Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Y mi Cerveza?
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2011
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Todo empezó con una frase: “si la salud es un derecho, me imagino que también debemos tener derecho a un suéter, a una casa o a una cerveza”. Es cierto (la frase es de una de las personas más razonables que conozco).

Y, peor aún, es una costumbre terrible de nuestros días el transformar los reclamos en derechos humanos.

Un ejemplo de esto: el secretario de salud en México ha hablado varias veces del derecho a la salud. No es él único. Muchos, realmente muchos hablan del derecho a la salud.

El problema es que ese derecho es vago. Puede interpretarse de maneras muy distintas. Una de ellas es curiosa.

Puede entenderse, primero, como un derecho que violan los virus, las bacterias y las enfermedades. Por ejemplo, una gripe sería una violación al derecho a la salud. O un sarampión.

La apendicitis que me atacó hace ya muchos años, habría sido ocasión para un juicio de violación de derechos humanos. Es tonto, pero es una interpretación posible.

Otra forma, la segunda, de entender el derecho a la salud es más razonable, la de dejar libre a la persona para que ella decida atenderse médicamente. Representa a otros la obligación de no impedir que terceros reciban atención médica.

Por ejemplo, algo muy simple, el dejar derecho de paso a las ambulancias médicas. O el no impedir que un enfermo entre al hospital en el que será atendido.

La anterior es una manera de entender el derecho a la salud imponiendo obligaciones negativas en los demás: no estorben ni impidan lo que tenga que ver con la libertad de otros para usar y ofrecer servicios de salud. No es complicado de entender.

Pero hay otra manera, la tercera, de entender el derecho a la salud.

Esta manera es curiosa y funciona así: digamos que su vecino se enferma y requiere una operación de riñón, entonces el vecino va casa por casa, con una pistola, obligando a la gente a darle el dinero que necesita para la operación.

Su alegato es sencillo, él tiene derecho a la salud y eso significa que el resto tiene obligación activa de ayudarlo.

No es exagerado eso, pero en la realidad no es su vecino el que va casa por casa con un arma pidiendo una cooperación. El que hace eso es el gobierno que, por medio de los impuestos, cobra a cada casa una cantidad que se usa, entre otras cosas, para esa tercera manera de interpretar el derecho a la salud.

Si lo hace su vecino, sería llamado robo y, curiosamente, cuando eso mismo hace el gobierno, se le llama labor social. No hay diferencia, excepto la del nombre.

Todo nace de una idea distorsionada, la de convertir en derechos a los reclamos. Me explico con la frase que fue el punto de partida de esa columna, “si la salud es un derecho, me imagino que también debemos tener derecho a un suéter, a una casa o a una cerveza”.

Tenemos, por supuesto, derecho a una cerveza. Esto quiere decir que los demás tienen la obligación de no impedir que yo tome una o más. Pero no significa que los demás tienen la obligación de pagar por las cervezas que tomo.

Son dos cosas muy distintas. Usted tiene derecho a poseer una casa, pero no derecho a hacer que los demás compren una para usted.

Esa es la gran diferencia. Usted tiene el derecho a usar servicios médicos y eso significa que yo tengo la obligación de no impedírselo. Pero su derecho a la salud, no significa que yo ni nadie tengamos la obligación de pagarle la consulta con el médico, ni su operación.

Convertir a los derechos en reclamos a terceros es una distorsión que tiene un efecto considerable.

Tomados como derechos, los reclamos tienen la consecuencia de elevar la intervención estatal. Si mi derecho a tener libros se convierte en un derecho que obliga activamente a otros, el único que puede implantarlos es el gobierno: le quitará dinero a usted para darme libros a mí (y que seguramente no coincidirán con los que yo querría).

Esta es una mala transformación de los derechos humanos: se convierten en una lista de reclamos que sólo pueden ser realizados por el gobierno violando derechos superiores.

El derecho a la salud de quien sea no justifica que se viole el derecho de propiedad de terceros, que es lo que hace un gobierno cuando, como en el caso mexicano, establece el Seguro Popular.

No sólo viola derechos de terceros, también adquiere obligaciones sin límite (esas que conducen a crisis de deuda estatal, como las actuales).

Y si la caridad es la excusa, hay que recordar que ella no se hace por medios estatales.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso.info: Lista de Derechos, donde en las columnas se explica la conversión de los derechos humanos en una lista creciente de reclamos. Tantos que han llegado ser clasificados en primera, segunda, tercera generaciones.

Esta transformación de reclamos en derechos que son exigidos a otros no sólo es fallida en su sustento, también tiene el efecto de crear crisis de deuda soberana: los gobiernos necesitan endeudarse más allá de sus capacidades para cumplir con esos reclamos.

Una buena explicación de la indebida transformación de los derechos humanos es la de H. Hazlitt.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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