Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Aviso Equivocado
Eduardo García Gaspar
26 junio 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La historia es real. Presenta una faceta que asocia a la Antártica con la Política.

Todo comienza con un hombre, Sir Ernest Shackleton (1874-1922).

Quería hacer un viaje a la Antártica y necesitaba hombres que lo acompañaran. ¿Cómo conseguirlos? ¿Cómo convencerlos?

Lo que decidió fue hacerlo de cierta manera. Puso un anuncio en el periódico. Eso fue en Londres, en 1900. Lo interesante fue lo que ese aviso decía.

“SE NECESITAN HOMBRES PARA VIAJE PELIGROSO. Salarios bajos, frío amargo, meses de completa oscuridad, peligro constante, regreso asegurado dudoso. En caso de éxito, honor y reconocimiento”.

Tenemos las palabras mismas de Shackleton para conocer el resultado de su anuncio. Dijo él que “pareció como si todos los hombres en Gran Bretaña estuvieran determinados a acompañarme, la respuesta fue tan abrumadora”.

Aunque la expedición no tuvo éxito, ella contiene una lección. Creo que eso es lo que merece una segunda opinión.

Imagine que usted usa ese mismo aviso para reclutar gobernantes.

“SE NECESITAN HOMBRES PARA MISION PELIGROSA E INGRATA. Ingresos reducidos, largas jornadas de trabajo, meses y años de esfuerzo, contrariedades constantes, enemigos ocultos. Necesidad  de honestidad absoluta. En caso de éxito, honor y un lugar en la historia”.

Es una posibilidad muy real que con ese anuncio en el periódico atrajéramos a personas menos indignas de ocupar puestos públicos.

Por principio de cuentas nos quitaríamos de encima a quienes buscan tener grandes ingresos por la vía que sea y, también, a los que no estén dispuestos a trabajar más de lo que hace el resto.

Quizá atrajéramos a quienes tienen un sentido del largo plazo, a quienes los resultados inmediatos poco importan. Quienes quieren tener un buen lugar en la historia no estarían sujetos a las tentaciones inmediatas.

Posiblemente veríamos a reclutas con escasa soberbia, ese vicio que ciega y embrutece. No estaría mal.

¿Qué tipo de personas son atraídas a puestos gubernamentales de elección popular?

La expectativa idealista e imposible es la de los socialistas. Esperan ellos que las personas elegidas se comporten de manera altruista y desinteresada y que, al mismo tiempo, sean los más sabios y virtuosos. El problema es que no hay gente así.

Los seres humanos son imperfectos y, por eso, no son jamás los ángeles que supone el socialismo. La evidencia histórica es prueba suficiente: no es conveniente suponer que los gobernantes son sabios infalibles, ni virtuosos indudables.

Todos, incluso ellos, sucumbimos a tentaciones y fallamos en nuestras decisiones.

La Public Choice Theory, por ejemplo, parte de un supuesto más real: todos tenemos un gran interés en nosotros mismos y actuamos en consecuencia. Para el gobernante, esto supone que sus decisiones considerarán siempre su propia condición y beneficio. La lección es la obvia.

No confíe totalmente usted jamás en un gobernante. Véalo siempre con alguna sospecha. No es el sabio que aparenta, ni el altruista que pretende. Tiene menos vocación de servicio de la que presume.

Y, demasiadas veces, es peor que el resto de nosotros. Los puestos de gobierno atraen demasiadas veces al que tiene sed de poder y al que tiene una fantasía política que quiere imponer en el resto.

Lo que sucede es que hemos errado en la comprensión del trabajo de un gobernante. Esto nos regresa al anuncio de Shackleton.

En lugar de decirle al gobernante que está en una misión peligrosa, se le ha dicho que es una ocupación gloriosa. En lugar de prometerle honor posterior se le dan alabanzas inmediatas.

En lugar de pagarle ingresos reducidos se le ha colocado en una posición jugosa. En lugar de hacerle trabajar sin descanso, se admite que sólo hable sin parar. En lugar de tratarlo como a un servidor, se le rinde pleitesía de celebridad.

Es como si hubiésemos colocado el anuncio equivocado en el periódico. En lugar de haber seguido el ejemplo de Shackleton, hemos puesto un texto equivocado en el aviso de reclutamiento.

Y es por eso, precisamente por eso, que llegan al poder las personas que menos merecen estar en esas posiciones.

Pocas cosas tan tristes hay como el espectáculo del fan de un candidato al que ve como un salvador ideal. Sus gritos de apoyo, sus aplausos incondicionales, sus arrebatos de admiración, sus furores apasionados, sus defensas irracionales, sus arranques coléricos… todo eso es una visión lamentable.

Es lo menos democrático que puede haber. En la democracia no hay cabida a fans que suponen que su favorito es un dios. Su comportamiento penoso coloca el aviso equivocado, el que atrae a los peores.

Post Scriptum

La historia de Shackleton está en Bennett, W. J. (1993). The Book of Virtues: A Treasury of Great Moral Stories (1 ed.). Simon & Schuster.

El corazón del problema puede ser visto de manera esquemática:

1. El electorado ha planteado el tema político de manera incorrecta. Los ciudadanos esperan que los gobernantes elegidos sean las personas con las cualidades ideales para gobernar: máximo altruismo, máximas virtudes y máxima sabiduría.

2. Esa expectativa atrae, paradójicamente a personas como escaso altruismo, escasas virtudes y escasa sabiduría, pero que tienen la habilidad para aparentar lo opuesto y una gran ambición de poder.

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