Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
2 Domingo Pascua (2012)
Textos de un Laico
13 abril 2012
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La lectura del evangelio (Juan 20, 19-31) contiene dos ideas centrales.Duda de Santo Tomás

Primero, la Jesús, en medio de los apóstoles reunidos a puerta cerrada. “Jesús se presentó en miedo de ellos y les dijo: ‘La paz esté con ustedes’”.

La imaginación nos ayuda a ver la situación. Con miedo, encerrados, los apóstoles se reúnen y repentinamente Jesús aparece saludándoles con insistencia.

Seguramente les costó mucho trabajo creer lo que veían.

“Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ‘La paz esté con ustedes’”.

Y añadió: “‘Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes’. Sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá’”.

Jesús delega en ellos deberes. Él ha sido enviado por el Padre y a su vez, Él los envía a ellos, dejándoles al Espíritu Santo.

El segundo elemento es la famosa historia de Tomas, el incrédulo. Tiene que ver para creer.

“Ocho días después, se encontraba de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz esté con ustedes’.

Después dijo a Tomás: ‘Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente’. Tomás contestó: ‘¡Señor mío y Dios mío!’. Jesús le dijo: ‘¿Has creído porque me has visto? Dichosos los que han creído sin haber visto’”.

 

• La segunda lectura (1Juan 5,1-6) redondea la idea haciéndonos ver que “Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo”.

Dice el apóstol en su carta, “Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él… .¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”

Es una cuestión de creer en Él y nada para decirlo como las palabras de Tomás, “¡Señor mío y Dios mío!”

Con sólo pronunciar esas palabras desde nuestro interior, eso basta para manifestar que efectivamente creemos en Dios, venciendo a lo que nos distrae quizá dominándonos.

El creer es lo que nos lleva a amar a Dios y si le amamos, entonces podemos entender mejor lo que dice la primera lectura.

 

• Esa primera lectura (Hechos 4, 32-35) dice que,

“En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo, y nadie considera como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas. Por su parte, los apóstoles daban testimonio con mucha fortaleza de la resurrección de Jesús, y todos gozaban de gran estima. No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían bienes o casas los vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad”.

Vemos así la consecuencia lógica del creer que nos lleva a Dios y que nos hace amarle y si le amamos, entonces cambiaremos nuestra vida, amando a los demás, viviendo para ellos.

Es como una cascada de amor que inicia con esas palabras, “¡Señor mío y Dios mío!”

Y si lo hacemos, cantaremos las palabras del salmo el día que lo hagamos, “Este es el día en que actuó el Señor, festejemos y alegrémonos en él”.

 

• Poniendo las lecturas juntas podemos pensar en nuestra propia situación. Estamos encerrados, distraídos con nuestros propios quehaceres, tal vez tengamos miedo. Quizá, como los apóstoles, estemos encerrados y, peor aún, no queramos ver.

Incluso no queriendo ver, sabemos en nuestro interior que tenemos junto a nosotros a Jesucristo diciéndonos “La paz esté contigo”. Esto es literal, real, cierto.

Podemos tener la absoluta y total certeza de que sí está junto a nosotros y de que por eso, todo lo que nos falta hacer es responder con, “¡Señor mío y Dios mío!” desde nuestro más profundo interior. Es como devolverle el saludo que nos hace a cada instante.

Y una vez que devolvamos el saludo, el torrente de amor llegará a nosotros, con tal fuerza e intensidad que todo en nosotros cambiará. Abriremos las puertas, ya no tendremos temor, todo será diferente.

Las cosas serán nuevas para nosotros. Con nosotros estará el Espíritu Santo. Podremos vencer al mundo.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comunes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.





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