relativismo

El carácter histórico de la Moral. Una idea vaga y con escaso significado que puede interpretarse con ambigüedad.

Introducción

Uno de los dichos que con frecuencia se escuchan es el que dice que la moral tiene un carácter histórico —frase que suele pronunciarse como si se estuviera diciendo la más grande verdad con la mayor seriedad.

Ha sido expresado así:

«La moral se inicia cuando el hombre forma sociedades, abandona su naturaleza puramente animal y comienza a sentirse miembro de una comunidad. Ese momento es crucial ya que creará reglas y normas ya que estas le permitirán relacionarse con los demás miembros de la comunidad». scribd.com

Lo que da lugar a encontrar una moral correspondiente a tiempos históricos —como la moral de épocas primitivas, o de la época feudal, o de la antigüedad clásica y así sucesivamente. Esto crea la impresión de una moral cambiante según tiempos y lugares.

En lo que sigue examino esa frase, la de que la moral tiene un carácter histórico —lo hago con el propósito de penetrar en el significado posible de una frase demasiado vaga y que fomenta el relativismo moral.

¿Qué es el carácter histórico de la Moral?

Que algo sea histórico tiene, en sí mismo, una connotación que se presta a interpretaciones diversas y contrarias.

Dos interpretaciones opuestas

Si la moral tiene un carácter histórico puede pensarse que sus principios cambian con el tiempo y la época —pero también puede pensarse que no cambian sus principios, sino que se aplican a circunstancias no tenidas antes.

Por ejemplo, por un lado puede pensarse que la moral en cierto momento aprobaba el sacrificio humano, pero que cambió y ahora no lo acepta. Y que puede pensarse también que siempre existió el mandato de no matar, aunque en ciertos tiempos no se haya respetado.

O bien, puede decirse que los principios morales son siempre los mismos, fijos e inamovibles —aplicables a situaciones conocidas, pero que estas situaciones pueden cambiar, por ejemplo, con tecnología médica, cuando esos mismos principios aplican pero con detalles que deben examinarse.

Moral que evoluciona

Que la moral tenga un carácter histórico, suele decirse, indica que la moral evoluciona y cambia con el tiempo —pero esto tiene también el problema anterior de escaso significado concreto.

Puede ser interpretado como cambios importantes en los principios básicos y esenciales de la moral —por ejemplo, creyendo que antes era moralmente bueno sacrificar seres humanos a los dioses, pero que ahora se ha cambiado y es moralmente reprobable matarlos.

Pero también puede ser interpretado creyendo que los principios morales son siempre los mismos, que la vida no debe ser quitada a nadie —pero que la aplicación de ese principio se hace bajo circunstancias que cambian y eso produce discusiones morales, pero no cambio de principios centrales, como la discusión sobre el aborto.

Moral como estudio de costumbres

Que la moral tenga un carácter histórico, se ha dicho también, significa que ella se dedica al estudio de las costumbres y usos de cada comunidad y sociedad —de lo que en cada lugar y momento se considera que es bueno o malo.

En esta interpretación del significado de la moral con carácter histórico ya no hay, como antes, vaguedad de significado: se define a la moral como una ciencia que estudia usos y costumbres de grupos humanos.

Se trata de una redefinición de la moral para hacerla similar o igual a un estudio antropológico e histórico que, por ejemplo, se limitaría a estudiar los sacrificios humanos en ciertas épocas y culturas, concluyendo solo que en esos tiempos y lugares se consideraban moralmente buenos; pero que en otras culturas, no.

Es una redefinición inexacta —la moral tiene un objeto de estudio que es el de lo que debe ser y lo que no debe ser, exactamente igual a la ética.

La moral no es una ciencia que concluya, por ejemplo, que en ciertas comunidades la quema de brujas era moralmente buena, pero que en otras sociedades ya no lo es.

La moral contiene una serie de principios universales, aplicables en todo tiempo y lugar, que ayudan a establecer lo bueno y lo malo de la conducta humana —como la ética, la moral es de carácter prescriptivo, jamás descriptivo.

La Antropología es descriptiva, en el sentido que describe sus descubrimientos y hallazgos, proponiendo teorías que los expliquen. En cambio, la moral es prescriptiva, es decir, emite juicios sobre lo que debe ser y no debe ser —un estudio antropológico sería el de la descripción de la esclavitud, pero un estudio moral de la esclavitud reprobaría esa costumbre.

Conclusión

Mi objetivo fue analizar los significados de la idea que asegura que la moral tiene un carácter histórico —demostrando que esa idea es en lo general demasiado vaga para ser útil y que, peor aún, lleva a un error de consideración al cambiar el objeto de estudio de la moral y volverla relativa.

Hay ciencias que estudian las costumbres humanas en diversas épocas y las describen en sus hallazgos. Ninguna de esas ciencias es la moral —la que tiene una función prescriptiva, la de evaluar lo bueno y lo malo de la conducta humana en todo tiempo y lugar.

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Y unas cosas más para los interesados…

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Una conversación sobre el carácter histórico de la moral

—Es complicado el tema de la moralidad, pero creo que la responsabilidad de las decisiones morales es de cada persona, de acuerdo con lo que ella decida que es lo correcto en cada tiempo y lugar —dijo la persona.

—¿Quisiera usted explicar eso en otras palabras? —pregunté.

—Bueno, cada uno de nosotros debe hacer las cosas que pensemos que son buenas y evitar las cosas que son malas. Es una decisión personal que tomamos de acuerdo con lo que creemos y valoramos. Y eso le da a la moral un carácter histórico cambiante.

—¿Cada uno de nosotros decide lo que es bueno y lo que es malo, y entonces actúa según su conciencia en cada momento y lugar?

—Exactamente, eso es lo que digo.

—Y si alguien cree en lo más profundo que matar a otro es un deber moral, como le sucede a algunos terroristas… ¿es eso bueno o malo?

—No, digo, eso es malo. No debemos matar, como principio general.

—¿Entonces ya no depende de lo que piense o crea la persona? Existen, por tanto, principios morales absolutos, de acuerdo con eso.

—No, no, la moral no puede ser absoluta, sería ser demasiado fundamentalista. Corresponde a cada persona y en cada momento de la historia decidir qué hacer de acuerdo con su conciencia.

—Insisto. ¿Qué pasa con quien decide en conciencia que debe matar a un infiel que no piensa como él? Usted dice que no hay principios absolutos y, por eso, la persona estaría haciendo algo bueno.

—No, por supuesto que no, ese que mata estaría haciendo algo malo.

—¿Existen entonces principios morales absolutos que no dependen de lo que las personas crean o piensen, ni del momento histórico o personal?

—Bueno, tal vez, pero lo que creo es que no hay una creencia moral que sea absoluta. En cada etapa histórica hay morales diversas y además cada persona decide lo bueno y lo malo.

—Usted acaba de dar una creencia moral absoluta, la de que no hay una creencias morales absolutas. Ha negado lo que usted afirma en la misma frase.

—No me confunda, lo que digo es que cada persona debe actuar de acuerdo con su conciencia, que tiene responsabilidad de hacerlo.

—¿Qué sucede cuando las conciencias de las personas son diferentes y a unas de ellas les manda hacer cosas que según ellas son buenas, como poner bombas en un tren?

—Le digo otra vez que eso está mal, aunque su conciencia se los diga no lo deben hacer.

—Pero entonces, ¿en qué quedamos, hay o no principios morales absolutos que no dependen de lo que las personas crean o piensen en cada momento histórico?

—Pero, entonces, tendríamos un fundamentalismo moral y tendríamos que aceptar lo que otros nos digan. Nos impondrían una moral dictada por alguien.

—¿Como la imposición de la idea de que matar es malo?

—Sí, como eso.

—Pero usted me acaba de «imponer» esa idea cuando reconoció que matar es indebido, como en el caso de degollar a quienes tienen una religión distinta, o hacer sacrificios humanos.

—Bueno, creo que ya entiendo lo que me quiere decir.

—No digo yo, solamente quiero hacer preguntas.

—Está bien. Pero el asunto es quién impone lo que es bueno y lo que es malo. ¿Qué persona, qué autoridad, qué religión?

—¿Y si no se tratara de imponer principios morales, sino de encontrarlos? —volví a preguntar.

—Encontrarlos, dice usted. Muy bien, pero entonces dígame en dónde buscarlos.

—¿Si buscamos en el mismo lugar en el que encontró eso de que matar es malo? Nadie le ha impuesto esa creencia, usted la ha aceptado por alguna razón.

—De acuerdo, creo que matar es malo porque la vida es sagrada —dijo la persona con una sonrisa.

—¿Puede sacar otras conclusiones sobre esa idea de que la vida es sagrada?

—Mmm… no sé… quizá por eso sea malo que robemos a otros sus propiedades, o que los lastimemos…

—¿Alguien le está imponiendo esas conclusiones, o las ha encontrado por sí mismo? Su respuesta es esencial.

—Ya veo lo que usted ha tratado de decirme. Si nos ponemos a pensar encontraremos esas creencias morales sobre lo bueno y malo.

—¿Podemos hacer eso solos usted y yo?

—No sé, supongo que sí… pero quizá necesitamos ayuda de otros… creo.

—De acuerdo, yo tampoco podría crear todo un cuerpo de creencias morales a prueba de errores. Necesitaría ayuda de otros, lo que es muy afortunado porque esa ayuda existe y comienza por lo que usted dijo, su vida, mi vida, su persona, mi persona, la de todos es sagrada y merece respeto —dije.

Una breve nota sobre el tema contiene una buena idea:

«En definitiva, la libertad no se fundamenta en la negación de la verdad. La negación de la verdad no puede fundamentar nada. Si la verdad nos hace libres, la negación de la verdad sólo puede hacernos esclavos».

[La columna fue actualizada en 2020-05]