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¿Cómo funciona la estupidez humana? Ella opera bajo al menos cinco leyes fundamentales. Y eso permite entender la existencia de diversos tipos de estupidez.

Introducción

Es costumbre arraigada el lamentar en cualquier tiempo la situación actual, sea la que sea. Siempre ella podría ser mejor. Por supuesto, siempre podría ser mejor.

Siempre la situación actual es lamentable, lo ha sido siempre. Lo que Cipolla hace es algo valioso, el proveer una explicación de la siempre penosa situación.

Esa explicación es la estupidez humana, a la que define como uno de cuatro tipos posibles de conducta y sobre la que postula leyes fundamentales.

La idea fue encontrada en Cipolla, C. M., Allegro ma non troppo. Barcelona: Editorial Crítica, pp. 53-87, que contienen el ensayo Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana.

Un estado lamentable constante

Inicia el autor su idea con una consideración que piensa es universal: la humanidad se encuentra en un estado lamentable, lo que no es novedad. Siempre ha estado así, en un estado lastimoso.

La causa: los humanos padecen las limitaciones naturales de todos los seres, pero adicionalmente otra, la de sufrir los efectos de un cierto tipo de persona, los estúpidos.

Con esa introducción, arranca el ensayo, que postula cinco leyes sobre la estupidez humana.

¿Cómo funciona la estupidez humana? Cinco leyes lo explican

Primera Ley Fundamental: un error de cálculo

Las personas calculan siempre que existe un menor número de estúpidos que el real. Siempre hay más de los que se cree.

La realidad confirma esto en las experiencias cotidianas. Personas a las que se había considerado razonables antes, suelen aparecer más tarde como estúpidas.

De manera consistente, además, puede verse cómo con terquedad los estúpidos aparecen sin aviso en todo momento y lugar, creando problemas al resto.

Un principio central en la explicación de cómo funciona la estupidez humana.

Segunda Ley Fundamental: la posibilidad de ser estúpido es una constante

Dice Cipolla que está firmemente convencido de una realidad: no todos los seres humanos son iguales, pues los hay estúpidos y los hay que no lo son.

La estupidez, más aún, no es producida por causas ambientales, sino que es un resultado natural, genético, como el tener el pelo rubio, o cierto tipo de sangre.

La naturaleza mantiene como una constante al número de estúpidos, igual que el número de hombres y de mujeres en todas partes. Esta es la fracción E, que es una constante en todo tiempo y lugar.

Todas las razas, naciones, todas las edades la poseen sin excepción. No varía dependiendo de nada, ni de la educación, ni de la edad, ni del ingreso, de nada.

Esta segunda ley es una de hierro. No tiene excepciones. Es la misma proporción entre mujeres que entre hombres, en países avanzados que en pobres.

Una proporción que, según establece la primera ley, es siempre mayor a la estimada por las personas. Otro complemento para saber la manera en la que funciona la estupidez humana.

Tercera ley Fundamental: el estúpido daña

La persona estúpida es aquella que en sus tratos con otros les causa un perjuicio sin obtener para ella un beneficio o incluso sufriendo un daño.

La ley se basa en la clasificación de las personas en cuatro tipos, que son los cuadrantes de la gráfica:

Incautas, en el cuadrante H

Es la persona X que con su conducta causa un beneficio a la persona Y, pero con un daño personal a sí misma. Área negativa para X y positiva para Y.

Inteligentes, en el cuadrante I

La persona X tiene una conducta que causa un beneficio para sí misma pero también para la persona Y. Área positiva para X y también positiva para Y.

Malvadas, en el cuadrante M

La persona X tiene una conducta que le causa un beneficio a sí misma pero un perjuicio a la persona Y. Área positiva para X, pero negativa para Y.

Estúpidas, en el cuadrante E

La persona X tiene una conducta que causa un perjuicio a la persona Y, pero también un daño a sí misma. La esencia de cómo funciona la estupidez humana dañando a todos.

En resumen

Esto lo constata la experiencia cotidiana universal. Los sucesos diarios demuestran casos de personas que dañándose a ellas mismas logran un beneficio en otros; que beneficiándose ellas, benefician también a los demás; y que dañando a otros se benefician ellas mismas.

Estas tres posibilidades indican la otra posibilidad, la de quien dañando a otros también se lastima ella misma. Causan ellas dificultades, problemas. Hacen perder tiempo, crean obstáculos. Y hacen todo eso y más sin realmente ganar nada para ellas. La única posible explicación es su estupidez.

Cuarta Ley Fundamental: el olvido del daño producido por la estupidez

La persona no estúpida olvida con constancia la capacidad de daño que producen las personas estúpidas.

Quienes no son estúpidos ignoran siempre el costo grande que producen las personas estúpidas. Es un error consistente de precaución el que señala esta ley.

Se trata de una enorme falta de previsión que cometen las personas inteligentes, lo que incluye a los malvados. Suelen creer que los estúpidos solo se dañan a sí mismos, cuando la realidad es que dañan a otros.

Quinta Ley Fundamental: el peligro mayor

Los estúpidos son el grupo de mayor peligrosidad que existe, más peligrosos aún que los malvados.

Esto puede verse en la gráfica. En el área M, la de los malvados, el daño a uno corresponde al beneficio de otro. En el área de los incautos, la H, sucede lo mismo. En el área I, la de los inteligentes, que es la mejor, todos ganan. Pero el el área E, la de los estúpidos, todos pierden.

Visto a nivel macro, de manera agregada, la sociedad entera sufre pérdidas netas en el área E. Y se confirma así cómo funciona la estupidez: las personas estúpidas son las más peligrosas en todo tiempo y lugar.

Otras cosas más

Cipolla hace consideraciones adicionales que permiten entener mejor cómo funciona la estupidez humana.

Una de ellas es la que examina la capacidad de daño del estúpido, que depende en parte del grado con el que la naturaleza ha dotado a la persona del rasgo de estupidez.

Las hay que forma parte de la elite del grupo y son, por eso, personas con gran capacidad de lastimar a otros.

Pero la capacidad de daño también es dependiente de la posición que el estúpido posea. En posiciones de gran poder su capacidad para dañar será mayor que en posiciones menores.

Esto afecta a los gobiernos, donde la proporción de estúpidos es una constante, igual que en el resto, pero tienen posiciones de mucho mayor poder.

Del otro lado, la proporción E de estúpidos, que es una constante en todo momento y lugar, incluye por definición a los votantes que en las elecciones actúan de manera consistente, como todos, dañando a otros pero también a ellos mismos.

Otra consideración del autor es reveladora. Una persona inteligente tiene dificultad en entender al estúpido, la misma dificultad que tiene un malvado, pues ambos se comportan bajo criterios racionales, aunque en ocasiones sean indebidos. Ninguno de ellos puede entender al estúpido, cuya conducta desafía la lógica.

No hay manera de prever las acciones de los estúpidos y por eso, es imposible defenderse de ellos. Se presentan en situaciones inesperadas, con acciones impredecibles.

Finalmente, señala Cipolla que quien es inteligente, lo sabe; quien es malvado, lo reconoce; el incauto tiene sentido de su inocencia. Pero el estúpido no sabe que lo es.

Esta falta de conciencia de su naturaleza es parte importante de la devastación que causa. Aparecerá él sin aviso en el momento menos oportuno para destruir, complicar, dañar, lastimar y hará todo eso sin doblez ni vergüenza.

Véase una expansión de esta idea en Leyes de la idiotez humana: compendio y corolarios.

Más sobre los detalles de la manera en la que funciona la estupidez humana.

El funcionamiento de la estupidez

Por Eduardo García Gaspar

Tiene su gracia. La tiene por el cómo trata el tema y el tema en sí mismo. Me refiero a las leyes de la estupidez creadas por C. M. Cipolla. Son las siguientes expuestas brevemente.

  1. Siempre hay más estúpidos de los que se cree.
  2. El ser estúpido es independiente de todo rasgo personal.
  3. Ser estúpido es causar daños a otros sin lograr un bien personal.
  4. El no estúpido tiende a ignorar la capacidad de daño que tiene el estúpido.
  5. Los estúpidos conforman en grupo de mayor peligrosidad que existe.

Estupidez y persona

La parte que quiero ver más de cerca es la de la segunda de estas leyes, la de que ser estúpido es algo que nada tiene que ver con otros rasgos personales.

Cipolla dice que la ley se aplica incluso en grupos considerados de alta capacidad mental, como los Premios Nobel.

En pocas palabras, hay más estúpidos de los que uno se imagina y eso sucede en todas partes. Eso incluye los más altos círculos empresariales, académicos, políticos, científicos, todos sin excepción.

Sí, según Cipolla, hay más estúpidos de los que uno imagina entre los más sesudos columnistas, los más altos ejecutivos y los mejores profesores. Simplemente, dice, no hay excepción.

El caso de la estupidez buscada

Muy bien, si eso es cierto, y suena razonable que lo sea, existe una avenida de exploración adicional que puede hacerse.

¿Por qué una persona que, por ejemplo, es un experto en Química, o en Teología, o en Matemáticas, puede ser también estúpido?

La razón debe ser la misma por la que puede serlo un gran capitán de industria, el presidente del país más poderoso y muchos otros.

Veamos esto más de cerca. La razón más poderosa que encuentro es la del síndrome del experto que se sale de su campo. Por ejemplo, un célebre astronauta que opina sobre política exterior.

O un cantante de rock que habla de deuda externa. O una celebridad del cine que opina sobre asuntos morales. O cualquiera de nosotros que se atreve a dar recetas médicas.

En estos casos, la persona que domina con maestría un cierto campo, como la administración de su empresa, o experimentos de Física, sale fuera de ese territorio en el que tiene un gran dominio y se interna en otros, como el manejo de las reservas internacionales de un país, o su política monetaria.

En un territorio es un tipo inteligente se supone, en el otro es un estúpido. Una forma de profundizar en cómo funciona la estupidez humana con personas saliéndose del campo que dominan.

Un caso común

No es mala la explicación anterior. La vemos en todas partes. No solo en los medios noticiosos, vea usted como quizá un amigo suyo, un gran abogado o un my buen publicista, opinan sobre lo que debe ser la política fiscal del país, o el manejo del gasto público.

Pero esto no es todo, hay otra razón por la que todos somos estúpidos, o mejor dicho, tenemos el potencial de serlo.

Ya vimos que se puede ser estúpido cuando uno se sale de su área de competencia y entra a otra que desconoce. Obvio, pero queda el reto de cómo puede serse estúpido en los propios terrenos que se dominan.

La soberbia y el poder

La causa central de esto está en la soberbia: la persona cree saber tanto del tema que cree que los demás son tontos y se ciega a sus propias ideas. Es una estupidez debida a la miopía que causa el creerse el mejor.

Le puede pasar a todos, al empresario muy exitoso, al científico célebre, al profesor que está más actualizado, pero sobre todo, al político. Los gobernantes tienen en su contra una variable cegadora, la mayor de todas, el poder.

Creen ellos que son los poseedores de la clave del bien de la sociedad y que sólo ellos pueden realizarla, y así terminan con una soberbia que ciega implantando medidas en campos que desconocen.

Es decir, el terreno de los gobiernos produce la mayor fertilidad para la estupidez al combinar al poder con el orgullo. Es decir, el poder atonta y embrutece.

En resumen

Podemos entonces concluir que en todo grupo humano hay más estúpidos de los que uno imagina y que lo estúpido se potencia cuando la persona se sale de su campo de acción, o cree saber tanto que considera a los demás estúpidos.

Y, pero aún, cuando a la estupidez se le alimenta con poder.

Otra de las leyes dice que los estúpidos son el grupo más peligroso que existe, por la capacidad de daño que tienen.

Un corolario de esto puede ser el entender a los gobernantes como el grupo más peligroso entre los peligrosos: suelen entrar en campos que desconocen y creen ser poseedores del secreto del bienestar, a lo que se une el poder que sus puestos les dan.

[La columna fue actualizada en 2019-11]