Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Al Menos, No Tontos
Eduardo García Gaspar
7 marzo 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La frase no puede ser más directa. Es de Bertrand Russel (1872-1970), el filósofo, escritor y matemático británico.

En su obra Ensayos Sobre la Educación, escribió que “La pobreza, desde la revolución industrial, es debida solamente a la estupidez colectiva”.

Tiene su fondo la idea.

Hasta donde sé, Russell se inclinaba por un socialismo claramente no soviético, con dosis democráticas y de libertad. Y, por supuesto, pensaba que así podría lograrse progreso, sobre todo evitando a la estupidez.

No está nada mal la idea y resulta muy aplicable en tiempos electorales, como ahora en México, cuando de todas partes llueven propuestas económicas de partidos y candidatos.

Pongámoslo así: la mejor propuesta económica que puede hacerse es la de adoptar decisiones de gobierno que no sean estúpidas. Suena extraño, pero no lo es.

Con evitar la estupidez el adelanto sería mayúsculo. En un plano estándar, se pedirían propuestas electorales inteligentes, pero bajo este otro punto de vista lo que se pediría es otra cosa, no proponer medidas estúpidas.

Falta ahora aclarar el significado de estúpido. Lo podemos hacer usando sinónimos, como necio, tonto, lerdo, idiota, menso y algunas otras palabras que no creo aconsejable reproducir en esta columna, pero que todos sabemos.

Lo podemos ver del otro lado, como falta de inteligencia, de sentido común, de razón, de talento. En fin, tenemos una buena idea de qué es la estupidez.

Con eso en mente, debemos dar el paso siguiente y aplicar la idea al terreno político, para encontrar una definición más específica.

Un gobernante estúpido es el que no es inteligente: tiene escaso poder de razonar y, sobre todo, carece de capacidad para entender las consecuencias de sus acciones.

Esta es mi propuesta, definir al gobernante estúpido como el que no aprovecha experiencias propias y ajenas para considerar las consecuencias de sus decisiones.

En menos palabras, es una persona imprudente: no considera los efectos que sus acciones tendrán. Se trata de un desaprovechamiento de experiencias de él y de otros.

Un gobernante estúpido, por tanto, es el que propone medidas que tienen efectos negativos, que se sabe que han fracasado, que se conoce que no han dado resultados.

El tema bien vale una segunda opinión por lo que escribió otro autor, un economista italiano, Carlo Maria Cipolla (1922-2000).

Según él, los estúpidos son las personas más peligrosas que existen y siempre se subestima el daño que pueden hacer. No es exagerado afirmarlo. Más aún, coincide con las ideas de Barbara Tuchman (1912-1989), la historiadora, quien afirma que el poder tiende a abobar a los gobernantes.

En fin, en la superficie lo anterior puede provocar sonrisas y causar gracia. Está bien, pero superada esa reacción, el tema es importante.

Piense usted en la posibilidad de tener gobernantes estúpidos y entenderá mejor esto: ellos implantarán medidas sin considerar sus efectos, sin aprovechar experiencias anteriores, sin saber del tema.

¿Sucede? Por supuesto, todos los días en todas partes.

Los gobiernos aplican medidas que de antemano se saben que tendrán consecuencias malas, que no funcionarán, que producirán efectos colaterales indeseables. ¿Por qué sucede esto? Porque los gobernantes justifican sus medidas por el objetivo que persiguen, no por la forma en que lo intentarán.

Un ejemplo aclara esto.

Un candidato cualquiera dice que creará tantos millones de empleos durante su gobierno. Y toma ese objetivo para justificar sus propuestas, por ejemplo, la de bajar la tasa de interés y la de elevar el gasto público.

Un buen caso de estupidez, porque lo que se sabe es que hacer eso no logrará el objetivo, al contrario. Peor no le importa. Su objetivo justifica, según él, todo, desaprovechando los conocimientos que ya se tienen.

Por esto es que me parece que la frase de Bertrand Russell es muy buena. No puede tenerse prosperidad, no puede combatirse la pobreza, implantando medidas poco inteligentes o tontas.

Es decir, el escaso desarrollo de un país, el que sea, tiene una causa principal, el seguir implantando medidas que no funcionan, que son tontas.

La pobreza, en otras palabras, es una consecuencia de la estupidez en los gobiernos: no querer entender, no poder pensar, ser imprudentes.

Post Scriptum

El mecanismo de justificación al que me refiero debe ser aclarado. Consiste en dos pasos que el gobernante sigue.

Primero, propone una meta de su gobierno, la que sea. Puede ser crear empleos, reducir la pobreza, aumentar las exportaciones, erradicar el analfabetismo y muchas otras cosas más. Todos estos objetivos son loables, nadie puede oponerse a ellos.

Segundo, usa esos objetivos admirables para justificar la manera en la que los logrará. El sólo objetivo basta para justificar el cómo lo intentará, sin evaluar esa manera de intentarlo.

Por ejemplo, dice un político que quiere reanimar a la economía para crear nuevos empleos y que lo hará elevando el gasto gubernamental al doble. La meta, que es buena, le justifica la forma, que es mala. Eso es estupidez.

Las ideas de Cipolla merecen verse: bajo la superficie de su humor, hay realidades.

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