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• La primera lectura (Génesis 9, 8-15) de este domingo contiene la idea de una alianza establecida por
Sigue, “Esta es la señal de la alianza que establezco para siempre con ustedes y con todos los seres vivos que los han acompañado: pondré mi arco en las nubes; ésa será la señal de mi alianza con ustedes y con todos los vivientes de la tierra”. Necesaria consecuencia de esas palabras divinas es la de idea de que nuestro Creador no es indiferente a sus criaturas, al contrario. Nos da su alianza y promete que siempre estará con nosotros. Y por esa alianza, por esa cercanía de Dios, es que tiene sentido el texto del salmo responsorial, en el que pedimos “Muéstrame, Señor, tus caminos”. No podríamos elevar esa oración ante un dios que se haya olvidado de nosotros. Dice el salmo también,
Sin esa alianza prometida por Dios, nuestras oraciones no tendrían sentido, pues pasarían ignoradas.
• El evangelio de este domingo (Marcos 1, 12-15), por su parte, narra que,
Por si hubiera dudas de la alianza, es ahora Dios mismo, Jesucristo quien llega a nosotros en forma humana y nos muestra el ejemplo de lo que debemos ser. Pasa Jesús por las circunstancias mismas de los humanos en nuestras debilidades y tentaciones y como parte de su alianza nos vuelve a llamar diciendo, “el reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio”. Otra manifestación de su alianza, de su amor por nosotros, de su gran cercanía.
• La segunda lectura (I Pedro 3, 18-22) vuelve al tema del diluvio y nos lo hace entender como un símbolo del bautismo salvador. Dice el apóstol,
Y añade que, “Aquello anunciaba anticipadamente el bautismo que ahora los salva y que no consiste en limpiar la suciedad corporal, sino en implorar de Dios una conciencia limpia en virtud de la resurrección de Cristo…”
• Colocando a las tres lecturas juntas es posible entender a Dios, primeramente, como cercano a nosotros, tan cercano y tan lleno de amor, que aún después de manifestar su alianza después del diluvio viene a nosotros en Jesucristo a renovar la alianza y llamarnos de nuevo a la conversión, a creer en la buena nueva. Tanto la primera lectura como el evangelio pueden ser vistos como llamados de Dios a nosotros. Una es una promesa de alianza y el otro una invitación a seguirle. Son dos elementos que nos hacen entender a Dios como un ser amoroso, preocupado por nosotros y que está entre nosotros siempre. Dejándonos libres, nos pide que por voluntad propia nos acerquemos a él. La decisión es nuestra.
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Dios. El texto no da las palabras de Dios,








