Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ambigüedad Necesaria
Eduardo García Gaspar
18 junio 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Son temas calientes. Son asuntos de controversia.

Son tópicos de alta tensión. Lo son por dos razones.

Tratan cosas sensibles y requieren claridad.

La combinación es fatal para quien quiere obtener el mayor número de votos. Y esos votos pueden ganarse con ambigüedad.

Una ambigüedad que bien manejada puede hacer que cada persona vea lo que quiere ver.

Un ejemplo, el tema de aborto. Caliente y áspero, toca un tema muy sensible para quienes lo defienden y quienes lo atacan. Si el candidato se opone al aborto recibirá críticas, pero lo mismo sucederá si lo defiende.

¿Qué hacer en ese caso? La duda es real. Cualquier declaración clara, en un sentido o en otro, producirá declaraciones fuertes en contra de quien la haga.

Igual con lo de Pemex, el monopolio estatal petrolero. En mal estado, esta empresa se beneficiaría con un sistema que permitiera participación privada, incluso su privatización. Un tema caliente también.

Y por ser caliente y de alta tensión, las posiciones claras se vuelven difíciles. Decir que se está en favor de la privatización, que sería algo claro, podría costar votos. Y al revés.

Como consecuencia, los candidatos tienden a colocarse en terrenos ambiguos. Con algunas audiencias dirán simpatizar con la privatización y con otras dirán que mantendrán la soberanía.

El principio funciona con esos temas de alta tensión y produce posiciones vagas que no dejan ver con claridad las posiciones de los candidatos.

Uno de ellos, el del PRD, al menos ha sido claro en lo de Pemex y, en general, en sus tendencias de crear un estado de bienestar y oponerse a las reformas. Pero en temas como aborto y matrimonios de personas del mismo sexo, ha sido relativamente vago.

Hace unos días escuché a uno de los miembros de la campaña de uno de los candidatos. Le hicieron preguntas que exigían respuestas claras. Las dio hasta cierto punto, pero mantenía una puerta abierta a la posición opuesta.

En fenómeno me parece notable. Pregunté si ese candidato era de tendencia socialista o liberal. Nunca obtuve una respuesta clara, a pesar de insistir sobre el punto.

Es una posición de marketing político. Trata de ubicar al candidato como atractivo para todos. El problema es que para serlo, necesita ser ambiguo. A cada audiencia le dice lo que ella quiere escuchar.

Y en los medios, declara ambigüedades que minimizan reacciones en contra. El resultado es un panorama nublado y oscuro, que no permite ubicar con claridad las ideas de los candidatos.

A lo anterior, se suma otra situación, la de hacer promesas de solucionar todo por medio de los gobiernos. El resultado neto es malo: las campañas se convierten en una retahíla de promesas ilusorias que no tratan los problemas de fondo, que son esos temas de gran tensión.

¿Cuáles? Muchos de ellos son reformas estructurales, es decir, medidas de modernización estatal, como cambios sustanciales en legislación laboral, o retiro de subsidios.

Las campañas electorales, como la de México en estos momentos, son herramientas que se usan para obtener los más votos posibles sin tratar realmente los asuntos de importancia.

No se tratará nada o casi nada de esas reformas necesarias para los nuevos tiempos. Los ciudadanos, por tanto, verán a las campañas como una lista de ofrecimientos ilusos que poco o nada tienen que ver con los asuntos vitales.

Peor aún, esos ofrecimientos carecen de solidez. Si prometen, por ejemplo, más becas a estudiantes, o más ayuda al campo, los candidatos ignoran el cómo lograrán eso, con qué dinero se harán, de dónde saldrán los recursos.

No es un panorama que presente perspectivas de adelanto y progreso, al contrario.

Regreso a mi punto central, el de ignorar los asuntos realmente importantes, en los que se necesitan posiciones claras.

Si, por ejemplo, se le pregunta del aborto a un candidato, intentará salirse de una posición clara con trucos retóricos y, seguramente, hablar de una consulta popular. O si se le pregunta de finanzas públicas desbocadas, hablará de gasto social o cualquier cosa que poco aclare.

¿La solución? No la busque en los gobernantes en campaña. Ellos están en medio de un combate por obtener votos. Búsquela en una opinión pública más o menos ilustrada, una que sepa distinguir los mensajes basura de las campañas de los asuntos reales.

Post Scriptum

La ambigüedad más clara se comprueba en la indefinición ideológica de los candidatos. El socialista evita ser identificado como socialista en las elecciones mexicanas. Si hubiera un liberal, creo, sucedería lo mismo. Evitan ser colocados como progresistas o como conservadores.

Para el caso mexicano, por ejemplo, si los candidatos se identificaran con alguna posición política, tendrían que decir lo siguiente:

• Peña Nieto: más socialista que liberal, en medio del progresismo y el conservadurismo, orientando al crecimiento del gobierno. No tiene una posición diáfana y da la impresión de moverse de acuerdo a vientos de presión política. Es una alternativa vaga, intermedia.

• López Obrador: claramente socialista, claramente progresista, muy orientado al crecimiento del gobierno. Es el único con una posición fácilmente identificable, aunque no mencionada por él abiertamente. Es la alternativa claramente socialista y progresista, totalmente inclinado al corporativismo.

• Vázquez Mota: ligeramente más liberal que socialista, ligeramente más conservadora que progresista, ligeramente inclinada al crecimiento del gobierno. No tiene una posición clara tampoco, sucumbe a promesas gubernamentales de estado de bienestar. Es la alternativa menos socialista y menos progresista.

Las posiciones pueden verse gráficamente en un cuadrante simplificado:

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