Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Criaturas del Poder
Eduardo García Gaspar
7 junio 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Son cosas que deben saberse. Cuestiones básicas que alteran la vida entera de una nación.

Me refiero a algo que puede sorprender. No a usted, pero sí a los gobernantes.

Puesto de manera cruda: los gobernantes no son mejores que usted o que yo, son iguales y muchas veces peores (lo que me imagino ellos tratarán de negar).

La idea tiene importancia especialmente en momentos de elecciones, como ahora en México.

Pero los principios aplican a todos los países en lo que existan políticos en campaña para llegar a puestos de elección popular. Todos ellos son seres limitados, tan limitados como el resto de nosotros. A veces incluso más.

Comencemos por algo tan obvio que no se nota. El campo de acción de los gobiernos.

Es tan amplio, tan grande, que impide tener un conocimiento completo de lo que allí sucede. Puesto de otra manera, los gobernantes en gobiernos excedidos no tienen la capacidad de entender todo lo que sucede en su gobierno.

Y si tuvieran la capacidad, no tienen el tiempo.

La conclusión es la natural: desconfíe de todo político en campaña que prometa y prometa cosas, que tenga cientos de promesas para todos los sectores en todas partes del país.

No hay nadie que lo pueda lograr porque no sabrá todo ni tendrá tiempo de hacerlo. Olvídese de los que prometen demasiado.

Usted podrá olvidarse, pero a los políticos les sucederá otra cosa. Tratarán de simplificar la realidad, simplificarla a tal grado que se vuelva incomprensible para el resto, pero para ellos una especie de sueño personal.

Ante la imposibilidad de saberlo todo, de poderlo todo, el gobernante con ganas de hacerlo todo, creará su propio mundo interior. En ese mundo inventado por él, todo es posible.

Es un fenómeno que ahora puedo explicar mejor y que bien vale una segunda opinión.

Dadas las limitaciones de conocimiento y tiempo del gobernante, pero creyendo que no las sufre, el gobernante crea su propio mundo. Es una especie de realidad virtual, un mundo creado en su mente y en el que él no tiene esas limitaciones.

Estoy hablando de una alteración de la realidad en la mente del político.

Dentro de ese mundo virtual propio, todo lo que él propone es posible y todo lo que él hace es bueno y tiene resultados. En ese mundo, por ejemplo, siempre hay recursos abundantes y siempre sin suficientes para sus proyectos y planes.

En ese mundo, lo que llega a contradecirlo, es desechado de inmediato, por razones como “causas populares”, “razones de estado”, “compromisos históricos”.

¿Suena extremo? Lo es, pero es la realidad. Las situaciones de alto poder tienen una terrible tendencia a aislar a las personas de la realidad y a crearles mundos virtuales en los que ellos lo pueden todo.

Es lo que la historiadora B. Tuchman ha apuntado hace tiempo: el poder embrutece. Definiendo eso como la implantación continua de políticas opuestas al propio interés del gobernante.

En México esto es patente con realidades como el monopolio estatal petrolero y la concentración de la actividad educativa, que han creado fuerzas que retan al gobierno mismo. La política agrícola, por ejemplo, actuó en contra del gobierno al impedir su desarrollo, pero no se dio un paso atrás.

Mi punto es directo. Los puestos de elección popular tienen una tendencia a alterar el estado mental de quien los ocupa.

Una alteración manifestada generalmente en la creación de una realidad alternativa que creyéndose real provoca decisiones opuestas al interés del gobernante mismo y que dañan a la nación.

Conforme más poder detente el gobernante, mayor será esa tendencia a alterar la mente del gobernante. Por eso, los gobiernos excedidos, de alto poder, tienden a embrutecer más al gobernante que gobiernos más reducidos y limitados.

No es que la estupidez sea exclusiva de los políticos, lo que sucede es que la estupidez se magnifica más en las posiciones de alto poder gubernamental. Esto es todo.

Quizá sea esta la mayor diferencia entre un político y un estadista.

El político es un gobernante al que el poder ha trastornado. El estadista es ese que ha sabido mantener la cabeza clara y la mente aguda a pesar de tener poder.

El político, en campaña, es el que se cree omnipotente y hace promesas a tontas y a locas. El estadista es más prudente y sabe que la realidad existe.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Ambición de Poder y en ContraPeso.info: Poder Atonta.

Un caso claro de estupidez prolongada es el de Cuba bajo el dominio de Castro. Incluso viendo la realidad, los resultados fracasados de sus decisiones, la estupidez no desaparece. Ella permanece entercada en su mundo inventado e irreal, donde por supuesto, los resultados son positivos.

Quizá el principal rasgo de la estupidez del gobernante con gran poder es su ambición de poder. Es una especie de droga que nunca es suficiente. Y conforme crece el poder, la estupidez de magnifica, lo que como en el caso de Venezuela, define como bueno y con resultados positivos anticipados todo lo que el presidente decida, no importa lo que sea.

En México, después de Echeverría y López Mateos, el político que ha mostrado los más claros indicios de sufrir esta patología es López Obrador, un constructor empedernido de su propia realidad en la que él no tienen limitaciones y es un súper dotado.

Un caso digno de Kafka fue el reportado por La Jornada : “De las 6 mil promesas que, ante notario, ofrece cumplir Eruviel Ávila, triunfador de las pasadas elecciones del estado de México…” Véase esta información.

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