Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
5 Domingo Ordinario (2012)
Textos de un Laico
3 febrero 2012
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Job 7, 1-4.6-7) contiene las palabras de Job, quien se lamenta.Duda de Santo Tomás

“La vida del hombre sobre la tierra es como vida de soldado, y sus días, como los de un jornalero; como esclavo, suspira por la sombra, como jornalero, espera su salario. Meses de desengaño me han llegado, y noches de sufrimiento me han tocado”.

El lamento continúa:

“Al acostarme digo: ‘¿Cuándo será de día?’. La noche se me hace interminable y las pesadillas no me abandonan hasta el amanecer. Mis días corren más rápido que la aguja, se han acabado al terminarse el hilo. Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la felicidad”.

Este gemido describe sin duda nuestros propios sentimientos y los de muchos otros en momentos de desesperación, es decir, en situaciones en las que nos perdemos y no podemos encontrar las razones de lo que nos acontece.

No podemos, ante esto, sino identificarnos con el texto y lo que nos describe. Es un hombre que necesita consuelo y sentido de su situación. Nosotros mismos hemos pasado por situaciones similares, de desesperanza, cuando el consuelo nos urge.

 

• El evangelio de hoy (Marcos 1, 29-3) narra la ida de Jesús con Santiago y Juan a casa de Simón y de Andrés, pues “La suegra de Simón estaba en cama con fiebre”.

Jesús, “se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirles”.

Más tarde, dice el evangelista, “La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a muchos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era”.

Todos lo buscaban. A lo que les contestó, “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido”.

Todos lo buscaban, dice Marcos. Y Jesús responde, “para esto he venido”.

Para personas como Job, personas que sufren males, que padecen, que necesitan consuelo. Dios nos hace en estas lecturas entenderle como un refugio a la situación de nuestras vidas. Alguien a quien debemos buscar para nuestro bien, como el real liberador nuestro. El consuelo que buscamos.

 

• La segunda lectura (I Corintios 9, 16-19.22-23), nos da las palabras de San Pablo que añaden un elemento adicional.

Habla él de su labor, diciendo que

“Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no anunciara el Evangelio! Merecería recompensa si hiciera esto por propia iniciativa, pero si cumplo con una misión que otro me ha confiado ¿dónde está mi recompensa? Está en que, anunciando el Evangelio, lo hago gratuitamente, no haciendo valer mis derechos por la evangelización…Y todo esto lo hago por el Evangelio, del cual espero participar”.

Pablo agrega un algo más a lo dicho antes sobre el desconsuelo y el auxilio de jesús. Se coloca Pablo como responsable de un deber, de una obligación que le ha sido encargada: debe él anunciar el evangelio.

Muestra así el deber nuestro de hacer lo mismo, pues ser cristiano no es sólo buscar ese consuelo de Jesús, sino tratar de darlo a los demás en su nombre. Establece una obligación en nosotros, la de actuar como agentes que a nombre de Jesucristo ayudan a consolar a otros.

No podemos vernos sólo como Job que en una terrible situación busca a Dios. Vernos también como portadores del consuelo que por nuestra vía envía Jesús a otros.

 

• Reuniendo a las tres lecturas, puede verse el desconsuelo humano y el papel de Dios mismo como ése en quien está el consuelo, el real consuelo.

Y no sólo eso, sino también, nuestro papel de dar ese consuelo a quienes lo necesitan.

La lectura de Job y su lamento recuerda situaciones actuales de abatimiento y desánimo, y lo que hacemos para remediarlo. Abundan las respuestas. Medicinas, tratamientos, especialistas, lo que se nos ocurra, hasta religiones ligeras, rehabilitaciones, terapias.

Queremos tratar nuestras aflicciones de muchas maneras, olvidando que la mejor manera es el mensaje de Jesucristo. El único que da sentido y dirección a nuestra vida. Donde están los caminos que buscamos, el consuelo que anhelamos, la verdad que buscamos.

Si el laicismo es la separación conveniente de las jerarquías religiosas y las del gobierno, esa misma separación no es conveniente en nuestras vidas personales. No es posible separar sin graves consecuencias nuestra existencia de la de Dios.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comunes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.





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