Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ahora, Que no Estorbe
Santos Mercado Reyes
13 enero 2012
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
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Por primera vez escucho una idea interesante de Felipe Calderón en materia de educación.

Se trata del Programa de Financiamiento de la Educación Superior con el cual pretende ofrecer créditos a los jóvenes que quieran estudiar en universidades privadas.

Una idea que, siendo interesante y correcta, puede ser abortada por los izquierdistas pues la huelen como a capitalismo, economía de mercado o neoliberalismo.

En realidad, manejar la educación con base en créditos es la manera más justa y equitativa. Es justa porque quien se va a beneficiar por la educación que recibe es quien la debe pagar. Si Juan quiere comerse una sabrosa hamburguesa, pues que la pague Juan pues es Juan quien la va a disfrutar.

¿No es lo más lógico, sensato, justo y equitativo que puede haber? No estamos  acostumbrados a hacer así las cosas, más bien, nos gusta vivir a costillas de otros y por eso todo nos va mal.

Es equitativa pues se daría una verdadera oportunidad para los jóvenes que realmente quieren prepararse mejor y sin dañar a nadie.

Con una serie de mitos, falsedades y sofismas construimos un pésimo sistema educativo inspirado en ideas marxistas e impulsado por los jerarcas de la Revolución Mexicana, donde el que estudia no paga, sino que la cuenta se la carga al vecino.

Y para ser más precisos la cuenta de los que reciben “educación gratuita” la terminan pagando los más miserables de este país, los contribuyentes cautivos, los trabajadores, los pequeños comerciantes y sobre todo los que nada pueden hacer por evadir los impuestos.

Por cierto, esa gran masa de contribuyentes son los menos privilegiados para que sus hijos sean aceptados en las universidades públicas. ¿Qué de justo o equitativo tiene  que los que pagan no disfruten las universidades y quienes las disfrutan no paguen o incluso hasta se les regala dinero (becas) a costillas de otros ciudadanos mucho más pobres?

Por supuesto, la izquierda se va a oponer a este programa pues prefiere un sistema educativo que se sostenga con base del erario, esto es, a la explotación de los pobres, de los que no pueden defenderse.

Por eso los izquierdistas defienden, a rabiar, al sistema de escuelas de gobierno porque basta cerrar carreteras o mandar al rector a gritar, rezongar y mendigar con los diputados para que el gobierno les asigne más presupuesto y lo puedan gastar sin el menor riesgo, sin entregar cuentas y solo simulando que se educa a los jóvenes.

Esta forma burocrática de manejar la educación a base de subsidios es la que ha colocado a México en los peores lugares del mundo en el campo educativo.

Muchos universitarios nunca han entendido la diferencia entre gastar e invertir. Pero este programa realmente se apega a la idea de invertir pues el dinero se recuperaría a fin de financiar a otros jóvenes.

Gastar, a diferencia de invertir, es como se hace en la UNAM, el IPN y otras universidades del gobierno donde el dinero se tira a un barril sin fondo, nunca regresa, es dinero “a fondo perdido”. Los izquierdistas dicen que es una buena inversión por los beneficios a largo plazo, plazo que nunca llega.

De llevarse a cabo este programa, realmente no se estaría gastando ni un centavo, al contrario, con el tiempo se puede incrementar el fondo por el pago de intereses que haría el nuevo profesionista en funciones y así se incrementa la capacidad de financiar a más alumnos.

Sin embargo, tiene sus bemoles y señalaré algunos.

1. No es correcto que este Programa de Financiamiento para la Educación Superior lo maneje el gobierno. Ya sabemos que lo que maneja el gobierno lo maneja mal, genera corrupción y está supeditado a los vaivenes políticos.

Así que el Estado debe sacar las manos absolutamente de este programa. Ni siquiera es bueno que esté presente Nacional Financiera, pues sigue siendo gobierno y podría ocurrir como con los créditos de CONACYT que terminan por condonarlos, lo cual es una completa injusticia pues esos recursos son “sangre del pueblo”.

2. Mejor sería que los bancos participantes fundaran como socios el Banco de la Educación con aportaciones de esos bancos y de otros agentes privados que quieran invertir su dinero en educación sin perder un centavo, incluso ganando mejor que en los demás bancos.

3. No se debe poner límites al crédito pues finalmente los van a pagar los nuevos profesionales. No solo se les debe prestar para que paguen la colegiatura, sino para todos los gastos que implican estar estudiando.

4. No debe limitarse a otorgar créditos a los que quieran estudiar en universidades privadas, también los que van a las públicas. La razón es que no se les está regalando nada, pues todo lo paga el nuevo profesionista o el aval.

5. Tampoco se debe limitar a financiar a jóvenes que quieran estudiar en México. También para los que desean prepararse en EEUU, Australia o cualquier país, hasta en Cuba o Corea del Norte si quiere transformarse en líder comunista, pero que le cueste de su bolsillo. Repito, es porque no se les está regalando nada, son créditos.

6. Este Banco de la Educación debería apoyar con créditos de rigurosa devolución a las universidades privadas que quieran incrementar sus espacios, poner sucursales o mejorar sus laboratorios.

7. También podría financiar a la gente que quiera fundar nuevas escuelas o universidades.

8. El gobierno debería impulsar un programa para que todas las universidades públicas aprendan a ser productivas. Cuando menos, que en diez años dejen de depender directamente del subsidio gubernamental.

9. El gobierno debe cancelar todo proyecto que implique crear universidades públicas entendidas como las que solo saben vivir del erario.

10. Las universidades que todavía viven de subsidios gubernamentales deben reformarse de tal suerte que, al menos, los alumnos salgan con el dominio completo del idioma inglés.

11. Las universidades gubernamentales deben cambiar su filosofía para que allí se forman los nuevos empresarios que México necesita.

En fin, son tantas las tareas que creo que el gobierno va a terminar por hacer nada, en complicidad con la izquierda que no quiere cambiar nada y menos si huele a capitalismo.

Una vez más me convenzo que las reformas educativas tienen que salir de la sociedad y el papel del gobierno debe ser, simplemente, no estorbar.

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