Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Asunto de Adicciones
Eduardo García Gaspar
13 febrero 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Son tiempos estos, como los descritos en una novela.

Los mejores tiempos y los peores tiempos. La edad de la sabiduría y la edad de la estupidez.

Época de fe y época de incredulidad. El tiempo de la oscuridad y el tiempo de la ilusión.

Todo está frente a nosotros y nada tenemos enfrente. Vamos al Cielo y vamos en dirección opuesta.

Con esas palabras, casi literales, inicia una novela. La de Charles Dickens, A Tale of Two Cities. Igual que el tiempo actual, en elecciones políticas.

Tiempos de ruido que ensordece y de silencios que ahogan. De frialdad y de pasión. Momentos de decisión, en pocas palabras, en los que conviven las ilusiones y el optimismo, con los temores y el desencanto.

Por supuesto, son tiempos buenos, en los que tenemos el deber de decidir. Pero también son tiempos malos, en los que debe privar la prudencia y el cuidado. Me explico.

¿Hay algo qué temer en las elecciones políticas de un país? Sin duda, lo hay con toda seguridad. ¿Son los candidatos eso a lo que debe temerse? No, al menos no en sí mismos. No son más que personas, como el resto, mi mejores, ni peores… la mayoría de las veces, algo peores.

¿Entonces, a qué debe temerse? Tres cosas que siempre inspiran miedo. Las de siempre, las que alteran a todo ser humano.

El poder, el dinero, la admiración. Cosas terribles que están detrás de todos, siempre acechando. Y que cuando triunfan no tienen límites. Nunca se tiene dinero suficiente, tampoco poder suficiente, ni fama bastante. Todos ellos se ansían en dosis crecientes.

Poder, dinero y admiración, siendo propios deseos humanos, son en el campo político motivos que deben ser frenados formalmente.

Los gobiernos dan a los gobernantes probadas de lo agradable que es tener poder sobre otros, de sentirse el dominador, de ver a otros con obligaciones sumisas. Es, en verdad, algo adictivo. Nunca es suficiente el poder. Los gobernantes están en posiciones en las que esas probadas pueden enloquecerlos.

Los gobiernos colocan a los gobernantes en posiciones en las que se maneja dinero contado en miles de millones y eso trastorna la mente. Les hace perder perspectiva, les hace ser soñadores. Les hace pensar que con algo más de dinero del que maneja podrá hacer más cosas que quieren. Y siempre querrán hacer más. Y más. Ningún monto de dinero les será suficiente.

Los gobiernos colocan a los gobernantes en posiciones en las que la fama y popularidad es cuestión vital. Debe ellos ser populares, ser queridos, ser admirados. Deben verse bien, deben hablar bien, aparentar ser salvadores sociales. Deben aparentar lo que sea menos su realidad personal. Y tampoco la admiración es suficiente por grande que sea. La desean, la ansían. La buscan en discursos y promesas.

Son cosas como el poder, el dinero y la admiración, que los ciudadanos deben dar en dosis mínimas al político, so pena de trastornarlo y sufrir las consecuencias de un gobierno de enloquecidos.

Incluso admirando al gobernante, deberán dársele poco poder, poco dinero, no sea que ese buen gobernante se convierta en uno malo.

¿Qué temer en las elecciones? No a los candidatos como personas. Creo que fue Bertrand Russell quien dijo que los gobernantes elegidos no pueden ser más tontos que quien los elige. Una idea que da pie a otra.

Si el electorado mejora su sapiencia, elegirá mejor. Elegir mejor es cuidarse de quienes son adictos al poder, al dinero, a la admiración, o pueden llegar a serlo con facilidad.

Esto es igual a pedir que el ciudadano olvide, siquiera por un momento, las ideas de los candidatos, sus promesas, las simpatías que por ellos siente, o sus antipatías. Para, con una mentalidad pausada, examinarlos como personas.

¿Hay entre ellos adictos al poder, al dinero, a la admiración y la fama? Si lo son, no vote por ellos, su gobierno no será lo que prometieron.

Son las elecciones, por esto, tiempos de inteligencia y de estupidez. Las dos se mezclan en millones de decisiones personales independientes y libres. Algo donde sólo causa repulsión y asco la conducta de los que venden su voto a cambio de cuentas y espejitos. Predominará la inteligencia en donde se rehuya al adicto al poder, al dinero, a la popularidad.

Considerar la posibilidad de tener gobernantes adictos, bien valió una segunda opinión. No hay voto peor que aquél que se da sin pensar en la las adicciones que los gobernantes tienen. No hay voto peor que el que ignora los trucos del político adicto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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