Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Codicia, Aquí y Allá
Eduardo García Gaspar
18 julio 2012
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Quienes somos partidarios de los mercados libres de intervención estatal, solemos recibir una crítica tradicional.

Se nos dice que los mercados libres desatarían la más execrable codicia a la que sería imposible de limitar.

Exageran, porque la codicia no es única de los mercados libres, también la padecen el resto de los sistemas económicos. Todos los sistemas.

Los mercados libres funcionan y funcionan mejor que los mercados intervenidos por el gobierno.

Aún así, existen posibilidades de acciones reprobables producidas generalmente por los deseos de alguien de tener más ganancias. Un ejemplo, usted compra algo, digamos, un automóvil que resulta defectuoso desde su diseño y pide el cambio o la devolución de su dinero.

O bien, usted contrata los servicios de un carpintero que no cumple con la entrega de lo pedido. Casos como estos tienen que ver con el cumplimiento de un contrato, como la compra de una casa y similares.

En ocasiones fallará el vendedor, en otras el comprador. Puede ser que este último no pague por lo que ya recibió.

Normal, sucede y es inevitable. ¿Cómo tratar estos casos? Se trata de conflictos entre dos o más partes, derivados del incumplimiento de promesas.

Una solución posible es la decisión libre de las personas, como en el caso de ir a la tienda y pedir la devolución del dinero o el cambio de mercancía. Muchas tiendas lo tienen como política general de servicio.

Pero hay ocasiones en las que no hay otra posibilidad que acudir con un tercero que haga las veces de árbitro del conflicto. Son los casos en los que sí conviene que intervenga el gobierno y en los que resulta vital tener eso que se llama estado de derecho: leyes claras y juicios objetivos y confiables.

Los mercados libres elevan su eficiencia si operan dentro de ese estado de derecho. Las partes que compran y venden sabrán que de no cumplir con sus obligaciones, entrarán en problemas.

Las leyes son comprensibles, los jueces con razonables y rápidos, las multas y penas se aplican de inmediato. Todos tendrán un incentivo para cumplir con su palabra y sus contratos.

Un mercado libre es al final de cuentasun proceso con una serie de millones de contratos, a veces verbales a veces escritos. Cuando las dos partes cumplen, lo que sucede la inmensa mayoría de las veces, es que esos contratos se cumplen por ambas partes.

Pero si alguna de las partes no cumple, la otra está en una mejor posición de exigir si existe ese estado de derecho. Es como un recurso de última instancia.

Y eso tiene un efecto que bien vale una segunda opinión.

Lo que un estado de derecho produce es quizá el activo intangible más valioso que existe: confianza razonable en el futuro. Es lo que da incentivos a grandes inversiones con rendimientos a largo plazo, porque saben que de existir un problema tienen una protección confiable de última instancia.

Ese estado de derecho es un buen freno a la codicia, a la que pone frenos y limita. No la anula, la hace inconveniente porque la hace costosa.

Es decir, un mercado libre en un estado de derecho padecerá abusos originados por la codicia, pero ellos serán menos frecuentes que sin ese estado de derecho.

Las leyes y los tribunales, por alta que sea su calidad, no detendrán a vicios como la codicia en su totalidad. Jamás podrá hacerse.

Siempre existirán personas que en ocasiones sucumban a la oportunidad de ganar dinero por medios reprobables… que es lo que me lleva de nuevo a lo que dije al inicio: los vicios e inmoralidades no serán nunca anulados. Siempre los habrá.

Los sufrirán los sistemas de mercados libres, capitalistas, pero los tendrán también los sistemas de mercados intervenidos, socialistas.

Esos vicios son una constante humana que no desaparecerán si, como me ha asegurado un amigo, se implantase un sistema socialista como el cubano. Esto es lo que hace fascinante al tema al plantear una pregunta importante.

Si vicios como la codicia son constantes en las personas humanas, ¿bajo qué sistema económico podrán tener la menor incidencia?

Unos dicen que un sistema capitalista tiene mejor control de la codicia y otros dicen que el socialismo es el que más la limita.

Discutir esto es prometedor. Podría empezarse con comparar la cantidad de codicia sin frenos que existe en Venezuela con la que existe en Canadá. Será una discusión fascinante.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios y en ContraPeso.info: Capitalismo.

La discusión que sugiero considera a la codicia y al resto de las conductas reprobables como una constante humana. Una constante que no desaparece por la gracia de la implantación de sistema alguno, pero que podría ser minimizada dentro de un sistema con ciertos incentivos.

La discusión, por supuesto, deberá partir de suposiciones realistas y evitar al síndrome socialista que toma como hipótesis que los gobernantes son seres sin defectos que buscan sólo el bienestar ajeno (eso violaría la idea de que los vicios son una constante en todas las personas).

Lo que se sostiene en esta columna es directo: es incorrecto presuponer que cambiando de un sistema capitalista a uno socialista desaparecerá así la codicia y la avaricia,

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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