Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Distribuyendo la Riqueza
Leonardo Girondella Mora
20 febrero 2012
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Cuando la preocupación por una cosa se convierte en tribulación única se comete el error de olvidar el resto de la realidad.

Esto es lo que sucede con la distribución de la riqueza, la que transformada en obsesión deja de considerar a la riqueza en sí misma.

En lo que sigue intento hacer precisiones y afinar ideas sobre cómo enfrentar el problema de la pobreza —partiendo de la caridad personal llego a hacer recomendaciones sobre la realización de obras caritativas orientadas a resultados.

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En muy comprensible y de gran sentido el desasosiego que se siente al constatar una realidad en la que la riqueza presenta situaciones extremas —de un lado, personas muy ricas que gozan de un estándar de vida envidiable y, del otro, personas que si logran comer ese día se consideran afortunadas.

Esta inquietud es el gatillo natural que lleva a pensar en acciones que remedien esa desigualdad —siendo la más clara de ellas la de la compasión y la caridad: quienes están en condiciones mejores tienen la obligación moral de ayudar a esos que están en condiciones malas.

Es una obligación moral, dejada a la libre decisión del “rico” a quien nadie puede obligar a hacer caridad —ninguno puede usar la fuerza para obligarle a realizar obras caritativas, que en ese sentido moral tienen mérito por ser libres y voluntarias.

Las acciones en contra de la desigualdad pueden salirse de ese ámbito moral, libre por naturaleza, y convertirse en un acto forzado —siendo el ejemplo de Robin Hood el más auxiliado: el ladrón roba a los “ricos”, toma esos bienes y con ellos hace caridad, los da a los “pobres”.

En este proceso coercitivo, la acción no tiene mérito para nadie: el “rico” no ha actuado voluntariamente, el ladrón hace caridad pero con los bienes de otros y los “pobres” aceptan caridad que ha dañado a otros —incluso el ladrón no sabe si los “ricos” asaltados hacen ya caridad, o si usarían los bienes robados en obras buenas.

El proceso coercitivo llega a su clímax con la intervención gubernamental —la aplicación una políticas económica redistributiva realiza el mismo proceso esencial de Robin Hood, con la misma falta de mérito para todos, la misma falta de conocimiento sobre el afectado y el mismo efecto en los beneficiados.

Hasta aquí mi propósito ha sido el mostrar que una autoridad que se asigna la labor de redistribución de la riqueza, todo lo que ha hecho, es transformar a la caridad voluntaria y libre en un reparto forzado que tiene una naturaleza especial, con rasgos que apunto a continuación:

• No hay mérito alguno por tratarse de un actos forzado en el donador —quien hace esta caridad no voluntaria no tiene merecimiento alguno.

• Tampoco hay mérito en el que retira los bienes del donador forzado —sea el ladrón o la autoridad, este agente no puede recibir ningún crédito por la caridad realizada ya que no son sus bienes los que da a otros.

• Considera al proceso de forma simplista, estableciendo dos categorías de personas: aquellas a las que se tiene que quitar bienes y a aquellas a las que se deben dar esos bienes —no hay consideración alguna a la persona específica, su situación concreta. Es una acción cruda sin fineza y con escaso conocimiento.

• Permite un olvido fácil de otra justicia. Concentrada en la labor distributiva, la autoridad pone de lado a la justicia creadora o productiva —la del esfuerzo meritorio que pudo usarse para ser propietario de riqueza mayor que la de otros. Es la omisión del sentido de responsabilidad del trabajo productivo.

• Fomenta vicios ese olvido de la justicia productiva: quien se beneficia con la redistribución tiene ya incentivos para mantenerse en esa posición que le hace merecedor de beneficios sin esfuerzo —se olvida de la posibilidad de la otra justicia, la productiva, que también es un camino para salir de su condición inferior.

• La política redistributiva de riqueza suele partir de un punto de vista relativo e inexacto: toma como motivo de su acción a la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres con la meta de igualar las condiciones de todos.

El problema es que la desigualdad entre unos y otros es irrelevante y hace olvidar el problema real, que es el de ingresos bajos —no el de ingresos altos.

• La política redistributiva de riqueza suele cometer un error sustancial en su punto de partida, el de suponer que un mercado en un proceso distributivo de riqueza cuando no lo es. En un mercado existen intercambios no distribuciones —no existe en ese proceso ningún agente que distribuya entre los participantes, todos son intercambios.

La única posibilidad de que en un mercado se realicen distribuciones es que ese mercado no sea voluntario, sino que alguien lo fuerce de alguna manera —por ejemplo, dando protección gubernamental a monopolios privados o públicos.

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Las precisiones anteriores, sobre la política redistributiva de riqueza, intentan hacer el ver fondo real de su naturaleza —y con ello hacerlas pasar por un juicio que no sea el de una aprobación irreflexiva que da por supuesto la grandeza de tal política. No tiene grandeza alguna, al contrario.

Se mantiene y eso es bueno, la inquietud acerca de la situación de tantas personas en condiciones muy malas —lo que motiva a conservar la pregunta, la de qué hacer para remediar esa situación.

Las precisiones anteriores dan pie a algunas sugerencias direccionales:

• No abandonar a la caridad voluntaria, al contrario, fomentarla y facilitarla —la promoción de fundaciones y similares sería un ejemplo de esto, al igual que las actividades religiosas que se enfocan a casos de necesidades urgentes.

• Recuperar la visión personal de la caridad, alejándose de las percepciones colectivas —lo que permite conocer mejor a los receptores de la caridad y medir los resultados de cada programa.

• Evitar la creación de incentivos negativos a la producción y creación de bienes y servicios que son los que crean la riqueza —que son los que se crean en los casos en los que el esforzado deja de recibir lo que merece.

• Evitar la creación de organizaciones caras responsables de obras de caridad —las que se llevan más de lo razonable de los recursos destinados a ese uso, típicamente las organizaciones burocráticas, que tienden además a dar uso político a la asignación de recursos.

• Abandonar la creencia de que la riqueza de unos es el producto del despojo de otros, que es la mentalidad que lleva a tener la perspectiva única de la redistribución —lo que significa aceptar que la riqueza puede ser creada, que ella no es una cantidad fija.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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