Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bueno: el Menos Malo
Eduardo García Gaspar
2 marzo 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Por primitiva que sea, es una estrategia para votar.

Y no está desencaminada. Incluso es muy realista.

Es la que dice que el voto debe ejercerse, pero que el criterio de su elección es negativo.

Es lo que piensa quien dice “votaré por el menos malo”.

Suena pesimista. Parece desesperado. Da la impresión de ser melancólico. Lo es, creo yo.

Contra eso hay opiniones que se indignan, que piensan que es triste tener esa forma de pensar al votar. Que es penoso y que indigna tener candidatos que inspiran esa actitud. En un mundo mejor, dicen, los candidatos deberían inspirar entusiasmo, no pesadumbre.

Tampoco están desencaminados. Sí, en una democracia vibrante y entusiasta, los candidatos a puestos públicos deberían ser ocasión de emoción.

Deberían ser personajes fuera de serie, líderes que tengan significado. Es malo que no lo sean, que lo que inspiren sea lo opuesto, esa desilusión que lleva a pensar en votar por el menos malo.

No hace mucho que escuché de una persona inteligente ese mismo comentario. Estaba indignada por tener como criterio ese de votar por el menos malo.

Lamentaba la carencia de candidatos notables, fuera de lo común. Aspiraba a una elección en la que los candidatos no inspiraran el desencanto que ahora producen en México, según ella.

Tiene su punto y no es nada malo. Sin embargo, después de pensarlo con cierto detenimiento, me inclino por la estrategia de votar por el menos malo. Me explico.

Los candidatos, al final de cuentas, son humanos. Ni mejores, ni peores que el resto. Demasiadas veces, peores. Por eso es que no inspiran real interés, ni especial admiración.

Me preocuparía mucho que candidatos que no son excepcionales causaran la impresión de serlo. Eso hablaría mal de los votantes, inocentes impresionados con la mediocridad. Y los hay.

Conozco a varios fans de candidatos que no merecen el entusiasmo que reciben. Suele darme pena ajena escucharlos hablar de personas estándares como si fueran superhéroes.

Es más realista la estrategia que apunta que debe votarse por el menos malo. Pero hay un problema que es lo que bien vale una segunda opinión. ¿Quién es el menos malo?

Es un asunto de definirlo con claridad. Sobre eso tengo una idea muy clara: el menos malo es siempre quien menos poder quiere, quien menos pretende hacerme feliz, quien menos intenta meterse en mi vida.

En el caso de los candidatos a la presidencia en México, por ejemplo, los tres grandes presentan la misma tendencia: el creer que su gobierno puede hacernos felices metiéndose en nuestras vidas.

Mi voto, por tanto, irá hacia aquél que menos se meta en las vidas de la gente. Así de simple. Eso es ser el menos malo, definido de manera que todos entiendan.

Mi temor es el tener gobernantes que piensan ser salvadores de la nación, personas que creen ser poseedores del secreto del progreso del país. Peor aún son los candidatos que creen ser representantes de los reclamos sociales, encarnación de la voluntad popular, personificación de la sociedad. Esos son siempre los peores. Siempre.

La historia que contaba Facundo Cabral viene a cuento. Narraba que un día un político en campaña preguntó a su abuela qué podía hacer él para ayudarla. La abuela respondió, “Con que no me joda es suficiente”.

Y es que los gobernantes tienen un poder enorme para lastimar a la gente. Un loco en un parque no hace daño, pero el mismo loco en un gobierno es lo peor que puede suceder.

Más elegante es otra idea, una de Lord Acton (1834-1902): ninguna persona tiene la preparación suficiente como para gobernar a otros. Es cierto. Por eso es que me causa preocupación ver personas entusiasmadas hasta la pasión por un candidato, cuando ninguno en ninguna parte merece ese fervor.

No es pesimismo, es realismo, es verdad.

La clave está en decidir el voto frente a esa realidad. Realidad que, algunos, toman como excusa para no votar. Ninguno de ellos merece mi noto, suelen decir.

Pues claro, ninguno en ninguna parte merece un voto, pero eso no lleva a decidir no votar. Una elección no es nunca un concurso entre personas excepcionales ni fuera de lo común.

Es una elección que lleva la obligación de votar para elegir ese que será el que menos daño pueda hacer al país, el que menos ambición de más poder tenga. No votar así, pone en riesgo al país.

Post Scriptum

Leí en alguna columna que quien la escribió había decidido no votar porque ninguno de los candidatos mexicanos le parecía digno de merecer su voto. Creo que eso es ridículo. En ninguna parte ningún candidato merece un voto siquiera: dárselo es igual que votar por el vecino o por un desconocido.

A pesar de eso, debe votarse para eliminar a los candidatos más peligrosos y dar oportunidades a los que menor riesgo presentan.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


1 comentario en “Bueno: el Menos Malo”
  1. Jesus Dijo:

    A pesar de ser muy primitiva esa decisión, hasta ahora y con los candidatos que se tiene, creo que es la mejor soución, votar por el menos “pior”, diria mi prima.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Boletín diario
Boletín diario
RSS Facebook
Nosotros
Escríbanos
Extras

Aviso

Durante Semana Santa, del 14 al 18 de abril, se suspenderán nuestras publicaciones. Ellas se reanudarán el lunes 21.