Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Centro del Tema
Eduardo García Gaspar
31 agosto 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la alternativa a la idea de la libertad individual. Es su contrario. Es la idea exactamente opuesta.

Y la que, paradójicamente, está ganando terreno.

Estas alternativas forman el fondo de la más central discusión política de todos los tiempos.

Las pasadas elecciones en México, en su fondo, privilegiaron esa alternativa sobre la otra.

El tema bien vale una segunda opinión, si es que se quiere ir al meollo de las discusiones de política. Vayamos paso a paso.

Primero, la alternativa de la libertad personal, una idea sustentada en la naturaleza humana. Las personas, se piensa, somos racionales, podemos pensar y tomar decisiones, por lo tanto, debemos ser libres para ser lo que queremos ser.

La idea fue formándose poco a poco, quizá teniendo como origen primero la visión cristiana de ser todos iguales frente a Dios. Esto tiene consecuencias políticas serias que fueron viéndose poco a poco.

Por ejemplo, las limitaciones al poder del monarca, la aprobación de impuestos por parte de representantes y similares. Hasta llegar a lo que suele llamarse democracia liberal.

Segundo, esa idea enfrentó a su opositora, otra idea también occidental. Sustentada en otra visión de la naturaleza humana, débil, insegura y de poca capacidad, propone lo opuesto.

En lugar de un gobierno focalizado en defender las libertades del ciudadano, el gobierno debe enfocarse a protegerlo y cobijarlo.

Para comprender mejor esto, puede acudirse al ejemplo de dos familias.

• En la familia de la democracia liberal, los padres buscan que sus hijos sean autónomos, que vivan las responsabilidades de su libertad, que se valgan por sí mismos.

• En la otra familia, la del paternalismo estatal, los padres protegen a sus hijos de todo, les hacen sus tareas, impiden que vivan las consecuencias de sus actos.

Esta alternativa paternalista es la que privilegiaron los candidatos a la presidencia en México, al ofrecer que el gobierno se comportaría como un padre protector del hijo ciudadano.

Es, también, la alternativa europea, la de crear y mantener gobiernos cuya misión es abrigar al ciudadano de las consecuencias que tendría en caso de ser libre.

Es la alternativa aplicada en muchas otras partes, como Venezuela y Cuba. Es lo que mueve a Obama a proponer su sistema estatal de salud.

Sí, hay variaciones en la intensidad del paternalismo estatal, pero todas están alimentadas por un marco mental profundo: el gobierno debe amparar al ciudadano lo más posible, cuidarlo, hacerle la vida fácil y feliz.

La otra alternativa, la de la libertad, es la que tiene otro marco mental subyacente: el gobierno vigila y cuida la libertad de personas autónomas que deben valerse por sí mismas, resolviendo sus problemas ellas mismas con sus capacidades.

Es francamente muy distinto a la otra opción y reconocer esto es la menos un gran paso inicial que permite ver el fondo de las cosas en la política.

¿Es una mejor que la otra? Definitivamente sí, pero ¿cuál?

La respuesta más razonable es la que, me imagino, diría que es un asunto de naturaleza humana: la mejor alternativa es la que más se acomode a la real naturaleza humana, a los que somos. La cosa ya se pone interesante con esto.

Piense usted en las personas y concluya usted si somos por naturaleza libres y autónomos, con capacidades de crear y trabajar y valernos por nosotros mismos. Si usted piensa así, tendrá que inclinarse por un gobierno que piense igual, es decir, un gobierno de corte liberal.

Si usted piensa lo opuesto y ve al ser humano como uno débil, sin capacidades, inhábil para ser autónomo, entonces usted tendrá que favorecer a un gobierno paternalista.

Si usted favorece un gobierno paternalista que parte del supuesto que las personas deben ser protegidas de ellas mismas, le digo que tendrá un problema insoluble.

El de tener que aceptar que los gobernantes son también personas débiles e incapaces de ser autónomas. Consecuentemente, no están preparados para ver por los demás, ni cuidarlos, ni protegerlos.

Es un problema, insisto, que no tiene solución a menos que usted suponga que hay personas que sí son tan capaces que pueden gobernar a los demás que son incapaces. Pero una vez que admite que hay excepciones debe también admitir que las excepciones no son sólo los gobernantes, que puede haber muchas otras.

En el caso mexicano, como en muchas otras partes, los candidatos a la presidencia tuvieron como marco mental el de ciudadanos débiles, incapaces de valerse por sí mismo, inhábiles para ser autónomos. El ejemplo más claro de esto fue el candidato del PRD.

López Obrador, al proponer un gobierno paternalista, supone que las personas son así, incapaces de valerse por sí mismas. Por simple lógica, uno debe preguntarse entonces por qué razón él se cree la excepción, una persona hábil que puede valerse por sí misma, si piensa lo opuesto de los demás.

Esto lleva a otra faceta del gobierno paternalista: sus gobernantes necesitan por definición sentirse superiores al resto de la gente, creer ser seres excepcionales de inteligencia superior. La excepción a la regla.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema del gobierno paternalista en ContraPeso.info: Estado de Bienestar. En Contrapeso.info: Izquierda-Derecha hay más ideas sobre las alternativas que ellas presentan.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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