Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Ópera a Crisis
Eduardo García Gaspar
4 abril 2012
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El suceso era predecible. Fácilmente predecible. Viene de Europa.

En específico de las medidas de “austeridad” de sus gobiernos.

Es decir, del regreso al sentido común. Neto, neto, disminuyen los apoyos a la cultura.

Menos dinero para las instituciones artísticas.

Un ejemplo, La Scala, en Italia, tiene ahora nueve millones de dólares de déficit. Otro ejemplo, en Portugal ha desaparecido el Ministerio de Cultura.

En fin, el gobierno del que dependían los que se dedican al arte en esas instituciones, ya no existe. Todo un shock cultural.

Uno de los que sufre ese regreso del sentido común expresó bien el shock. Dijo que “La gente debería tener el derecho de asistir a la ópera”. Traducido, eso quiere decir, “El gobierno debe seguir subsidiando a la ópera”.

Pero aquí hay un error de traducción, que es lo que bien vale una segunda opinión.

¿Tiene usted derecho de ir a la ópera? Por supuesto, nadie lo duda. Pero eso no significa que usted tenga también derecho a meter la mano en el bolsillo de su vecino para que él pague parte del costo de su boleto para ver la ópera… que es lo que sucede cuando el gobierno la subsidia. Esto puede verse con facilidad.

Una ópera subsidiada es un espectáculo pagado por gente que jamás la verá. Gente a la que se le cobra aunque no asista. No hay justicia en esto. Al contrario.

Un boleto subsidiado a la ópera es uno que ha sido pagado en parte por personas que no la verán jamás. Los beneficiarios son sólo quienes asisten al teatro. Los dañados son el resto.

Y, sin embargo, se comete esa injusticia con frecuencia. La razón es creer que la “cultura” debe recibir apoyos gubernamentales, como subsidios a la ópera y similares, porque ella es en sí buena y, además, no sobreviviría si se deja libre a las leyes de oferta y demanda.

Nadie, se piensa, iría a ver La Traviata por propia voluntad. En su lugar irían a ver a Ricky Martin.

Puede ser, pero eso no justifica que se cometa la injusticia de quitar a unos recursos para sostener obras que no verán. Peor aún, los subsidios a la cultura ponen presión a las finanzas gubernamentales ayudando a crear crisis de deuda pública, lo que daña a todos.

En resumen, no hay manera de justificar el apoyo gubernamental a la cultura. Lo que debe hacerse es dejarla libre, que sus partidarios vean la manera de allegarse fondos por sí mismos.

Lo que sucede es que el artista, acostumbrado a recibir ayudas gubernamentales, se convierte en un ser de escasa imaginación para allegarse público. No le importa tener salas llenas. Lo que le importa es seguir viviendo de las subvenciones gubernamentales, es decir, del dinero de personas a las que él poco importa.

Sin los subsidios, la gente que vive de la cultura comenzaría a usar su imaginación para allegarse fondos. Quizá vayan en busca de donativos particulares. Quizá hagan conciertos de mayor atractivo.

En fin, usarán su imaginación para sobrevivir, no para seguir viviendo del dinero que el gobierno ha quitado a otros.

Los subsidios a la cultura son parte de la mentalidad del estado de bienestar: querer que el gobierno sea responsable de proveer todo al ciudadano. La meta es imposible. Creer que tener derecho a ir a la ópera es igual a tener subsidios gubernamentales es un error que produce crisis, como la europea ahora.

El mismo error de pensar que el gobierno es quien debe dar pensiones, o seguro de desempleo.

No hay fondos que alcancen para eso. Y, si se intenta, la deuda pública llegará a niveles impagables, como sucede ahora. ¿Qué hacer entonces? Lo mismo que para la ópera.

Dejar que quienes de ella viven tengan ideas y se valgan por sí mismas. Dejar que las personas resuelvan sus problemas sin necesidad de acudir a los gobiernos.

Y que, lo mejor, los gobiernos no les estorben cuando ellas intentan realizar sus planes. Usted no tiene la obligación de pagarle sueldos a quienes viven de la ópera, como tampoco tiene obligación de ayudar a subsidiar a ninguno otro cuyos servicios usted no use.

La idea es vital porque la misma mentalidad de subsidiar a la ópera es la que predomina en, ahora mismo, las campañas electorales en México. Todos los partidos prometen cosas que sólo podrán hacer si a usted le quitan su dinero.

Deberían prometer no estorbarnos y eso sería una realmente una maravilla.

Post Scriptum

Los datos fueron tomados de una nota de El Norte (31 marzo 2012, del NYT).

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