Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Víctima Incongruente
Eduardo García Gaspar
30 septiembre 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una impresión general, un tanto subjetiva, pero creo que razonable. En México, como en muchos otros lugares, estamos acostumbrados a tener gobiernos malos.

Han sido décadas de gobiernos que varían entre mediocres y malos, casi sin excepciones. Si se le pregunta al ciudadano, las instituciones menos confiables son las del gobierno.

Pero al mismo tiempo hay algo que desafía toda lógica. Es una incongruencia mayúscula.

En México, como en otros muchos lugares, se tiende a pensar que el gobierno debe hacerse cargo de los asuntos de mayor importancia nacional, como por ejemplo, el petróleo y la educación. Es quizá patológico, pero de seguro fascinante.

Pongamos esto de forma más clara.

Piense usted que está hablando con su compadre y que usted le pregunta que opina él del gobierno. Le responde que es malo, que los legisladores no trabajan, que los jueces son corruptos, que los políticos roban, que los servicios públicos con malos. Eso es lo que su compadre piensa.

Cinco minutos después, usted le hace otra pregunta al mismo compadre. Le pregunta sobre quién debe hacerse cargo de la educación en el país, del seguro social, de las pensiones y demás. Con toda probabilidad, él responderá que el gobierno debe encargarse de todas esas cosas.

Y, es entonces que usted le dirá que no es congruente, que si piensa que el gobierno es malo no puede ser bueno que se encargue de esas cosas.

Un amigo lo expresa de otra manera. Una persona sabe que un cierto médico es malo, que se equivoca en los diagnósticos, que cobra muy caro, que receta medicinas erróneas, que sus pacientes no se curan… y sin embargo, al enfermarse decide ir con ese doctor. No tiene sentido hacerlo. Es ilógico.

Pero los seres humanos a pesar de tener el don de la razón, no necesariamente la aplicamos siempre. Y ese es uno de esos casos: querer que se encargue del petróleo la institución de la que pensamos tan mal es un bobada.

Pero sucede, por lo que merece una segunda opinión intentar encontrar una explicación de tal absurdo.

Parece razonable explicar la incongruencia apuntando que muchas personas en muchos lugares tienen un marco mental limitado, una forma de pensar demasiado estrecha. Me refiero a la tendencia de creer en el gobierno como el eje de la vida. Si antes era lógico que alrededor de la tierra girara el sol, ahora es lógico que las personas giremos alrededor del gobierno.

Hemos desechado al geocentrismo, pero seguimos padeciendo al estatocentrismo. Consiste en pensar en una sola dimensión, la gubernamental: si nos damos cuenta de que existe un problema, por ejemplo de obesidad, la reacción inmediata es la de opinar que debe ser solucionada por el gobierno.

Y así con todo, resultando que el gobierno se haga responsable del desempleo, de la medicina, de la educación, de todo. No pasa por la mente que tal vez sea una mala idea, que quizá existan otras soluciones posibles.

Es una cerrazón mental, similar a la del que tiene un martillo como única herramienta y por eso, por todas partes ve clavos.

En este caso, el único remedio considerado es el gobierno, que se propone como solución universal de todo problema, como el medio para la felicidad total. Es este modo de pensar el que lleva a la incongruencia que apunto.

Lo dramático del caso al final de cuentas no es la incongruencia en sí misma, sino la frecuencia con la que aparece en la ciudadanía. Recuerdo un caso de hace años: entrevistado, un campesino que quejaba de haber sido ignorado por el gobierno durante décadas y, sin embargo, seguía buscando en el gobierno la solución a sus problemas. Nunca se le ocurrió que él podía hacer algo por sí mismo.

Otro caso más reciente, el de una mujer que entrevistada, durante la alarma de la influenza, se lamentaba de que el gobierno no repartía boquillas de protección para boca y nariz, lo que le impedía salir a la calle. No pensó siquiera en ponerse un pañuelo suyo en la cara. Esto es a lo que me refiero y es como una locura ciudadana.

O peor aún, es como el síndrome de Estocolmo: el prisionero termina por amar a su raptor. Es este caso, el ciudadano es maltratado por el gobierno y, lejos de hacer lo natural, el ciudadano quiere seguir estando bajo el dominio estatal. No sé usted, pero yo no lo entiendo, ni creo que lo podré hacer.

Post Scriptum

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Un caso reciente en México muestra este deseo de depender absurdamente de la institución en la que no se confía. Quienes apoyan el aborto y quienes lo repueban han buscado el apoyo de los legisladores en su favor para que ellos determinen el momento en el que empieza la vida. Permiten que el gobierno defina eso no porque lo que sea que se determine legalmente sea verdad, sino porque el gobierno posee la fuerza para implantarlo.

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