Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Fanatismo a Tiranía
Eduardo García Gaspar
17 julio 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un sistema de gobierno. Uno de los posibles arreglos políticos posibles de tener.

Consiste en hacer descansar a la autoridad política en manos de uno sólo. O un grupo pequeño.

Alguien que concentra la autoridad en su persona y que su palabra se vuelve mandato obligatorio.

Lo llamamos tiranía.

Tiene varias características, pero la central es la concentración del poder político en unas manos. No hay aquí otra institución política que no sea su voluntad. Tampoco hay un deseo de buscar dignidad y nobleza en esas manos.

Es el uso del poder por el poder mismo. Es el dejar al arbitrio de un sólo hombre, sin importar nada más, el gobierno de la nación.

Por supuesto, es un arreglo político defectuoso y equivocado en su misma naturaleza.

• La concentración del poder lleva sin remedio a abusos de poder.

• Esa misma concentración de poder lleva a errores colosales en las decisiones de gobierno, pues ninguna persona tiene el conocimiento suficiente como para gobernar de esa manera.

Nada de esto es desconocido. Todos reprobarían un régimen de este tipo. Y, sin embargo, hay un fenómeno curioso que lo propone y fomenta. Una manera de pensar que, sin saberlo, intenta imponerlo.

Fui testigo de la pintoresca mentalidad de la que hablo al hablar con un par de personas que aún son fans de uno de los candidatos a la presidencia en México. En lo que sigue analizo su mentalidad.

Primero, esas personas trasladaron el problema político al terreno del personalismo. Es decir, para ellos los problemas del país se remedian con la elección de la persona adecuada. Eso es todo.

No hay ninguna otra consideración. Únicamente hay que elegir al de mayor calidad personal. Una visión extraordinariamente limitada y soñadora.

Segundo, esas personas justificaban su elección personal, la del candidato, en algo un tanto intangible que no explicaban con claridad. Hablaban del conocimiento personal del candidato, de ser la voz de las ambiciones de la nación.

Se referían a él como una especie de encarnación social de los deseos del país. Una visión demasiado divina como para ser tomada en serio.

Tercero, esas personas consideraron como inapelables el plan de gobierno del candidato. Nada había en ese plan que fuera cuestionable, a pesar de contener cosas que al menos son discutibles, si no erróneas.

No había en ellas la menor duda sobre el plan y las ideas del candidato. Una visión demasiado idealista como para ser cierta.

En resumen, estas personas habían adquirido una visión de su candidato. Una visión idealista, divina y personalista. Ahora es cuando las cosas se ponen interesantes, pues surge la pregunta obvia.

¿Qué régimen político quiere quien ha encontrado a la persona con un plan incuestionable, con un conocimiento absoluto y quien es la encarnación de la sociedad?

La respuesta lógica es la que usted ya se imagina: dejar en manos del súper candidato los destinos enteros de la nación y obedecer su voluntad sin cuestionamiento alguno. Sería irracional otro tipo de gobierno cuando se tiene a la persona divina, sabia, virtuosa que habla a nombre de todos.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

Cuando alguien piensa así de un candidato, se convierte sin darse cuenta de ello, en un promotor del sistema político que llamamos tiranía y que todos sabemos que es indeseable. No creo que lo hagan siendo conscientes de lo que piden. Su fanatismo, sin embargo, llega a extremos que causan efectos colaterales negativos.

Porque ése es precisamente el problema, el de preferencias políticas convertidas en un fanatismo imprudente que convierte a su favorito en lo que no puede ser, el mesías político que merece todo el poder.

No sé cuantificar a este tipo de exaltados políticos. Supongo que no sea un número importante, aunque sí es ruidoso.

Cuando la actitud más conveniente ante las promesas electorales es la de un escepticismo positivo, estas personas tienen una actitud tan apasionada que promueven una opción política inaceptable.

Han olvidado una realidad obvia, su candidato es simplemente un ser humano como el resto, ni mejor ni peor y muchas veces, peor.

Digo peor por una razón, quien busca el poder político es alguien que siempre debe ser visto con sospecha. El poder es como las drogas, nunca es suficiente.

Post Scriptum

Hay mas ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Personalismos.

No puedo sino recomendar mucho una columna reciente en El Diario Exterior: Diez Libros Contra la Idiotez Política.

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