Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ahora, Todos Iguales
Eduardo García Gaspar
21 marzo 2012
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se usan de manera indistinta y eso es un error.

La falla la suelen tener los gobernantes en campaña.

Hacen ellos referencias continuas a la pobreza haciéndola muchas veces equivalente a desigualdad.

No son lo mismo.

Piense usted en un caso. En un cierto país, el 30% de las personas tienen ingresos diarios menores a un dólar. Esto es una medición de pobreza, una de las muchas que existen y no necesariamente la mejor.

Puede hablarse, en este caso de pobreza, pero no hay indicación ninguna de desigualdad.

En ese país, es posible que los que ganan por arriba de un dólar diario, ganen tres o cuatro. Los datos nos pintan un panorama de pobreza claro. Añadamos algo, el dato del ingreso de un grupo dentro de ese país, digamos de mil personas personas cuyo ingreso es de mil dólares diarios cada una.

Ahora podemos hablar de desigualdad de ingresos. Esas pocas personas ganan mil veces más que los pobres, una diferencia importante. Con estos dos datos podemos ver las consecuencias de ambas mediciones y que no son iguales.

Si usted ve el índice de pobreza hará cosas diferentes para remediar el problema a que si usted ve el índice de desigualdad.

Si usted pone atención en la desigualdad de ingresos, habrá por supuesto reacciones de indignación, y hará lo que ese índice le sugiere: remediar la desigualdad, es decir, quitar a unos para dar a otros.

Si toma el millón de dólares diarios que entre todos los ricos ganan al día, y los reparte entre todos los pobres, digamos que son diez millones, le dará a cada uno diez centavos.

No se remedia mucho, y hace de esos mil ricos, una cantidad igual de pobres que ganan menos de un dólar (les ha quitado todo).

Si los deja con un dólar diario, nada más, repartirá nueve centavos a los pobres. El problema de desigualdad ha sido solucionado de tajo y totalmente. Ahora todos son iguales, son pobres.

Pero si usted pone atención en la pobreza, no en la desigualdad, suceden cosas potencialmente mejores.

Es posible que se le ocurran medidas que remedien la pobreza, como mejoras en la educación, o reducción de costos en la producción de bienes para abaratar precios. Un camino muy distinto al de la desigualdad.

La distinción debe ser clara. No es conveniente hacer equivalentes a la desigualdad y a la pobreza. Además de que cada una lleva a soluciones muy distintas, con buenos riesgos de fallar, existen efectos colaterales muy marcados.

Uno de ellos es muy notable: las políticas redistributivas que buscan remediar desigualdad, en realidad la elevan.

Para reducir la desigualdad, se necesita una institución con el poder legítimo de quitar a unos para dar a otros. Un poder que desiguala a todos y donde, además, se acumulan los recursos a repartir a quien se decida hacerlo.

Esa institución es el gobierno y en él se concentran más recursos y más poder, con lo que la desigualdad no desaparece, en realidad se hace mayor.

La desigualdad, además, tiene problemas de medición. Si usted y yo nos comparamos con Slim o Gates, veremos gran desigualdad. Pero eso no quiere decir que en automático usted y yo estemos en la pobreza. Remediar esa desigualdad no tiene sentido. Se desperdiciarían recursos en un objetivo absurdo.

Otro problema colateral: cuando un gobierno con gran poder y abundancia de recursos adopta una política redistributiva, surgen el corporativismo. Esa serie de grupos bien organizados que compiten por obtener partes de los recursos del gobierno, lo que hace que poco llegue a los pobres.

En fin, todo lo que quise hacer es una aclaración a un error cometido con frecuencia, el confundir a la pobreza con la desigualdad. No son lo mismo y llevan a consecuencias muy distintas.

Es un camino más prometedor el poner atención en la pobreza que en la desigualdad y, más aún, poner atención en la desigualdad tiene el peligro real y cierto de agravar esa desigualdad.

¿Suena obvio lo que digo? Creo que sí, pero es necesario.

Los gobernantes en campaña suelen usar descripciones sentimentales que explotan imágenes de desigualdad, al estilo actual de Obama, por ejemplo. Y esto trastorna todo, dando pie a políticas económicas que dañan a todos, especialmente a esos que quieren ayudar.

No, la desigualdad económica y la pobreza no son lo mismo. Separarlas evita problemas serios.

Post Scriptum

En ciertas mentalidades, la desigualdad implica las imágenes de empresarios y empresas con fortunas cuantiosas y de dudoso origen. Se percibe que esas fortunas tienen orígenes injustos y son inmerecidas. Pueden serlo, pueden no serlo. El problema no es la fortuna sino los medios que la originaron.

La creación de un gobierno inmensamente rico, más aún que esas fortunas empresariales, suele pasarse por alto. Los proponentes de medidas redistributivas olvidan que por medio de ellas se concentran los recursos aún más, en el gobierno. Véase Los Más Grandes Gastadores.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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