Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Congruencia y Juventud
Leonardo Girondella Mora
16 marzo 2012
Sección: ETICA, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


A las personas —especialmente a los jóvenes— se les dirigen llamados a la buena conducta, a comportarse bien.

Sin embargo, algunos de esas advertencias tienen un fondo sospechoso y quizá equivocado.

Por ejemplo, uno de esos llamados a la juventud para que tengan conductas positivas está fundado en la congruencia interna.

Se les dice que deben ellos tener un autoconocimiento de sí mismos y actuar con congruencia.

No es eso, en sí mismo, malo, el conocerse a sí mismo es uno de los principios más sanos que puede tenerse —si se es razonable y honesto. Resulta desafortunado que ese llamado al conocimiento propio sea explicado en palabras como las siguientes:

“Sé auténtico contigo mismo. Sé congruente internamente entre lo que crees y lo que haces. Sé coherente con tus valores propios. Juzga tus acciones de acuerdo con lo que piensas. Intercambia opiniones con los demás, en un diálogo constructivo, si tienes dudas”.

Dije que es desafortunado que se les explique esto a los jóvenes como una base de buena conducta personal —es un llamado sumamente incompleto, que da pie a comportarse de la manera que se desee creyendo que se está haciendo el bien.

En lo que sigue comento las fallas de ese llamado a la congruencia personal que se les hace a los jóvenes principalmente.

• Comete un error de lógica: cuando se pide congruencia interna entre creencias personales y conductas reales, no hay límites a lo que pueda hacerse.

Una persona que crea que el amor se expresa sexualmente buscará tener relaciones sexuales continuas —quien crea con firmeza que no existe la propiedad intelectual, hará copias piratas de música y plagiará escritos.

Todas esas conductas son congruentes entre una creencia y su conducta —reprobables, pero congruentes internamente.

• Comete un error de imprevisión: cuando facilita un mecanismo mental de justificación posterior a una conducta reprobable —como quien consume drogas y posteriormente lo justifica diciendo que cree en la creatividad mental que las drogas producen.

Los seres humanos son muy susceptibles a estos intentos de congruencia posterior —encuentran justificaciones a sus actos después de realizarlos. La joven que admite tener relaciones sexuales con su novio con facilidad las puede justificar diciendo que ella cree con firmeza en el amor completo y sin condiciones.

• Comete un error de relativismo: cuando admite que cualquier creencia que pueda tenerse es válida si se cree en ella con convicción. Dos jóvenes, por ejemplo, pueden pensar, uno que plagiar material académico es admisible y el otro que es reprobable. Ambos piensan eso con convicción fuerte.

El pedir congruencia entre creencias y conductas, provocaría que fuera aprobado el alumno que cree que el plagio es bueno y lo ha cometido —el otro, que también ha cometido un plagio, sería reprobado por ser incongruente con sus ideas. Habría dos estándares morales contradictorios.

• Comete un error de descuido: cuando el pedido de congruencia entre creencias y acciones ignora principios morales o éticos establecidos y fijos, que pueden no ser creídos por la persona. Un ejemplo, el mentir como justificación a la realización de una acción.

Un joven que cree en la necesidad de tener relaciones sexuales con su novia actual justificará el mentir que se casará con ella para lograrlo —aunque no esté seguro de que lo hará.

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Los cuatro errores mostrados prueban que el llamado a una conducta buena basada sólo en la congruencia entre creencias y actos personales es un argumento muy descaminado para lograr que los jóvenes tengan conductas buenas —o al menos, que no realicen actos reprobables.

La congruencia que debe buscarse no es entre sus propias creencias y sus actos, sino entre principios éticos o morales exteriores a ellos y sus conductas. Los jóvenes aún no acumulan experiencias personales suficientes para lograr juicios sólidos sobre su conducta —resulta irresponsable creer que ellos ya pueden ser autónomos en el juicio de sus acciones.

Nota del Editor

Quiero añadir dos ideas. La primera: dice Girondella que los jóvenes no tienen aún experiencia suficiente como para evaluar moralmente sus actos, lo que es cierto, pero agrego que en la misma situación están la mayoría de los adultos. Por eso se necesitan mandatos morales objetivos externos a las personas.

La segunda: resulta un acto miope no aprovechar el cúmulo de experiencias y conocimientos que existen sobre la materia y que pueden y deben ser tema educativo para todos. Las ideas griegas sobre la Ética son conocimiento indispensable que suele dejarse de lado en la educación actual.

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