Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vejez en Esa Juventud
Eduardo García Gaspar
11 octubre 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Si bien la nostalgia ya no es lo que era, como escribió Simone Signoret, estos sucesos evocan un poco al final los años sesenta.

Me refiero a las protestas callejeras en diversas partes del mundo. Eso que llaman “los indignados”.

No es nuevo. Ha habido antes cosas similares. Combinan, como en los sesenta, dos elementos.

Un descontento justificado, o posible de justificar bajo ciertos puntos de vista. Es claro que se tiene una situación económica mala, que afecta notablemente a los jóvenes y sus perspectivas de vida futura.

Un comentarista de radio, en México, con un noticiero muy popular, detectó correctamente este elemento y lo aplaudió. Tiene razón. Hay causas y motivos por lo que debe haber descontento y hasta indignación. Lo que sea que se ha hecho en la economía de muchas partes, ha sido mal hecho. Los resultados lo demuestran.

Pero ese comentarista y quizá muchos otros han olvidado un segundo elemento en esas protestas.

Su desorientación. Los manifestantes equivocan su análisis de los problemas que se tienen, también las soluciones que persiguen… y eso cuando consiguen articular sus ideas de manera comprensible. Lo que padecen, desafortunadamente, es de desorientación.

La desorientación de ese tipo suele analizar mal los problemas y proponer soluciones que los empeorarían. Simplifican las cosas bajo el esquema de encontrar culpables usuales, olvidando al principal responsable, y terminan sugiriendo hacer más de lo mismo que causó la mala situación.

En concreto, están terriblemente desencaminados: quieren dar aún más poder al gobierno.

En los finales de los años sesenta, en México, las manifestaciones en contra del gobierno tenían ese primer elemento: la justificada reprobación de un sistema represivo en una situación económica no favorable. Eso generaba simpatías.

Pero en el segundo elemento fallaban: eran propuestas vagas de solución y, desafortunadamente, también padecían de desorientación. Eso causaba inquietud.

Entonces, como ahora, el fondo del asunto es parecido. Es obvio que se tiene una situación económica con muy serios problemas y es claro para todos que esa situación daña la vida de la gente, especialmente de aquellos que están en su juventud. No puedo sino simpatizar con ellos, pero hasta allí.

Lo que me parece que vale una segunda opinión es ese otro elemento, el de la falla de su análisis.

Culpan, cuando pueden expresarlo, a los mercados libres, al liberalismo, al capitalismo, a las empresas, a la libertad económica. Y con ese mal análisis recomiendan solucionar la situación con más estatismo.

La realidad es exactamente la contraria. La responsabilidad de la situación económica es gubernamental y se necesita menos gobierno, no más.

El problema de deuda impagable es gubernamental, el problema de finanzas públicas con déficit gubernamental, la burbuja hipotecaria fue el relajamiento de requisitos por órdenes gubernamentales.

Es cierto que muchas instituciones financieras lograron beneficios por eso y que recibieron fondos de rescate y que no son precisamente muestras de conducta ejemplar. Fueron ellos cómplices, pero él líder de la pandilla fue el gobierno de cada país.

Y es así que se presenta un panorama de tormenta casi perfecta: malas políticas económicas, deuda exhorbitante, crisis financieras, déficits, desempleo mayor entre jóvenes y en general eso que llamamos crisis.

A todo eso se le añade un elemento explosivo, protestas callejeras con propuestas basadas en un mal análisis de causas de la crisis.

La mezcla es peligrosa.

En un ambiente alterado por malas políticas económicas se presenta un movimiento que tienen rasgos agresivos y que, lo peor, equivoca el análisis de las causas de la crisis. Fallan al detectar al principal culpable y proponen exactamente lo opuesto a lo deseable. Eso llama la atención.

Si la mayoría de los indignados son jóvenes. De ellos se esperaría originalidad, nuevas ideas, innovación y cambio. Pero, con gran sorpresa, ellos actúan en contra, sin originalidad, como si fueran viejos anquilosados y fósiles, contaminados por intereses corporativistas.

No hay en ellos rebeldía ni amor por la libertad. Más bien, hay deseos de servir al gran poder del que quieren depender.

Son jóvenes en edad, pero actúan como viejos sin pensar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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