Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Culpas y Piedras
Eduardo García Gaspar
21 agosto 2012
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La historia es reciente, aunque en la perspectiva periodística sea vieja.

Es la historia de monseñor Fernando Bargalló. El era obispo de Merlo-Moreno, en Uruguay.

Todo inició con unas fotografías.

Lo mostraban con una mujer en una situación afectuosa en una playa de México.

La noticia fue reportada a finales de junio. Bargalló admitió un “vínculo sentimental” y presentó su renuncia. Los hechos recibieron una dimensión adicional justificada.

Bargalló es obispo católico y había sido presidente de Cáritas Argentina. Más aún, fue después titular de Cáritas América Latina.

No es una noticia aislada. Es parte de las notas de escándalo de varios tipos y en específico trata sobre la Iglesia Católica, una de las instituciones favoritas de esas notas.

Hay quienes gozan noticias de este tipo. Todo lo que dañe a esa iglesia lo reciben con agrado y lo amplifican. Y hay, del otro lado, quienes ven tales notas como parte de un ataque organizado que exagera los hechos o incluso miente.

Esto merece una segunda opinión. No me refiero a Bargalló y sus circunstancias particulares, sino a otra cosa de mayor trascendencia.

Para entenderlo, tome usted otro caso similar en otra circunstancia. Digamos que un abogado importante, o un médico famoso, o un gobernante de alta jerarquía, comete un acto opuesto a lo esperado en su posición.

En estos casos, la crítica se dirige a las personas mismas y no tanto a las organizaciones o profesiones a las que pertenecen.

Una fechoría de un gobernante es tratada como una acción indebida de la persona y a nadie se le ocurre convertir eso en un motivo de crítica al gobierno en general. Tampoco a nadie le pasa por la mente atacar a la Medicina cuando algún médico comete un acto reprobable.

Y, sin embargo, en casos como los del obispo Bargalló, sucede lo opuesto: se convierten en un ataque a la Iglesia Católica mucho más que una crítica a la persona que cometió la fechoría. La diferencia es llamativa y creo que tiene explicaciones.

Una de ellas, la menos interesante, es la que dice que noticias como ésta, están alimentadas por quienes poseen un antipatía pronunciada por la religión, especialmente la Católica.

Pero lo que es mucho más interesante es la otra explicación. Tiene esa iglesia tal imagen y genera tantas expectativas que las fallas y faltas de sus miembros son altamente llamativas y son sujetas de atención inmediata en los medios.

No creo que exista ninguna otra iglesia en la misma posición. Una acción similar a la de Bargalló en otra institución no recibiría tanta atención.

La posición de la Iglesia Católica es tan clara, firme y tan opuesta a las opiniones políticamente correctas que, cuando uno de sus obispos no respeta sus mandatos, el hecho se convierte en una noticia de escándalo. Y, me parece, es merecido en sí mismo.

Si nos fuéramos unos dos mil años atrás, habríamos leído un par de encabezados: “Principal apóstol niega conocer a su Maestro” y “Vende a su Maestro por 30 Monedas”. Lo del obispo ahora no es precisamente nuevo y muestra algo obvio, la imperfección humana.

Vayamos a otro caso, el de una pareja de casados. La expectativa que se tiene de su matrimonio es la natural, fidelidad conyugal. Si alguno de ellos falta a esa expectativa comete una violación a su promesa matrimonial realizada con libertad.

El obispo hizo lo mismo, violó una de las promesas que hizo al aceptar ser sacerdote. Exactamente igual que la rotura de la promesa de honestidad que comete un gobernante corrupto.

Al final de cuentas es la imperfección humana una realidad inevitable: fallamos con frecuencia, faltamos a nuestras promesas, violamos reglas de conducta. Todo es un efecto de la libertad que gozamos personas defectuosas.

Y, lo maravilloso del asunto es que tenemos a pesar de eso una expectativa natural de conductas deseables, que es lo que nos hace reprobar el comportamiento del obispo, pero también los de quienes hacen cosas similares en sus vidas.

Es decir, el resto de nosotros… lo que nos lleva a una de las ideas más penetrantes que jamás se hayan tenido: “el que esté libre de toda culpa que arroje la primera piedra”. Los juicios que hacemos de otros suelen ser más severos que los que nos hacemos a nosotros mismos.

Post Scriptum

Cuando se reconoce como indebida alguna conducta, sea de quien sea, ello supone la inevitable existencia de una idea que califica acciones.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Culpas y Piedras”
  1. Homero García Dijo:

    Comento un poco tarde pero no tuve oportunidad de leer su columna en esta fecha.
    Fui alumno suyo y sinceramente su columna (en temas políticos) es muy de mi agrado y por lo general comparto su punto de vista. En mi opinión, creo que en ésta comete un error grave al comparar la atención dada a la falta del sacerdote a una similar por algún profesional o funcionario público.

    Estando de acuerdo que ambas son víctimas de la imperfección humana, una conlleva faltas legales, daños a la salud en caso de negligencia y acciones que pueden afectar a millones de ciudadanos; y la otra, la del sacerdote, no tiene ninguna consecuencia tangible, ya que está basada única y exclusivamente en una Creencia.

    Es completamente lógico y necesario que la atención sea dirigida a la persona en sí ya que es la misma persona la que atenta o falla contra un tercero, ya que el abogado puede facilitar la condena de otro, el médico terminar una vida y el funcionario ni se diga.
    ¿En cambio el sacerdote qué hizo?
    Traicionó únicamente a su persona y a la entidad a la que juró lealtad y celibato, sin afectar a un tercero y basado únicamente en una Creencia, la cual predica completamente lo contrario.

    El detalle (aunque haya sido la persona) es que dicha Creencia exige un comportamiento propio a su clero y seguidores y la única consecuencia que puede tener una persona es ser juzgada y simplemente renunciar la misma. Si esto tuviera una consecuencia legal no dudo en que persigan al sacerdote y no a la Iglesia.





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