Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cosecha de Décadas
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Fue una no-noticia. Era lo esperado. El Universal lo expresó bien, “‘Rasuran’ reforma a ley laboral”.

Es decir, los “temas polémicos”, como el de la autonomía sindical y el derecho de huelga. Modificaciones que “están descartadas”.

Algunos han comentado que en realidad no será una reforma, sino en esencia un cambio cosmético.

Cosas como la transparencia sindical harían a los sindicatos entidades con responsabilidad de justificar sus acciones y agremiados, algo bueno pero que afecta a los líderes y su amor por el no rendir cuentas. Los contratos a prueba, nada deseables para los sindicatos.

En fin, las ganas de hacer algo mejor, más actual, se frenan por intereses creados.

No es sorpresa. Es la reacción normal en todos los casos de reformas sustanciales. En todas partes. Los sucesos son parte de una cadena más o menos o conocida. El ciclo intervencionista que intenta ser desmantelado.

Todo comienza con un acto de gobierno que concede privilegios a algún grupo, por ejemplo, una pensión a ciertos trabajadores del gobierno, o autonomía sindical a líderes que así no tienen deberes de rendir cuentas. Muchas de estas acciones son favores y privilegios dados a grupos de interés. Actos que distorsionan la asignación racional de recursos, pero producen alianzas políticas.

El privilegio se mantiene en el tiempo, se vuelve costumbre y da beneficios selectivos a algunos, como protección contra importaciones a ciertas empresas, o limitación de competencia para otras, o pensiones laxas para ciertos sindicatos, o lo que a usted se le ocurra. Los favorecidos se acostumbran a hacer un modo de vida de esos privilegios, que les dan un sustento y son su sustento.

El intervencionismo económico se convierte en una forma de vida que da rentas a los elegidos.

¿Qué más puede pedir un líder sindical que manejar los fondos de sus afiliados sin necesidad de reportar sus acciones? ¿Qué más puede pedir un trabajador que la imposibilidad de ser despedido?

¿Qué mejor beneficio que tener la garantía de una pensión muy superior a las estándares con muchos menos edad que la normal para la jubilación?

Estas preferencias y estos privilegios, pasado el tiempo, se convierten en lo que dije, reales formas de vida para grupos sustanciales que se convierten en clientes gubernamentales: a cambio de sus votos la autoridad les mantiene esos favores e incluso los aumenta.

Se forma así una élite de personas que estándares de vida superiores al resto de los ciudadanos, como el jubilado del IMSS contra el jubilado estándar en México.

Llega, tiempo después, una situación que cuestiona esos privilegios. Lo más común es la falta de fondos en las finanzas públicas, es decir, una bancarrota gubernamental, como ahora se ve en tantas partes y el camino en el que están los EEUU.

O puede ser que los deseos de actualizar a la economía creen iniciativas de modernización a una economía flexible y con potencial de crecer. O una situación indeseable de desempleo causado por salarios y prestaciones demasiado altas.

Por esos u otros motivos, se presentan iniciativas de cambio que persiguen actualizar al país. No es una mala idea, pero para los grupos de élite, los que el gobierno ha privilegiado, eso es una amenaza a su manera de vida.

Imponerle a un líder sindical la obligación de rendir cuentas es como quitarle el cognac de la boca, lo mismo que permitir que los trabajadores voten en secreto si quieren o no ser parte de su sindicato.

Y es así cómo se produce una reacción extrema en los grupos privilegiados, sean los que sean. Su vida misma está en riesgo, toda su forma de vida puede desaparecer si la reforma se implanta. Y eso para ellos, es inaceptable. Harán todo lo posible por evitarlo. Todo.

Algunos gobernantes aprovecharán la situación, y ofrecerán su apoyo a estas élites a cambio de, por supuesto, su apoyo político.

Ahora, en el caso mexicano es normal que los sindicatos aleguen que es una “conquista laboral” el que sus líderes no presenten cuentas a sus agremiados. Y de defenderán con todo.

De esta manera, las reformas que harían bien al país se detienen, se ‘rasuran’ para mantener privilegios. Si hay cambios, ellos serán pocos y pequeños.

Es, al final de cuentas, eso de cambiar para seguir igual. Estas etapas, para quien las entienda, son un motivo de prudencia política, la virtud del estadista. Lo que le manda a ser precavido y ver las consecuencias de largo plazo de sus decisiones.

La virtud que exactamente le faltó a todos esos que vieron a la autonomía sindical como una protección contra la rendición de cuentas. A esos que vieron a las pensiones privilegiadas como una forma de conseguir apoyos. A los que no vieron que, en general, no puede gastarse lo que no se tiene.

Lo que hoy se vive, por estas razones, es lo que produjo la falta de prudencia de gobernantes de hace veinte, treinta, cuarenta, cincuenta y más años. Y entre todos ellos hay uno que en México destaca por una falta de prudencia que es legendaria, Lázaro Cárdenas.

Desmantelar los mostruos creados así es una tarea cercana a lo imposible.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos. También en ContraPeso.info: Ciclo Intervencionista.

Las protestas de indignados, de occupy, deYosoy132, las de Grecia, las de España y muchas más son efectos de tratar de desmantelar la red de privilegios creada por el intervencionismo económico. No son movimientos débiles y al final de cuentas son luchas en favor de mantener privilegios y crear nuevos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Cosecha de Décadas”
  1. jesus Dijo:

    ¡Ah! esas zonas de confort, es difícil dejarlas, y como inicia el articulo, era de esperarse, pero bueno, mas malo hubiera sido el no intentarlo, hay que seguir manteniendo los privilegios de pocos a costa del sufrimiento de muchos, que caray.





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