Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gran Supervisor Daña
Eduardo García Gaspar
20 marzo 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La historia comienza con un supuesto fascinante.

Imagine usted una sociedad en la que todos se comportan razonablemente bien.

Hay crimen, pero no en exceso. Las gentes cometen errores como cualquiera lo puede hacer, pero en lo general, respetan a los demás y sus derechos.

Su sistema económico es uno sencillo, el del intercambio. Cambian lo que les sobra por lo que les falta.

Usan dinero para facilitar las cosas y con gran frecuencia colaboran entre sí para producir cosas y venderlas. Su propiedad es privada y aplican la división del trabajo.

Gracias a esto, pueden realizar esos intercambios con relativa seguridad.

¿Progresarán de esa manera? Seguramente. Cada día millones de intercambios significarán aumentos de bienestar para todos: cada intercambio, por definición, si es libre, beneficiará a ambas partes.

Pero ahora supongamos que entra en juego una persona que propone que puede mejorar a esa sociedad, que puede lograr más progreso.

Y propone que él debe regular los intercambios entre las personas. Él será quien autorice todos los intercambios. Por supuesto no puede porque son demasiados, pero supongamos que sí lo hace. Entonces se presentan varias posibilidades.

Una: la persona autoriza intercambios que coinciden con la voluntad de las dos partes. Las dos partes hubieran realizado el intercambio de manera idéntica al autorizado por el gran supervisor.

En este caso, nada sucede, excepto por el desperdicio del tiempo del gran supervisor.

Dos: el gran supervisor de intercambios obliga a la realización de uno entre dos personas. Un intercambio que no se hubiera realizado por desacuerdo de una de las partes, de la otra, o de las dos.

En este caso, suceden cosas: una de las partes pierde con el intercambio, o incluso las dos.

En el primer caso, el progreso tendrá las mismas probabilidades de antes. La intervención del gran supervisor está de más. Las dos partes ganan con cada intercambio y terminan en una situación mejor que la anterior.

Pero en el segundo caso, pierde al menos una de las partes, quizá las dos y, por definición, hay menos bienestar general, que es la suma de los beneficios producidos por los intercambios.

Hasta aquí, se entenderá con claridad que la actuación del gran supervisor de intercambios sobra en el mejor de los casos y que en el peor, reduce el progreso de todos.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es algo que no se trata con suficiente claridad casi nunca, el interés personal del gran supervisor.

Él va a tener un interés personal en derivar un beneficio propio en cada supervisión de intercambios entre los demás. Entrará en juego su beneficio, incluso a costa de obligar a intercambios que las partes no harían de estar en otras condiciones.

Bien, basta de teoría y vamos a un ejemplo notable, el de la educación pública.

El gran supervisor de intercambios altera la situación que se tendría de manera libre. En una situación de libertad educativa, las partes se pondrían de acuerdo entre ellas para comprar y vender educación para los hijos.

Pero el gran supervisor, cambia las cosas y establece otras reglas. A unos los nombra proveedores educativos protegidos por él y a otros los obliga a comprar la educación que ellos ofrecen.

En ese intercambio forzado de educación para los hijos, el gran supervisor intenta derivar beneficios personales de naturaleza variada. De los que beneficia como proveedores oficiales, espera lealtad y correspondencia electoral, apoyos a su gobierno.

Los proveedores, por su parte, se deben a su protector, no a sus alumnos, y de ese protector intentarán conseguir más favores y privilegios.

Los alumnos padecerán un sistema educativo sin incentivos para ser mejorado, porque los intercambios no son libres. Pero para hacer dulce este defecto, el gran supervisor tratará de cambiar las percepciones, diciendo que la educación es gratuita y demás.

Por supuesto no lo es. Nada hay gratuito en este mundo, pero muchos se tragarán el engaño y el gran supervisor controlará los intercambios educativos en beneficio propio antes que nada.

Y ya que los intercambios educativos no serán libres, no habrá beneficios mutuos. Una de las partes disminuirá su bienestar y habrá menos bienestar del posible de lograr si los intercambios fuesen libres.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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