Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Peor Gobernante
Eduardo García Gaspar
16 octubre 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La frase tiene su fondo. Dice ella que entre las cosas más terribles que pueden sucederle a los líderes es el creerse virtuosos.

Me parece que es un problema de dogmatismo, de creer que sin duda poseen la razón y de tener las más altas motivaciones morales.

Es como un maniqueísmo que determina que el líder es incuestionable, que debe hacerse lo que él diga.

Pensando que es un asunto de virtud que el líder posee, todo se justifica, no importa qué.

Y esto contrasta con otra actitud muchas veces mencionada, la de Einstein y su idea de que su misma teoría tendría que pasar pruebas reales para poder aprobarla y considerarla cierta. Una posición muy distinta a la de personajes como Marx y Freud.

Entremos al tema del creer que uno tiene la razón y que los otros están equivocados, de lo que se concluye que debe hacerse lo que uno dice. No es una actitud infrecuente. En realidad quizá sea la más común.

Todos tenemos un amigo que tiene la mejor explicación de la mayoría de las cosas y está seguro de saber cómo remediarlo todo.

Los editorialistas escribimos bajo ese supuesto, el suponer que lo que decimos es una buena y razonable explicación de la realidad, mejor que la de muchos otros.

Los miembros de una religión piensan igual: su religión es la verdadera. Los miembros de partidos políticos lo mismo: sus ideas son las mejores y las de la oposición son muy malas.

Es decir, pensar que uno está en lo cierto no es malo en sí mismo. Aunque se acuse a la persona de dogmatismo y maniqueísmo, no importa.

Lo que ella ha hecho es pensar que tiene la razón y actuar en consecuencia. Todos lo hacemos y por eso tomamos decisiones. Las cosas negativas comienzan cuando suceden otras cosas.

Y esas cosas son varias. Por ejemplo, carecer de esa actitud de Einstein, la de necesitar pruebas para confirmar su propia teoría. Es decir, aceptar que si las pruebas son contrarias, la teoría se desechará.

Una actitud valiosa que, por ejemplo, K. Marx no poseyó. Mi punto es que creer tener la razón nada de malo tiene si uno está dispuesto a aceptar evidencias y pruebas que pueden llegar a contradecir lo que uno cree cierto.

Otra cosa puede suceder. Es algo muy distinto lo que le sucede al amigo que asegura tener el remedio a toda crisis económica y lo que le pasa al político que piensa lo mismo. Nuestro amigo revela sus planes en un bar, entre amigos y nada en realidad sucede. No tiene nuestro amigo poder para implantar sus ideas.

Pero sí lo tiene el gobernante. Podrá él realizar sus ideas en la práctica, especialmente en regímenes en los que no hay división de poderes. Castro y Chávez son un ejemplo de esto.

Visto de manera extrema. Un loco que en la calle habla del seguro y próximo fin del mundo tiene muy pocas consecuencias en la vida del resto. Pero un gobernante trastornado que asegura cómo implantar el paraíso en la tierra y tiene poder para hacerlo, tienen efectos en la vida de millones.

Recuerde a Mao Zedong, a Pol Pot, a Lenin. Es decir, creer tener la razón no es en sí mismo malo, lo malo puede estar en creer tenerla y además tener un gran poder para aplicarla sin contrapesos y a pesar de pruebas en su contra.

Vuelvo a eso de que lo peor que puede sucederle a los líderes es creerse virtuosos. Lo que significa estar convencidos de estar en lo correcto y justificarlo por estar seguros de que poseer una razón moral. Combinen usted la certeza ética total con los otros ingredientes y las cosas se pondrán realmente mal.

Ese gobernante se rehusará a aceptar pruebas en su contra, a admitir razonamientos opuestos y tendrá el poder para imponer sus ideas en otros… sin contrapesos.

Ese líder con certeza moral absoluta toma una forma concreta, la de creer ser la encarnación de la voluntad general, de la voz del pueblo. Y piensa ser el único capaz de entender lo que realmente acontece. Tiene una especie de conocimiento privado que el resto no pueden entender.

Hitler fue un caso de estos, igual lque Lenin. Y esto me lleva a mi idea: creer tener la razón y estar seguro de las opiniones propias no es malo en sí mismo.

Lo malo de ese se produce en los casos de una terquedad virtuosa de quien está en el poder y no admite pruebas ni evidencias opuestas a lo que él piensa debe ser. Estos gobernantes son lo peor que puede suceder.

Post Scriptum

Existen más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Personalismos. También en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos.

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