Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Enemigo Cómodo
Eduardo García Gaspar
2 octubre 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Viendo un video de un líder sindical, recordé el cuento del león y los elefantes.

El líder defendía la revolución bolivariana. Alababa a Hugo Chávez. Hacía apología del socialismo.

Quienes lo escuchaban lo elogiaban con aplausos y gritos. No faltaron, por supuesto, las acusaciones a los enemigos de rigor.

Nombró el líder a los culpables usuales.

El capitalismo, el liberalismo, el imperialismo, los grandes intereses económicos, los banqueros, los especuladores, el capital internacional, las empresas extranjeras y los demás de la lista acostumbrada.

En fin, nada nuevo, nada que no haya sido dicho ya. Había algo allí que recordaba ese cuento.

El león que habitaba esa parte de la selva tuvo un hijo, al que adoraba. Jugaba con él, le enseñaba a cazar y lo entrenaba a ser el siguiente líder de la manada. A diario le daba consejos.

Entre esos consejos había uno que repetía constantemente: “No te acerques a los elefantes, son peligrosos, son los únicos animales a los que tememos”.

Pasaron los días, y el pequeño cachorro fue tentando por la curiosidad. ¿Qué tenían los elefantes que tanto mencionaba su padre? Lleno de afanes, decidió averiguarlo por sí mismo. Se dio a la búsqueda de elefantes, hasta que los encontró.

Viéndolos de lejos, oculto entre la hierba, los estudió. Eran majestuosos, fuertes, grandes, pensó él. Quiso conocerlos más de cerca.

Cada día les perdía más el miedo y se aproximaba más a la manada de elefantes. Hasta que un día decidió tratar de tocarlos. Siendo pequeño, el cachorro pudo hacerlo sin que al principio se diera cuenta la manada.

Pero cuando supieron que entre ellos estaba un cachorro de león, decidieron invitarlo a irse. “Podemos pisarte sin quererlo”, le dijeron.

Pero pudo más la curiosidad del cachorro. Todos los días los visitaba. Todos los días le decían los elefantes que podía haber un accidente. Hasta que sucedió.

Una de las elefantas buscando a su hijo corrió y, sin darse cuenta, piso al cachorro y lo mató. Todo esto lo vio un chimpancé, el que siendo de naturaleza noticiosa corrió a avisar al león.

Lo encontró dormido, que es lo que más y mejor hacen los leones machos y lo despertó. Le narró con lujo de detalles lo sucedido y el desenlace fatal. Rugió el león como jamás lo había hecho antes y juró venganza contra quienes habían matado a su hijo. Los mataría él uno por uno.

— “¿Estás seguro que fueron los elefantes quienes lo mataron?”, preguntó al chimpancé.

— “Totalmente seguro que fueron los elefantes”, respondió el chimpancé.

— “¿Seguro, seguro, no te equivocas?”, insistió el león.

— “No me equivoco, yo lo vi, los elefantes mataron a tu hijo”, aseguró de nuevo el chimpancé.

— “No, no, yo creo que te equivocas, a mi hijo de seguro lo mataron las cebras, y los venados. No fueron los elefantes. Voy a matar a todos esos venados y cebras”, concluyó el león y despidió al chimpancé.

La fábula, que ha sido contada de varias maneras, ilustra ese rasgo humano de facilitarse la vida. Siendo imposible atacar a los elefantes, el león designa a otros culpables, los que más le convienen.

Es lo que ese líder sindical hizo. Es lo que muchos otros hacen, especialmente socialistas como ése. Acuden a los enemigos convenientes y cómodos.

Es como un impedimento para ver la realidad. ¿Qué es lo que hace del socialismo e ideas afines una ideología que fracasa en la práctica?

Son las propias ideas que contiene, sus mismos cimientos, sus meros supuestos. Pero eso no se ve, eso es inaceptable, dicen, concluyendo que los culpables son otros, no ellos.

¿Cómo puede dar resultados una serie de ideas que parten de una visión humana equivocada?

Suponen que el ser humano puede vivir sin libertad, creen que poco o nada sirven los talentos de la gente, piensan que unos pocos saben más que miles, presuponen que la sociedad puede planearse, esperan distribuir la riqueza que no crean, conjeturan que las intenciones bastan.

Los verdaderos enemigos del socialismo son las ideas mismas que le sirven de fundamento.

Pero se rehusan a aceptarlo y buscan enemigos externos, de lo que han hecho una especialidad. Tan es así que los socialistas modernos y actualizados son los que han aceptado aunque sea en parte ideas opuestas a su esencia.

En fin, el cuento del león y los elefantes, ayuda a mostrar sin necesidad de gran análisis, quienes son los enemigos de los socialistas. Sus propias ideas.

Post Scriptum

Las fallas del socialismo que realmente lo dañan en lo más importante son:

1. La imposibilidad de producir precios reales, lo que impide totalmente la asignación de recursos y hace a la actividad económica improductiva.

2. La mala comprensión de la naturaleza humana, en la que no reconoce capacidades de razonamiento, habilidades de realización, que son sólo posibles en la libertad.

3. La erección de organismos centrales de poder excedido que hacen seguros abusos de poder y frenan las iniciativas del resto.

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