Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Elefantes a Hamacas
Eduardo García Gaspar
9 agosto 2012
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son unos elefantes decorativos. Les llaman Kakiemon y tienen su historia.

Una historia de globalización en el siglo 17.

Los hicieron artesanos japoneses que siguieron técnicas chinas y coreanas.

Los animales, hindúes, fueron diseñados para el gusto de los ingleses. Y los comerciaron los holandeses.

Una conexión fascinante.

Una muestra, estoy seguro, de un rasgo humano, el de comerciar. Como dijo Adam Smith, está en la naturaleza humana la inclinación natural a intercambiar unas cosas por otras.

No está mal, al contrario. Si algo nos sobra lo primero que imaginamos es cambiarlo por algo que nos falta. La lógica es aplastante.

Si usted cría conejos, tendrá de sobra, muchos más de los que se comería. Sin pensarlo se le ocurriría ofrecerlos a quien cría vacas y obtener leche, que usted no tiene.

Y si acaso encuentra que a nadie gustan los conejos, buscará qué cosas gustan a otros y no tienen, para usted producirlas. Como los elefantes Kakiemon para los ingleses. Es un estado natural de cosas.

Lo de esos elefantes, sin embargo, tiene una cualidad interesante. Los artesanos japoneses, sin manera de estar en contacto con los clientes ingleses, no los hubieran creado. Hubieran vendido otras cosas en un ámbito local, con clientes físicamente muy cercanos y nada más.

Pero ahora, todos en todas partes, vendedores y compradores, tienen un panorama mejor, más amplio.

Llámele libre comercio, globalización, mundialización, o lo que sea, eso es parte de nuestra misma naturaleza. Y, lo mejor, es de beneficio. Todos terminan mejor. Enfatizo al sujeto de este comercio, la persona misma.

Porque, la realidad es que son las personas las que comercian entre sí. Es alguien que cree que a los mexicanos interesan las cervezas inglesas las compra a personas para que otras, en este país las beban.

Parece tonto enfatizar que son las personas las que comercian entre sí, pero hace falta aclararlo. Es lamentable que en el lenguaje de las noticias y la información se hable de que una nación vende a otra, lo que es falso, literalmente falso.

Lo que sucede es que un español, por ejemplo, le vende o compra a un colombiano. Los países no pueden comerciar, sólo las personas lo pueden.

Dije lamentable porque los gobernantes, que de esto no entienden mucho, piensan que su país compra y vende a otros países y, por supuesto, quieren meterse a intervenir en ese comercio.

Y cometen así una serie de barbaridades que obstaculizan esa tendencia natural de los humanos. El resultado es el obvio, todos pierden.

Si alguien quiere venderle a los franceses o a los chilenos, lo hace porque cree que eso es lo mejor para él. Y sí alguien compra a los chinos o a los coreanos, es porque piensa lo mismo.

Sólo un soberbio puede atreverse a pensar que esas decisiones personales son malas y que él sabe más que los compradores y vendedores.

Si los ingleses quieren elefantes de cerámica japonesa y los japoneses pueden hacerlos copiando animales de la India en cerámica estilo chino, no veo cómo alguien puede pretender que sabe más que ellos e interferir en esa transacción.

Y esto es lo que me lleva a algo que creo que bien vale una segunda opinión.

De los elefantes japoneses y de los gustos ingleses del siglo 17, podemos ir hasta la mayor falta humana, la soberbia. Es ella la que está detrás de la política gubernamental de interferir en los mercados, sean o no internacionales.

Para intervenir, no hay remedio, se necesita una condición absoluta: el gobernante sabe mejor que el vendedor y el comprador lo que a ellos conviene.

Para poner las cosas más claras. La intervención estatal en la economía, si llega a su extremo lógico, significaría que será una comisión de burócratas la que le ordenará a usted qué cosas comprar, en qué momento y a qué precio.

Lo que usted quiera o desee no cuenta bajo ese intervencionismo. No exagero.

Recuerde usted la promesa de muchos gobernantes, la de hacerlo feliz a usted desde que nace hasta que muere. Y eso significa que sus deseos, los de usted, serán sustituidos por los de los burócratas que, por definición, suponen que usted es un tonto y que son ellos los que tomarán las decisiones en su lugar.

Y sucederá que si usted quiere elefantes japoneses para su sala, terminará teniendo hamacas para su patio.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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