Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Y es el Mismo Idioma
Leonardo Girondella Mora
7 marzo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Análisis
Catalogado en:


Uno de los temas recientes en las noticias se ha referido a la idea general de “hablar bien de México” —puede imaginarse que se trata con esto de balancear las terribles noticias del país, especialmente las relacionadas con la criminalidad.

Incluso se ha hecho una campaña, la de “Habla bien de Acapulco”, con un objetivo que pienso es el mismo: intentar combatir la realidad de una ciudad que sufre una alta criminalidad.

La idea de “hablar” se refiere al uso del lenguaje, el que se propone debe ser empleado para dar nueva forma a la realidad que no conviene.

Puede que se trata de buscar un balance de lo bueno con lo malo y no tendría problema hacerlo, pero intentar cambiar la percepción de la realidad por medio del lenguaje es un intento cuestionable.

Vienen a la mente esos ejemplos conocidos de cambiar o distorsionar la percepción de la realidad:

  • Ciego modificado a invidente.
  • Negro, a persona de color.
  • Pérdidas, a utilidades o beneficios negativos.
  • Inválidos, a personas con capacidades especiales o diferentes.
  • Fracaso, a éxito pospuesto
  • Esposo, a compañero
  • Prostituta, a sexoservidora.
  • Pillo, a éticamente desorientado.
  • Opinión propia, a mi verdad

En el fondo estas cosas son un asunto de insinceridad, como lo definió G. Orwell. Un asunto de hipocresía —usar palabras y frases para ocultar la realidad y hacer que otros perciban como real lo que es falso.

Recientemente, el PRD en México, ha pasado por una nueva crisis de defecciones internas. Una crisis sin duda, que fue descrita de la manera siguiente por una columnista. Otro ejemplo de distorsión de la realidad:

[...] quienes se frotan las manos creyendo que la decisión de Andrés Manuel López Obrador es el anuncio de la debacle del partido y de la izquierda, se equivocan [...]

En el PRD hay un debate intenso y constante respecto a las definiciones que debemos tomar [...] En nuestro partido esa discusión ocurre de manera transparente, pública y directa [...] se debate de manera apasionada, porque cada uno defendemos nuestras ideas y queremos convencer a nuestros compañeros –nunca enemigos- [...] Ahora vivimos uno de esos momentos de debate intenso, en donde cada uno adopta sus propias definiciones en función de sus convicciones y su proyecto. (Alejandra Barrales, El Universal, 22 febrero 2011)

No es posible saber si la autora cree lo que escribe, o sólo quiere dar una imagen que sabe que es falsa. El punto, sin embargo, se ve claro: la realidad de una renuncia crítica de una persona clave en un partido se ha modificado —ahora se llama debate apasionado, intenso, trasparente.

Usando otra expresión de Orwell, esto es como intentar anestesiar partes de la mente —como tratar de borrar la frontera entre la ficción y la realidad. Eso tiene un nombre, se llama mentir, una palabra muy directa y conocida que puede sustituirse por una expresión más cómoda, la de una “distorsión selectiva de la realidad”.

¿Cómo puede serse insincero y al mismo tiempo dar una apariencia inteligente? Orwell da un ejemplo extraordinario, la traducción de un pasaje del Eclesiastés (8, 11) a lenguaje moderno.

El original dice así,

Además, yo vi otra cosa bajo el sol: la carrera no la gana el más veloz, ni el más fuerte triunfa en el combate; el pan no pertenece al más sabio, ni la riqueza al más inteligente, ni es favorecido el más capaz, porque en todo interviene el tiempo y el azar.

En lenguaje de estos tiempos, se diría lo siguiente:

Consideraciones objetivas de fenómenos contemporáneos llevan a la conclusión inevitable de que el éxito o fracaso en actividades de naturaleza competitiva exhiben una tendencias no lineal entre esas posibilidades y la capacidad innata, sino la necesidad de integrar un elemento considerable de impredicibilidad que debe ser considerado explícitamente (traducción libre mía)

Es claramente una parodia, pero una que tiene cimientos.

Un ejemplo adicional que reta a cualquiera para saber qué en realidad se quiso decir:

Todo proceso democrático configura un tránsito permanente hacia etapas superiores de convivencia social armónica. Los inéditos derroteros de la ciencia y de la tecnología —así como el correspondiente empeño igualitario emanado de la creación jurídica civilizadora— generan nuevos adelantos, no siempre mensurables con facilidad, cuyos rendimientos permiten columbrar los grados alcanzados por nuestro desarrollo humano y, al mismo tiempo, exigen metas liberadoras más altas…

El ciudadano puede ejercer una cantidad escalonada de libertades y derechos pero, igual, es sujeto de inevitables imputaciones normativas y titular de responsabilidades productoras de cohesión social. La garantía de esa cohesión es el despliegue de tolerancia —social y política, étnica y religiosa— de todos hacia todos. Su mayor fuerza es el relativismo modernizador capaz de llevarnos con certidumbre a un siglo XXI mexicano caracterizado por sus alentadores desafíos, pero, también, por sus trágicos rezagos sociales. (Rodolfo Echeverria Ruiz El Universal, 21 enero 2011)

Existe, por tanto, en partes del lenguaje moderno un fuerte apego a la insinceridad y al disimulo —las palabras llanas y simples, que todos entienden, han sido sustituidas por las afectadas y fingidas.

Es un hecho singular —porque hablando todos el mismo idioma es tan difícil entenderse como si se hablaran idiomas distintos.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje.

El texto de G. Orwell sobre el idioma está en Politics and the English Language.

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