Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen: Dos Direcciones
Leonardo Girondella Mora
14 febrero 2012
Sección: CRIMEN, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Las soluciones del problema del crimen organizado y de la elevación de la criminalidad pueden clasificarse en dos direcciones.

Una de esas direcciones es la que denomino directa y consiste en una estrategia que agrupa acciones policiales y judiciales —es un ataque inmediato que se percibe en actos como arrestos, condenas, confiscaciones y similares.

La mentalidad de la dirección directa es la de ver al crimen como una violación a las leyes, la que merece un castigo y en donde existen culpables específicos que pueden y deben recibir castigos.

La otra dirección, a la que denomino indirecta, consiste en otro tipo de estrategia, muy distinta a las anteriores. La mentalidad de esta dirección de combate a la criminalidad se sostiene en las creencias que tiene con respecto a las causas supuestas de un aumento de la criminalidad.

El propósito de lo que sigue es explorar esta dirección indirecta de combate a la criminalidad —en específico quiero hacer un examen de las causas usuales esta mentalidad proponen para solucionar el problema del crimen:

• Suele decirse que buena parte de la criminalidad se debe a sufrir una economía en crisis. Establece una relación causal entre crecimiento económico y número de crímenes: si crece el PIB el número de crímenes se reducirá y si no crece, el crimen aumentará.

• Suele también afirmarse que la falta de creación de empleos es causa de criminalidad. Si el número de nuevos empleos creados se eleva, el número de crímenes se reducirá y si no se crean suficientes empleos, aumentarán.

• Más vaga es la causa que se asigna a la “falta de oportunidades a los jóvenes”, estableciendo una relación causal entre esa falta de oportunidades y la criminalidad. Si el número de oportunidades juveniles se eleva, la criminalidad disminuye y si se reducen, el crimen se eleva.

• Otra causa que se menciona es la que establece también una relación causal entre educación y criminalidad. Conforme se reduce el número de años de estudio aumenta la probabilidad de que la persona se convierta en criminal y lo opuesto.

Las anteriores y otras similares han sido repetidas numerosas veces por muchas personas —también han sido tomadas como partes de plataformas electorales de diversos candidatos en México.

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Todas estas causas de la dirección indirecta para solucionar la criminalidad tienen características que examino en lo que sigue:

Todas ellas son posibles de probar con evidencias prácticas —con casos reales que las validen o nieguen. Por ejemplo, si se piensa que la pobreza es causa de criminalidad, eso permitiría predecir que el crimen sería mayor en un país pobre que en uno rico; o bien que la tasa de desempleo se mueve en sentido inverso a la criminalidad.

En lo anterior, por lo general, no existen relaciones que sean evidencias determinantes para aceptar tales causas —las predicciones hechas por las relaciones establecidas no poseen respaldo real. Muy posiblemente esto se debe a la naturaleza multivariable de la criminalidad.

Todas ellas, además, tienen el rasgo de poderse convertir en un plan gubernamental de intervención —por ejemplo, en el caso de crear empleos para reducir el crimen, el gobierno podrá elevar su gasto con la esperanza de reactivar a la economía y reducir el crimen.

Todas ellas, también, proveen soluciones que no son inmediatas —podrían esperarse años antes de que surtan efecto sustancial, si es que lo logran. En el corto plazo, no dan resultado alguno y el crimen permenecería sin resolver.

El efecto de poner atención en este tipo de medidas puede hacer perder el objetivo central del combate al crimen —son una especie de soluciones indirectas, con efectos colaterales esperados que no son soportados por evidencia empírica sólida. Se trata más bien de buenos deseos.

A pesar de sus grandes defectos, las soluciones indirectas tienen alguna perspicacia valiosa si se profundiza en ellas más de lo usual —por ejemplo, el criminal puede serlo por una decisión explicada por su costo de oportunidad: un empleo con ingreso bajo, por educación escasa, puede motivar a aceptar riesgos de prisión si el ingreso aumenta notablemente.

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Todo lo anterior tuvo como meta el apuntar la debilidad de las causas de criminalidad que creen quienes optan por el camino indirecto a su solución —los esfuerzos basados en esta mentalidad no dan garantía alguna de que darán resultados en el largo plazo. En el corto plazo no darán ninguno.

Es preferible seguir la dirección directa, la que considera al crimen como una acción ilegal por parte de personas concretas y que puede reducirse con medidas que las castiguen rápida y efectivamente —lo que en términos económicos significaría elevar los costos de la criminalidad y reducir sus ingresos, de manera que la decisión más razonable sea la de no dedicarse al crimen.

Nota del Editor

Aunque la columna establece con argumentos sólidos que los remedios indirectos a la criminalidad son al menos dudosos y olvidan qué hacer en el corto plazo, no apunta a otra crítica que bien merecen las soluciones indirectas.

Olvidan ellas los aspectos éticos del individuo, al que tratan como una máquina que reacciona sólo a estímulos económicos (una visión demasiado limitada del ser humano). Si, por ejemplo, el tener empleo fuera el remedio a la criminalidad, no existiría delito alguno entre personas empleadas.

El contraste entre las medidas directas y las indirectas tiene su origen en visiones distintas. Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crimen.

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