Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aborto: Origen de la Discusión
Leonardo Girondella Mora
23 marzo 2012
Sección: EDUCACION, ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Los embrollos de desacuerdos en creencias vitales tienen buena parte de su origen en dos diferentes creencias acerca de lo que es posible saber.

Las discusiones ásperas acerca del aborto, por ejemplo, pueden explicarse en su origen partiendo de dos distintas formas de ver el mundo.

En lo que sigue intento explorar algunas diferencias de opinión sobre el aborto partiendo de dos maneras de pensar —el empiricismo y el racionalismo. Defino brevemente las dos.

• El empiricismo sostiene que todo el conocimiento tiene su punto de partida en la experiencia se los sentidos. Los sentidos son los que capturan los datos de la realidad y que a partir de esa información se desarrollan opiniones, valores, creencias.

De acuerdo con el empiricismo, por tanto, una persona sin sentidos tiene una incapacidad total de percibir la realidad —y, por eso, también, carecería de todo conocimiento.

• El racionalismo tiene otro punto de partida para el conocimiento, no los sentidos, sino la razón misma. La razón contiene principios, categorías, que organizan las percepciones y permiten lograr conocimiento.

De acuerdo con el racionalismo, por tanto, lo percibido por los sentidos sería sólo un desordenado caos de información sin sentido —y, por eso, no se tendría conocimiento si no se tuviera razón previa.

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La gran diferencia, me parece, está en el punto de partida que ambas posiciones tienen —para el empiricismo, el punto de partida es la percepción sensorial, la evidencia empírica; pero para el racionalismo, el punto de partida es la razón, donde ya existen principios que organizan lo percibido y pueden ir más allá.

Un racionalista sostiene que existen creencias que no necesitan ser demostradas empíricamente —son ciertas sin que requieran evidencia tangible.

Son creencias que pueden verse como obvias, pero que justifican la posición del racionalista, como creer que “en entero es igual a la suma de sus partes”, o que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.

En el caso del aborto la diferencia se muestra con claridad.

• El empiricismo exigiría pruebas tangibles, sensoriales, de que el niño dentro del vientre de su madre es una persona —mientras no se demuestre eso, el empiricista podría aceptar el aborto al no existir evidencia sensible sobre el niño y aceptarlo como persona.

En contra de un cristiano, por ejemplo, el empiricista pediría pruebas que demostraran que el niño tiene alma —cosa que es imposible de justificar por la vía de pruebas empíricas.

• Un racionalista no exigiría pruebas tangibles, todo lo que solicitaría es usar la razón utilizando principios evidentes por sí mismos. Aceptaría, por ejemplo, que existe vida en el bebé, que seguramente es una vida humana —lo que quizá le incline a rechazar el aborto.

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Entre las dos posiciones, me parece, es superior la del racionalismo. Las dos se necesitan mutuamente —reconocen el papel de los sentidos y el de la razón. Su diferencia central está en el punto de partida.

Partiendo de los sentidos, el empiricismo se ve limitado al conocimiento que venga por esa vía —una limitante de consideración. En cambio, el racionalismo partiendo de la razón también usa a los sentidos y su base es más amplia y diversa.

En el tema del aborto, por ejemplo, el empiricismo exigiría una serie de pruebas capaces de ser captadas por los sentidos —sólo esas serían las evidencias aceptables. Rechazaría quizá la creencia de que el niño fuera un ser humano, dependiendo de la definición sensorial que haga de ser humano.

Con el racionalismo ya no existen sólo las pruebas sensoriales —también aceptaría razonamientos puros, evidentes en sí mismos o derivados de ellos. Aceptaría con mayor facilidad que el niño en el vientre es un ser humano y tendería a oponerse al aborto.

Con lo anterior intenté demostrar un origen de las controversias acerca del aborto —en parte derivadas de diferentes mentalidades de fondo, de las que no se suele ser muy consciente. De esto, un racionalista podrá proponer una solución como la que sigue.

Si existe controversia y desacuerdo sobre si un cigoto o un feto son seres humanos y pueden ser abortados sin consecuencias morales, convendría adoptar una posición razonable de precaución, el no permitir abortos hasta que existan pruebas contundentes al respecto.

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