Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
7 Domingo Ordinario (2012)
Textos de un Laico
17 febrero 2012
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• La primera lectura (Isaías 43, 18-19.21-22.24b-25) inicia la continuación del tema del domingo anterior, Duda de Santo Tomásel perdón de los pecados.

En el Antiguo Testamento, el leproso era separado del resto, pero en el Nuevo Testamento, él es sanado e integrado a la vida normal.

La lectura hace referencia a ese cambio, cuando en ella se afirma que el Señor dice,

“No recuerden las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas. Miren, voy a realizar algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan? Trazaré un camino en el desierto, rutas en la llanura”.

Y más concretamente dice, “Soy yo, y sólo yo, quien por mi cuenta borro tus delitos y dejo de recordar tus pecados”.

Es Dios quien puede borrar nuestras faltas, quien nos pone en ese algo nuevo; es quien, en pocas palabras, nos salva.

El salmo responsorial de este domingo sigue con esa idea, al decir, “Sáname, Señor, pues he pecado contra ti… Yo dije: ‘Señor, ten piedad de mí, sáname, porque he pecado contra ti’”.

 

• La narración del evangelio (Marcos 2, 1-12) es una continuación lógica. Jesús perdona nuestras faltas, lo que ilustra en un pasaje memorable.

En una congregación de muchas personas, un paralítico es llevado por cuatro personas que pasan dificultades para llegar hasta Jesús.

Podemos imaginar a esos cuatro pensando cómo llegar en medio de tantas personas, hasta que deciden descolgar al enfermo por un boquete en el tejado. Es clara la fe que ellos muestran con esa acción.

Y esa fe es la que mueve a Jesús a decirle al paralítico, “Hijo, tus pecados te son perdonados”.

Ante eso, algunos piensan para sí, “¿Cómo se atreve a decir eso? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?”, lo que no pasa desapercibido a Jesús.

Y por ello, les habla diciendo,

“¿Por qué están pensando eso en su interior? ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, toma tu camilla y camina? Pues ahora sabrán que el Hijo de Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados”.

Acto seguido, cuenta Marcos, Jesús

“se dirigió al paralítico y le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. El paralítico se puso en pie, tomó en seguida la camilla y salió a la vista de todos de modo que todos se quedaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo: ‘¡Jamás habíamos visto una cosa semejante!’”.

 

• San Pablo, en la segunda lectura, (II Corintios 1, 18-22) redondea la idea, con otras palabras.

Dice el apóstol que “… tampoco Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo les hemos anunciado, ha sido un sí y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él”.

Todo Jesús es un ‘sí’.

 

• Colocando a las tres lecturas juntas es fácil ver la continuación del tema del perdón de los pecados, que el domingo pasado se estableció con la curación del leproso.

Ahora las lecturas insisten: Jesús es eso que Isaías deja ver con bellas palabras, “No recuerden las cosas pasadas… Miren, voy a realizar algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?…”

Es el que hace nuevas las cosas y por eso es posible lo que el paralítico intenta.

Jesucristo es el perdón y por eso, nuestra salvación, es el ‘sí’ del que habla San Pablo. Pero a ese elemento de las lecturas hay que añadir otros, muy bien ilustrado en la conducta del paralítico y sus ayudantes.

No les detuvo nada. Fueron tercos e insistentes. No pudieron llegar a Jesús por los caminos normales y por eso buscaron un hueco, un agujero, una apertura, para estar junto a Jesús.

Ésa es una imagen poderosa y necesariamente nos hace pensar en que podemos nosotros hacer lo mismo: encontrar una apertura en nuestras vidas para llegar a Jesucristo.

Y sin duda ése el llamado que Jesús mismo nos hace este domingo, el de buscarle con empecinamiento y porfía, hasta con testarudez y obstinación. Si al paralítico y sus compañeros no los detuvieron los obstáculos de la gran multitud, tampoco a nosotros nos debe detener la multitud de asuntos personales que a diario nos colman.

Porque tal vez sea esa enorme cantidad de asuntos cotidianos que nos rodean el equivalente de la multitud sobre la que pasó el paralítico. Lo elevaron sus compañeros y encontraron un resquicio por el que meterlo, que es esa apertura que en nuestra vida debemos buscar.

También nosotros debemos elevarnos, pasar por encima de las ocupaciones diarias para acudir a su llamado, al ‘sí’ de Jesús, a pesar de esa parálisis que los asuntos del diario nos producen.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comunes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.





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