¿Son los bebés simples invasores de vientres? Dependiendo de cómo se responda a la pregunta variará la respuesta a la pregunta de si el aborto está o no justificado.

Introducción

Si lo entiendo bien, uno de los argumentos más usados y prometedores en la discusión del aborto es el de los derechos de ambos, madre e hijo —con dos posiciones:

1. Prevalece el derecho de la mujer sobre su cuerpo

Esto que hace a los bebés invasores de vientres y, por ende, algo que puede no desear la mujer. En ese caso, ella se deshace del invasor y el aborto se vuelve algo permitido.

Se ha dicho que el objetivo del aborto no es directamente matar al bebé, sino un efecto colateral de un acto de defensa de la propiedad del cuerpo que se ejerce expulsando al invasor.

Esta faceta haría que se justificara el uso de medios para mantener con vida al bebé ya fuera del vientre.

2. Prevalecen los derechos de ambos como seres humanos

Esto vuelve al aborto algo indebido pues los derechos de propiedad del cuerpo del bebé son violados al perder su vida. Esta faceta haría injustificables a los abortos.

Por tanto, los bebés no serían invasores de vientres que pudieran ser expulsados libremente.

Por tanto

Las dos posiciones anteriores, hacen ver de nuevo que el corazón de la discusión es el determinar si el bebé dentro del vientre es o no un ser humano.

Si lo es, el aborto no sería justificable y lo opuesto. El resto de los argumentos son mucho menos importantes que este.

Bebés como invasores de vientres

Lo que quiero hacer aquí es explorar una situación planteada por la primera posición, la de hacer que prevalezcan los derechos de propiedad del cuerpo de la mujer.

Si se dice que la intención del aborto no es matar al bebé sino solo expulsarlo del vientre por voluntad de la mujer, eso podría verse como un parto prematuro que llevaría a intentar conservar la vida del nuevo ser usando los medios disponibles —una situación que hace surgir dos posibilidades poco vistas en estas discusiones.

  • El bebé invasor es expulsado y no se hacen intentos de mantenerlo con vida, o incluso se le quita la vida ya fuera del vientre.
  • El ser invasor es expulsado y se hacen intentos para mantenerlo con vida, tengan o no éxito.

Entonces surge una situación que permite ver otro ángulo de la discusión.

Si al ser se le quita la vida fuera del vientre, eso sería visto como un infanticidio —igual al de matar al un bebé prematuro que está en una incubadora. Si no se hacen esfuerzos para mantenerlo con vida una vez fuera del vientre, lo mismo.

Como consecuencia, ¿qué es lo que hace que matar al nuevo ser fuera del vientre sea un infanticidio y matarlo dentro del vientre no lo sea? El punto ha sido ya apuntado por J. Sadowsky para sugerir que el aborto sí tiene la intención de quitar una vida.

Un real invasor

Hay otra faceta digna de explorar —la de considerar al bebé un invasor del propio cuerpo al que se puede expulsar. Sobre esto comento los siguientes puntos:

¿Es un invasor o un invitado?

El acto que lleva a la creación de una nueva vida es conocido y será muy difícil argumentar que se desconocía esa consecuencia del coito. Es quizá, cuando mucho, un invitado accidental.

¿Matar a un invasor?

En el mismo escrito, Sadowsky equipara esto a la situación en la que se mata a un polizón lanzándolo por la borda. La pena de muerte no sigue el principio de proporcionalidad entre castigo y delito.

Esto permite ver que el mero acto de expulsión, en sí mismo, causa la muerte del nuevo ser —y no resulta proporcional la pena de muerte en relación a la invasión que se alega.

Habría algo similar en el caso de un bebé de pocos meses al que se expulsa de la casa, lo que paradójicamente sería considerado abuso infantil.

Conclusión

Toda la discusión se centra en un punto central, el más importante de toda ella —¿es un feto un ser humano?, la pregunta que es contestada de dos maneras:

  • No, no es un ser humano y sólo lo es después del nacimiento —en cuyo caso el aborto sería un acto legítimo.
  • Sí, sí es un ser humano desde su misma concepción —en cuyo caso el aborto es un crimen.

Termino apuntando que para algunos, incluso en el caso de aceptar que el nuevo ser sea humano desde su concepción, el aborto es legítimo porque se trata de un invasor que se ha apoderado del cuerpo de otro —una especie de parásito que puede ser aniquilado.

El punto central

El corazón de la discusión sobre el aborto es la determinación de la naturaleza del feto —donde se enfrentan esas dos posiciones.

  • El feto no es un ser humano aún y, por esa razón su muerte es permitida si la madre lo autoriza —sin importar la causa por la que ella quiera hacerlo.
  • El feto es un ser humano desde su concepción y, por esa razón, su muerte equivale al asesinato de cualquier otra persona —lo que daría pie a la prohibición del aborto.

La discusión parecería terminar allí si es que se llega a un acuerdo sobre ese punto —pero en realidad, existen defensas del aborto que lo justifican incluso a pesar a aceptar que se trata de un ser humano.

Este el el punto que quiero explorar en lo que sigue —la defensa del aborto por parte de quienes aceptan, aunque sea de momento y condicionalmente, que un feto sea un ser humano en una de sus muchas etapas de vida.

El parásito invasor

La argumentación de ese tipo, en pro del aborto, se sustenta en una realidad —el feto se encuentra dentro del vientre de la mujer, lo que es igual a dos seres humanos vivientes, viviendo uno dentro del otro.

Esta es la mentalidad que entiende a los bebés como invasores de vientres a los que puede expulsarse sin culpa.

En esta situación, la vida del bebé depende de mantenerse dentro de ese vientre, pues fuera de él moriría especialmente en las primeras etapas de su desarrollo.

Ya que sólo la madre es una persona con un desarrollo suficiente como para tomar decisiones autónomas, se presentan dos posibilidades:

  • La madre acepta al feto y su desarrollo en su vientre, llegando al término del embarazo con el nacimiento de un bebé.
  • La madre no acepta al feto, por la razón que sea, y quiere dar término al embarazo —el que necesariamente causa la muerte del bebé, aún reconociendo que se trata de una persona humana.

Bajo esta mentalidad, los bebés son equivalente a parásitos en los vientres, una especie de invasores cuyos intereses están en conflicto con los de la madre.

Derecho a expulsarlo

Ya que ninguna persona tiene el derecho de invadir a otra y vivir a sus expensas, se razona que la madre tiene el derecho de sacar al invasor de su cuerpo.

Es un razonamiento poderoso. Es obvio que una persona no puede entrar a la casa de otro y exigir ser mantenido en ella con todos los gastos pagados durante un tiempo determinado —en un caso igual, se dice, se encontraría el feto que no es deseado por la madre, la que por ende puede sacarlo de su vientre sin cometer una falta.

Pena de muerte

La crítica al razonamiento anterior es inmediata: alguien puede sacar de su casa al invasor que en ella entra exigiendo manutención, pero hasta allí —matarlo es un acto demasiado extremo, no proporcional al acto cometido.

A esto podría responderse que no es igual invadir una casa que invadir un cuerpo, algo mucho más serio.

Pero aún así, la pena de muerte decretada los bebés invasores de vientres no parece proporcional al acto de invasión —especialmente cuando en la mayoría de las ocasiones la madre por su propia voluntad tuvo relaciones sexuales y no puede reclamar no saber sus consecuencias (el caso de la violación ante esto debe ser examinado por separado).

Ha sido propuesto que el embarazo indeseado es una situación similar a la del secuestro de una persona que durante nueve meses debe estar conectada a otra para salvarle la vida a esta —argumentando que la persona conectada a la otra tiene el derecho a desconectarse a pesar de que eso cause la muerte de la otra.

La comparación tiene su valor —sin embargo, debe recordarse que el embarazo no es realmente un secuestro, que la madre quiso tener relaciones sexuales y que sabía de sus posibles consecuencias.

No puede reclamar haber sido secuestrada y forzada. Lo que ella ha querido es separar el placer sexual de su consecuencia posible natural.

Una omisión vital

Discusiones como la tratada son mejores que las alimentadas por posiciones obcecadas que no escuchan razones de la otra parte —y que acostumbran ser superficiales e irrelevantes.

Pero incluso estas discusiones prometedoras contienen una omisión importante que intento plantear en lo que sigue.

Olvidan la causa por la que ellas mismas se originan y que creo es una separación artificial entre el acto sexual y sus consecuencias naturales —que es igual a querer el placer sexual introduciendo métodos que eviten por diversos medios la creación de vida. El aborto es uno de esos métodos.

Lo que lleva a otro plano distinto —en el que sostengo que cuando la persona antepone el placer a su naturaleza surgen problemas como este, que en última instancia plantea qué hacer cuando se retiran las ideas de amor por el prójimo y ellas se sustituyen con el amor extremo a sí mismo.

La visión de los bebés como invasores de vientres que legitimidad al aborto es sólo posible donde se ha perdido la idea del ser humano completo y natural, que en sus actos intenta llegar a los ideales más altos posibles —así sea que ellos sean demasiado ambiciosos.

Matar a un ser humano dentro del vientre materno solo puede ser considerado una posibilidad válida donde se ha perdido la real noción de la libertad, esa posibilidad de hacer lo que se debe —y la libertad ha sido convertida en un pretexto que legitima a la voluntad de la persona a hacer lo que sea.

Cuando el sexo es visto como una diversión destinada a producir placer y nada más que eso, es cuando emergen estas discusiones sobre cómo retirar las consecuencias que son parte natural del acto sexual.

Al perder su cualidad de amor exclusivo y creación de vida, el sexo pasa a ser una actividad destinada a producir gozo físico y nada más que eso —lo que hace necesario encontrar remedios a lo que se considera un accidente indeseable, el embarazo, y no la razón central del acto sexual.

Finalmente

La tesis de esta columna es que la justificación del aborto solo es posible dentro de un marco mental en el que el sexo ha perdido parte de su propia naturaleza —amor y creación de vida —, para ser entendido solo como uno de los placeres físicos posibles de tener.

Es decir, es la pérdida del amor lo único que en último término puede justificar el matar a un ser vivo por estar dentro del vientre de su madre y ver a los bebés como invasores de vientres.

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Y unas cosas más para los curiosos…

Conviene ver algunas de estas ideas: