Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dividir o Multiplicar
Leonardo Girondella Mora
2 febrero 2012
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Las mentalidades sobre política económica pueden expresarse aritméticamente —unos están a favor de una operación aritmética, otros en pro de otra muy distinta.

Ludwig Erhard lo expresó muy bien al decir que “La solución no radica en la división, sino en la multiplicación”.

Se refería al progreso, al bienestar económico. Consecuentemente, es posible comprender buena parte de las discusiones de política económica viendo dos mentalidades:

• Los partidarios de la división. Son estos, en esencia, quienes proponen medidas distributivas de la riqueza, los que se quejan de la desigualdad, quienes consideran que lo mejor que puede hacer la autoridad política es tomar de unos para dar a otros.

Su gran estrategia consiste en ampliar las funciones gubernamentales —darle más poder a la autoridad política para que ella asuma la responsabilidad de quitar y dar, es decir, redistribuir la riqueza. Esto es lo que hace que los gobiernos de la división sean mayores y tengan más funciones.

• Los partidarios de la multiplicación. Son estos, en esencia, quienes proponen medidas creadoras de riqueza, los que se quejan de la pobreza, quienes consideran que lo mejor que puede hacer un gobierno es dejar libres a las personas para que realicen sus iniciativas.

Su gran estrategia es ampliar las libertades personales —darle más poder a las personas para que ellas asuman la responsabilidad de mejorar por sí mismas, es decir, crear riqueza. Esto es lo que hace que los gobiernos de la multiplicación sean menores, con menos funciones y menos costosos.

Hasta donde sabemos, ninguna de las dos mentalidades que he descrito rinde una solución carente de defectos —las dos son imperfectas.

Sin embargo, la evidencia que se tiene apunta con claridad que la estrategia de la multiplicación produce más riqueza y prosperidad, a pesar de lo cual no son pocas las personas inclinadas a la estrategia de la división.

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En lo que sigue exploro algunas de las razones por las que a pesar de notables y pesadas evidencias en su contra, algunas personas insisten en ser partidarias de la mentalidad de la división —las expongo sin orden de importancia.

• La ambición de poder, natural en el gobernante, le inclina a ser partidario de la estrategia de la división —es la única forma en la que su poder crece. La estrategia de la multiplicación haría perder poder al gobernante: manejar menos recursos, tener menos personal.

Esto puede verse muy bien en México, donde los tres principales partidos políticos —si bien con intensidad distinta— son partidos que favorecen el crecimiento estatal. Ningún partido político mexicano favorece la estrategia de la multiplicación de la riqueza.

• Un ambiente intelectual que tiende a favorecer el intervencionismo estatal, sustentado en la idea de la división de la riqueza —muy propio de la región latinoamericana.

Por ejemplo, las biografías contenidas en la obra de E. Krauze Redentores nombra a doce personajes notables de la política de la región: todos partidarios del gobierno expandido y sólo dos de ellos cambiaron de opinión.

El medio ambiente intelectual se dispersa al resto de la sociedad y fomenta la creencia en la opción única de la estrategia de la división y el crecimiento estatal —los ciudadanos se tornan partidarios de esta opción sin considerar ninguna otra.

• La confusión entre capitalismo y mercantilismo, los que en la opinión pública tienen un mismo significado —el de la existencia de un régimen económico injusto que concentra la riqueza en unos pocos.

Por consecuencia, se piensa que lo mejor que puede tenerse es lo opuesto al capitalismo, es decir, el socialismo —la estrategia de la división.

El error está tan arraigado que es difícil emprender la tarea de corregirlo —explicando que lo que se tiene en la realidad, por ejemplo, en México es efectivamente una situación injusta, donde la riqueza se concentra indebidamente en pocas manos.

Pero esto no es capitalismo, ni liberalismo. Es un sistema mercantilista, corporativista, que sólo puede sostenerse con la activa participación gubernamental donde se concentra la riqueza.

Es común escuchar la crítica de quien señala que en México ha fallado el neoliberalismo, de lo que se deduce lo obvio: deberá cambiarse al socialismo. Por supuesto en México ha fallado algo dados los resultados económicos —pero no pudo haber fallado el liberalismo, tampoco el capitalismo, porque este país no es capitalista y nunca lo ha sido (aunque algunas medidas aisladas fueron de ese tipo).

• Una mentalidad especial en el electorado, que consiste en entender a la política como la búsqueda de un salvador de la nación —lo que lleva a querer dar todo el poder a la persona ungida para hacer lo que ella quiera sin obstáculos.

No sólo se tiene esa manera de pensar en el electorado —buena cantidad de gobernantes se ven a sí mismos con esos salvadores nacionales que tan sólo necesitan mucho poder y tiempos indefinidos de gobierno. A este género pertenecen ejemplos actuales, como los Castro, Hugo Chávez y otros de menor escala pero igual mentalidad.

En México, ahora mismo, se tiene un caso de estos —López Obrador es partidario de un alto intervencionismo estatal, pero no se queda allí, se ve a sí mismo como el fundador de una nueva constitución moral para enseñarse en las escuelas y salvar al país.

• La mentalidad “becaria” como la ha calificado E. Krauze —la adopción de una forma de pensar del ciudadano que se coloca a sí mismo en una posición de esperar del gobierno todo lo que pide o que siente derecho a tener.

Es el desprecio a la posibilidad de realizar cosas por uno mismo para vivir mejor —esperando que esas cosas sean otorgadas por la autoridad como un reclamo social justo y natural. Es la mentalidad que convierte a los derechos humanos en una lista creciente de peticiones.

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Esos y otros factores más explican las razones por las que hay una inclinación marcada e injustificada por la estrategia de la división —por la adopción de política económicas que elevan el poder y las responsabilidades del gobierno, a pesar de toda la evidencia en su contra.

Addendum

Ludwig Erhard, del que cité una frase, es considerado el cerebro y autor del milagro económico alemán posterior a la II Guerra Mundial. En el libro de Erhard, L. (1989). Bienestar Para Todos. Barcelona: Unión Editorial se tiene una muy interesante visión de los sucesos en ese país que llevaron a un desarrollo económico notable.

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