Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dentro de la Taza
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es una taza china, del año 4 de nuestra era. De la dinastía Han y es de laca.

Una maravilla. Requirió mucho trabajo.

Tiene un elemento muy especial en su parte inferior.

A su alrededor hay una banda con 67 caracteres chinos. Lo portentoso es lo que dice.

Allí se nombran los seis artesanos que intervinieron en su fabricación. Gente que colocó la laca externa, la interna, que doró, que pintó, que pulió.

Lo curioso es que hay otros nombres, siete de ellos, que no nombran a los artesanos, sino a los supervisores. Seis artesanos, siete supervisores. Interesante proporción.

Entre esos supervisores está Zhang, supervisor gubernamental en jefe. También está Liang, jefe administrador y otros con puestos similares. Feng delegado de Liang. Y Long y Bao, supervisores delegados también.

Para producir esa taza, por tanto, hubo trece personas, siete de ellas con cargos administrativos de vigilancia.

Es una muestra fascinante de la mentalidad burocrática, donde las industrias estaban nacionalizadas o eran regidas por el gobierno. En China esto es marcado. En algún tiempo existió una especie de ministro responsable de los adornos de plumas del emperador.

El gobierno de Hitler, otro caso similar, estaba estructurado para que unas dependencias supervisaran y vigilaran a otras.

No es un padecimiento que haya podido ser curado. La enfermedad continúa en nuestros tiempos. No creo que exista país que haya podido erradicarla. La epidemia brota continuamente sin control y tiene un gran costo.

En 2010, por ejemplo, en México fue reportado un crecimiento de 17 mil nuevos “altos burócratas” desde 2009. Año en el que también se reportó, la burocracia fue el 75 por ciento de los egresos federales.

Si esa misma taza se produjera hoy en México, nombraría entre sus autores a una buena proporción de supervisores. Quizá Hernández como supervisor jefe del supervisor Gómez, quien a su vez supervisa a López, el que tiene de representante sindical a Rodríguez. A García que vigiló la compra de materiales, ayudado por Fernández de la secretaría encabezada por Martínez.

Hasta se colocaría el nombre del presidente bajo cuya administración se fabricó el producto. En realidad, esto se hace ya en México, cuando gobiernos municipales y estatales colocan placas a obras e instalaciones realizadas durante su administración.

La gracia de esto es que tiene sustento real. Pero tiene también su lado serio, y, por supuesto, dramático. Las cosas, hechas así, cuestan más, mucho más.

Los gastos de gobierno rinden menos, mucho menos. Las oportunidades de creación se obstaculizan, las iniciativas se dificultan. No es algo ideológico. Es real.

¿Cuál es la causa? Como todas estas cosas, la causa es mental. No una enfermedad del cerebro, pero sí un trastorno del pensamiento, de la manera de cómo entender las cosas.

Piense usted en alguna de las propuestas que han hecho los candidatos a la presidencia en México: para solucionar el problema X proponen siempre la solución Y. Ahora es cuestión de sustituir las incógnitas.

La letra X representa un problema, el que sea, como malos servicios de salud, mala producción agrícola, poca creación de empleo, el que usted quiera y se le ocurra.

La letra Y representa la solución propuesta y esa es la clave. Siempre es un aumento del poder gubernamental: una comisión de evaluación, un aumento de subsidios, una ampliación del presupuesto, una nueva secretaría, una adición de funciones supervisoras, la que se le ocurra al gobernante.

La Y es una constante: intervención gubernamental. No, espere, no es una constante, siempre tiende a crecer.

El problema está en eso que se le ocurre y que siempre está sesgado a un crecimiento del gobierno. De su burocracia, de su gasto, o de sus organismos. No tienen imaginación para más.

No piensan fuera de su taza reducida a la pretensión de que el gobierno todo lo puede. El clímax absoluto de esta mentalidad es la representada por uno de los candidatos, el del PRD, que cree que el gobierno nos debe cuidar desde que nacemos hasta que morimos.

La realidad es que hay otra alternativa, la de que seamos nosotros los que resolvamos los problemas, los que nos encarguemos de nuestro propio destino.

Es un asunto de principios humanos y de libertades, pero también es un asunto fácil de explicar con números: hay una reserva mucho mayor de talento, experiencia e interés en los ciudadanos que en todo el gobierno.

Si hay, quizá, cinco millones de burócratas, hay diez veces más ciudadanos adultos que no son tontos, que se conocen mejor, que tienen experiencia y saben de su negocio, más y mejor que los burócratas. Las propuestas de los candidatos desperdician esta fuente de talento.

Post Scriptum

Cuando trato este tema, siempre surge una pregunta de alguien. ¿Quién entonces debe hacerse responsable de lo pobres? Bajo esa pregunta está siempre un supuesto implícito, el de que no hay otra opción de que sea el gobierno el que eso haga. También las personas comunes padecen esa estrechez de ideas.

¿Quien debe ayudar a los pobres? La respuesta es usted y los millones como usted que están en posición de hacerlo, por medio de organizaciones libres que aprovechan experiencias y conocen de cada asunto. Las soluciones no están en unos pocos gobernantes, por talentosos que sean. Las soluciones están en los millones de ciudadanos.

Los datos de la taza china están en MacGregor, N. (2011). History of the World in 100 Objects. Allen Lane.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Dentro de la Taza”
  1. Jovanni Dijo:

    Que es peor… que el gobernante funja como mama gallina o que el gobernante ni te vea, ni te escuche?…





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