Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Choque de Leyes
Eduardo García Gaspar
7 agosto 2012
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El tema es agudo. Las mentalidades chocan. Es la objeción de conciencia.

Es el enfrentamiento entre una ley y la conciencia de una persona.

Sucede cuando una ley obliga a la persona a hacer algo que va contra sus creencias.

Un caso muy claro es el del aborto.

No es infrecuente. Se tiene en países en los que la ley permite el aborto y obliga a los médicos a realizarlo, sin reconocer la objeción de conciencia.

Es un problema claro: obligar a la persona a realizar una acción contra la que van sus más profundas creencias. Sucedería lo mismo en el caso de obligar a un vegetariano a comer carne.

En el fondo, es un problema de leyes justas e injustas. Uno está obligado a respetar a la ley, de lo que no hay duda. Pero surge una posibilidad real, qué hacer frente a una ley que obliga a hacer algo que está en contra de la conciencia propia.

Es el caso de una orden mexicana vieja, que obligaba a los sacerdotes a casarse como condición para predicar.

Es el caso de otras situaciones. Por ejemplo, asociaciones católicas para la adopción de niños y a las que se les obliga a atender casos de matrimonios del mismo sexo. Como el de obligar a instituciones religiosas a proveer servicios anticonceptivos a sus empleados.

Son casos reales que suceden a diario y que en el fondo presentan la posibilidad de leyes injustas.

Las leyes que conocemos, son las decretadas por un gobierno legítimo y que persiguen el bien de la sociedad bajo ellas. No son autónomas, se basan en ideas previas sobre lo bueno y lo malo.

Es decir, tienen una concepción moral previa y de mayor rango que las mismas leyes. Una ley injusta, por ejemplo, es la que discrimina a alguna raza, porque viola un principio moral de igualdad humana.

Por tanto, violar una ley que discrimina a quienes son de cierta raza o de cierta religión, es injusta y, por tanto, admite ser no respetada por objeción de conciencia.

Un médico que se niega a realizar abortos pasa por la misma situación al negarse a respetar el derecho a la vida de todos (el aborto discrimina contra los no nacidos).

Lo que vale una segunda opinión es una sola idea, la de que la ley humana, el llamado derecho positivo, es inferior a la ley moral, a eso que se considera bueno o malo en sí mismo.

Cuando la ley humana entra al terreno de definir lo bueno o lo malo, por sí misma, es que se presentan los problemas de objeción de conciencia.

Y no son solo los obvios y más extremos. Por ejemplo, recuerdo haber leído de un caso en España, en el que el propietario de un restaurante se negó a obedecer la disposición de no fumar en su establecimiento.

En su conciencia, y le doy la razón, eso es una violación sus derechos de propiedad. No es tan extremo como el del médico que niega a realizar abortos, pero es lo mismo en el fondo.

Creo que el problema ya puede verse. Un gobierno hiperactivo en la emisión de leyes cae en la tentación de definir el bien y el mal dentro de la ley, sin aceptar la existencia de principios superiores.

No creo que sea un problema con solución. Siempre existirá. Un caso es el de los matrimonios homosexuales que son, en algunas partes considerados legales, pero en terrenos morales son sujeto de discusión.

Dije que no había solución posible. Bueno, quizá haya una y está en usted y en cada uno de nosotros.

Consiste en tener una conciencia moral bien clara y sólida, en la habilidad de tener juicio y prudencia moral y en la fortaleza de ser independiente. Esta última cualidad es quizá la más ardua: le pide a usted ir contra la corriente en la mayoría de los casos. No es fácil.

Sin esa conciencia moral sólida y fuerte, mucho me temo, seremos presa fácil de la moda del momento, del activismo popular y nos moveremos a la deriva, sin individualidad ni libertad, como veletas morales que siguen los decretos gubernamentales y las ideas del día.

Lo que hace fuerte a una sociedad, al final de cuentas, es la solidez de las conciencias morales de su gente y nada tan bienvenido para mostrarlo como las objeciones de conciencia.

Hay algo heroico y valioso en la individualidad de enfrentarse a una ley que se considera injusta porque atenta contra un orden moral superior. Es una cualidad, quizá perdida, en una sociedad de demasiada televisión, demasiadas marchas y poca razón.

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