a las personas. Alterar los ingresos necesariamente cambiará los resultados finales y eso no se enseña.

No es cuestión de tener clases en las que se enseñe que el capitalismo es superior al intervencionismo estatal y a la planeación de la economía —pero sí es una cuestión de enseñar bien, mostrando que al cambiar una variable de tanta importancia los resultados finales serán diferentes, no los mismos, y que entonces, deben mostrarse los resultados de la intervención estatal que no serán iguales a los de un mercado libre.

Los trabajadores

La segunda mentira enseñada en los salones de clase es la de la necesidad de tener defensas para los trabajadores —los empleadores siempre tratarán de usar su poder para explotarlos: los patronos son malos y los trabajadores son víctimas.

Esta es otra excusa que justifica la intervención del gobierno para remediar el problema de explotación.

Por esta causa es que se legisla sobre los derechos de los trabajadores —como en México, donde la ley laboral que debería ser igual para todos, está sesgada en favor de los empleados.

Se crean disposiciones de salarios mínimos, jornada laboral, derechos de huelga, tiempo extra y, muy notablemente, sindicatos en extremo poderosos.

En conjunto con el mito anterior, el alumno es indoctrinado volviéndolo un patrocinador inconsciente del intervencionismo estatal que tiene la obligación moral de hacer justicia en la sociedad evitando los resultados de la libertad personal.

El tema ha sido tratado antes por Mises exponiendo la simpleza de una visión de caricatura de la realidad que los legisladores presuponen real.

La propiedad

El tercero de los mitos enseñados en clase se refiere a los derechos de propiedad —que son explicados como una invención social: es la sociedad la que ha conferido esos derechos de propiedad a los propietarios, es decir, el gobierno los otorga.

De nuevo surge el gobierno como un centro de vida, ahora permitiendo la propiedad, como lo hace la Constitución Mexicana.

La realidad es exactamente la opuesta —primero existieron los derechos de la persona y más tarde los gobiernos, quienes no los crean, sino que los reconocen teniendo la tarea de hacerlos respetar.

Palabras falsas a la juventud

Las tres mentiras que Jasay expone pueden colocarse juntas para sacar una conclusión adicional —un estudiante expuesto a los tres mitos terminará con una mentalidad distorsionada: tenderá a pensar que lo mejor que le puede pasar es que el gobierno intervenga para resolver sus problemas y esto a su vez es lo mejor que puede sucederle a un gobernante, que lo vean como el solucionador de cuanto problema se tiene.

Alguien educado de esa manera jamás pensará en otra posibilidad, pues según él, la mejor opción que tiene es ceder sus libertades para que el gobierno lo abrigue.

Cuando la mayoría en un país piense así, los partidarios del intervencionismo tendrán más probabilidades de ser elegidos, todo por causa de ese indoctrinamiento escolar. Jasay no es el único en notar este fenómeno de educación basada en falsedades que ayudan a crear ciudadanos dóciles al gobierno.

[La columna fue revisada en 2020-05]