Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vivir Para Vivir
Leonardo Girondella Mora
13 enero 2011
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es razonable suponer que las creencias personales afectan la conducta personal —las ideas que se tienen influyen en las acciones que se realizan.

De lo que puede concluirse que las creencias religiosas tienen intervienen en lo que la persona hace.

Tomo lo anterior como una realidad y a continuación exploro una argumentación concreta acerca de la influencia que tiene en la conducta personal la creencia en una vida futura posterior a la muerte física.

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Algunas religiones creen en una vida posterior a la muerte del cuerpo —una vida eterna en la que se castigan o premian las acciones de la persona en su vida actual. Es natural que esta creencia altere los actos que la persona realiza en su vida presente.

Lo anterior permite dos especulaciones sobre la conducta terrenal de quien tiene esa creencia, que es el objeto específico de esta columna.

Primera especulación

Es la que hace S. Landsburg y otros, indicando que quien cree en una gloriosa vida futura después de la muerte tienen menor miedo a morir y que, por eso, “invierten menos recursos en su autopreservación”.

Por ejemplo, esas personas podrían gastar menos en tratamientos médicos que quienes tienen la creencia opuesta, o usar menor alarmas de incendio, o en general, atender menos su vida presente. Más aún, estas personas estarían muy dispuestas a morir por su religión como mártires y, se alega, eso sucede muy poco.

Esta primera especulación alega que hay pocas diferencias de conductas reales que muestren realmente una fuerte creencia en la vida futura —de lo que puede concluirse que esa creencia es débil, que la gente en realidad no la tiene.

Segunda especulación

Podría alegarse lo opuesto y sostener que el creer en la vida futura eterna posterior a la muerte terrenal sí tiene un efecto en las acciones presentes y que ese efecto es más complejo que lo sostenido en la primera especulación.

Esa primera especulación sostiene que quien cree en la vida futura, por ejemplo, tendría conductas congruentes con su creencia, como gastar menos en atención médica, o comprar autos con menos sistemas de protección. La simpleza es engañosa.

Quien cree en la vida futura la valúa más que la vida presente, pero eso no implica que la descuide necesariamente —después de todo, esta vida terrenal es el medio para alcanzar la vida futura. Descuidar la vida presente equivale a descuidar un regalo de Dios y eso no ayudaría a alcanzar la vida futura.

Mi objetivo es apuntar la simpleza falsa que existe en razonar concluyendo que quien cree en la vida futura necesariamente va a realizar actos que menosprecien visiblemente la vida actual. No necesariamente y, en realidad, puede ser al contrario: quien valúe a su vida terrenal como un don de Dios tiene una idea que la hará cuidar su vida, no despreciarla.

La primera especulación, la simple, supondría que quien crea en la vida futura estaría dispuesto a morir por causas religiosas de inmediato —algo que podría llamarse martirio, dar la vida presente por su religión. Y, ya que existen pocos casos de martirio, se concluye, la creencia en la vida futura es débil o inexistente.

La cosa es más complicada: las situaciones extremas en las que se debe decidirse entre la vida actual y la muerte para llegar a una vida futura, son mucho más la excepción que la regla —lo que hace absurdo esperar que esas situaciones extremas y raras fijen la regla general.

Hay muchas otras acciones posibles que pueden usarse como indicativas de la creencia en la vida futura como la bondad consistente en las acciones de personas religiosas —sus obras de caridad, por ejemplo, o sus acciones misioneras.

Es erróneo presuponer que la creencia en la vida futura sólo puede ser demostrada por medio del desprecio total y la renuncia a la vida actual, en situaciones extremas y excepcionales. Es posible, realista y común, que el aprecio por la vida futura se demuestre con el aprecio por la vida presente.

Si realmente la creencia en la vida futura se mostrara sólo por medio del desprecio de la vida terrenal, eso haría incongruente el realizar obras de ayuda a los pobres —sería más lógico el abandonar a los pobres a su destino sin ayudarles y dejar que mueran. Esto es justo lo opuesto de lo que haría un creyente en la vida futura.

Mi objetivo fue mostrar una instancia de cómo las creencias influyen en la vida personal y cómo las interpretaciones simplistas pueden conducir a conclusiones opuestas a todo sentido.

Addendum

La primera especulación, está basada en lo escrito por Landsburg, S. E. (2010). The Big Questions: Tackling the Problems of Philosophy with Ideas from Mathematics, Economics, and Physics. Free Press.

Hay más ideas sobre estas cuestiones en ContraPeso.info: Fe.

Insisto en el punto de que las ideas tienen consecuencias en la conducta personal y, mas aún, esas consecuencias no son simples.

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