Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del ADN al Más Allá
Eduardo García Gaspar
11 octubre 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea está en una cita. Una cosa que dijo un profesor.

Steven Mithen, de la Universidad de Reading. Eso es en el el Reino Unido.

Tiene que ver con la Edad del Hielo, esa terrible época vivida miles de años antes de nuestros tiempos.

Dijo que algo sucedió hace unos 50 mil años, quizá 100 mil. Eso que pasó tuvo lugar en el cerebro humano.

Y, dice, eso permitió que se desarrollara una notable habilidad para imaginar, crear, hacer arte. Quizá se conectaron entre sí varias partes del cerebro, logrando combinaciones nuevas y poder para entender a la naturaleza. Poder para hacer.

La base de todo, me parece, radica en reconocer que los humanos tenemos un cerebro que se diferencia mucho del resto de los animales. Por mucho que nos parezcamos a los chimpancés en su ADN, hay algo más allá de eso que origina esa notable diferencia humana.

No creo que haya dudas al respecto.

Un chimpancé, por ejemplo, por mucho que se piense que pueda hacer cosas y hasta pensar, no podría jamás descubrir por sí mismo que tiene un ADN casi igual al humano.

Mi ejemplo favorito: una araña teje su tela de la misma manera desde hace siglos y, hasta donde se sabe, no ha construido su casa con estilos barrocos, ni clásicos, ni minimalistas.

Hay algo misterioso en los humanos. Sí, tenemos un ADN casi idéntico al de los chimpancés. Eso lo sabemos. Lo fascinante está en intentar encontrar qué otras cosas hay además del ADN para explicar las enormes diferencias humanas.

Porque, no hay duda, deben existir. El ADN no tiene poder para explicar al ser humano, excepto en una pequeña gran parte.

El profesor de Reading lo ha expresado bien, como “algo sucedió hace miles de años” en nuestra mente. Es misterioso, es desconocido eso que pasó, pero el caso es que somos una especie animal única, muy diferente al resto.

Sí, sé que cuando trato este tema no falta quien alega que los animales también piensan y razonan y se comunican. Está bien, lo concedo, pero hasta ahora no he visto un libro de historia escrito por elefantes, por memoriosos que sean.

Y, como quizá observe alguno: hay personas que él conoce y que dan la impresión de que en sus cerebros no pasó nada de eso que dice Mithen que les aconteció a los humanos.

Sin duda hay personas más inteligentes que otras, pero eso lo sabemos sólo porque tenemos inteligencia. Sin ella, no nos daríamos cuenta de diferencias de inteligencia.

Los humanos acumulamos información, la creamos y transmitimos. Buscamos obsesivamente explicaciones de las cosas. Deseamos saber las causas de lo que pasa a nuestro alrededor.

No se sabe de ningún chimpancé al que se le haya caído un plátano en la cabeza y se haya interesado en saber qué es lo que hace que las cosas sean atraídas al suelo.

En fin, mucho me temo que tengamos que aceptar que no tenemos una clara idea y aceptada universalmente, como la del ADN, de qué es eso que puede explicar nuestra diferencia tan impresionante con respecto al resto de los animales.

Deberemos ir mucho más allá del ADN para buscar esas explicaciones de nuestra especie.

No está mal decir que “algo sucedió” en nuestros cerebros, pero lo importante es saber eso que sucedió y, mejor aún, las razones. Es asombroso que desde hace miles de años, sin embargo, exista una explicación sobre esto.

Una que se desecha con demasiada facilidad, pero que no ha dejado nunca de ser muy popular. Es la explicación que dan el Judaísmo y el Cristianismo. También el Islamismo (hasta donde sé).

En pocas palabras, dicen, Dios creó al mundo. A los animales y al ser humano también. Pero a este último lo creó a su semejanza. Es decir le dio poder para pensar, el suficiente como para ponerlo a cargo de la Creación.

Sí, sé que para muchos esta es una explicación poco creíble al menos. Sin embargo, es mejor que decir que “algo sucedió” en nuestras mentes, o que somos un accidente muy poco probable.

Piense lo que usted piense, estamos frente a un fenómeno fascinante que nos concierne a nosotros mismo, a lo que entendemos que somos. Y, más aún, de consecuencias muy serias.

Si por el ADN creemos que somos sólo animales, nos comportaremos de maneras muy distintas a las conductas que tendríamos de saber que somos una obra Divina.

Las ideas que sostenemos tienen consecuencias muy profundas en nuestras vidas.

Post Scriptum

Me parece notable que muchos miles de años antes del descubrimiento de la gran similitud del ser humano con los chimpancés, haya existido esa consciencia de que el ser humano es muy distinto a los animales. Un ser superior al resto

El texto original, del Éxodo (1, 26-31) dice

Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”.

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”.

Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.

Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió.

Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Mi punto central es que la idea que se tenga del ser humano producirá efectos en nuestro comportamiento. Si se piensa en la similitud del ADN entre humanos y primates, se esperará tener una conducta natural y buena, si los humanos se comportan como los primates. Si, por el contrario, se piensa que Dios nos creó a su semejanza, la buena y natural conducta estará normada por cómo Dios se comporta.

Hay una buena idea al respecto en Sexo Por ADN.

La cita del profesor está en MacGregor, N. (2011). History of the World in 100 Objects. Allen Lane.

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