gobernantes imperfectos

La dificultad y el problema de implantar políticas liberales. La explicación del problema, excusas y estrategias de solución. Un deber moral.

.

Introducción

La idea analiza una situación política real, la del gobernante que está convencido de las bondades de las políticas liberales pero que, al mismo tiempo, pretexta no poder aplicarlas por razones del momento y sus circunstancias.

Una “excusa coyuntural”. Es creer que la situación del momento no se presta a cambiar de rumbo.

El análisis es vital porque examina razones ajenas a las bondades de los mercados libres que les impiden ser implantados.

Al no serlo, los países y sus ciudadanos sufren las consecuencias de no contar con un mayor bienestar posible para todos. Es un imperativo moral en sí mismo examinar este freno al bienestar. Se trata del problema de implantar políticas liberales.

La idea reportada es fue encontrada en el Libro Blanco sobre el Papel del Estado en la Economía Española. Una obra dirigida por Rafael Termes y publicada en Madrid, en abril de 1996.

El problema de implantar políticas liberales

Inicia el autor su idea definiendo el problema que pretende solucionar, el de la implantación de políticas económicas de corte liberal por parte de gobernantes que las creen adecuadas pero pretextan que no es posible aplicarlas ahora.

Es un problema de actitud. El gobernante que llega al poder después de un gobierno socialista, y desea implantar medidas liberales, suele alegar «imposibilidad política».

Incluso siendo un convencido de los mercados libres, ese gobernante ni siquiera intenta aplicar sus ideas, pretextando condiciones políticas que lo impiden.

El resultado es una continuación del estado de cosas previo. La gran idea del texto es su intención de “desmontar las razones comúnmente alegadas” por el gobernante liberal que cree es imposible aplicar sus ideas.

Las excusas

Comienza esa tarea mencionando las razones falsas que se piensan forman el problema de implantar políticas liberales. Es decir, de imposibilitar la aplicación de prácticas de mercado sustentado en la libertad humana.

• Suele decirse que las ideas liberales son un asunto teórico, que son difíciles de comprender y que los ciudadanos son reacios a aceptarlas.

• Se piensa que las personas tienden a rechazar políticas que darán resultados en el plazo medio y largo, pero que necesitan ciertos sacrificios en el presente.

• Se piensa que la oposición socialista capitalizará la reacción de la gente cuando comienza la aplicación de políticas liberales. Aprovechará la ocasión para hacer promesas irreales de corto plazo que le permitan retornar al poder.

Todo eso es falso.

La realidad es distinta

• La oposición a la implantación de reformas viene de grupos de presión. Estos grupos incluyen a algunas personas del sector empresarial, a los sindicatos ya los buscadores de rentas.

Ellos reaccionan en contra de reformas que afecten los privilegios que han logrado para sí mismos bajo el intervencionismo previo.

• Los grupos de presión capitalizan la indiferencia de la «mayoría silenciosa», que les deja un amplio margen de acción. No tendrán oposición de la masa que no habla.

• Algunos de los políticos tienen una «equivocada visión» que les hace tomar decisiones con la mira puesta en las elecciones siguientes, no en el bien común de largo plazo.

Es una «miopía gubernamental» que es en parte comprensible, pues perder las elecciones siguientes significaría suspender la aplicación de las políticas liberales.

• El crecimiento autoalimentado del aparato estatal se opone a la aplicación de las políticas liberales.

La dinámica de crecimiento del aparato estatal es una fuerza opuesta al desmantelamiento de las medidas socialistas que lo hacen crecer. Una parte importante del problema de implantar políticas liberales.

Un poco de historia

Hay evidencia histórica que, adicionalmente a lo anterior, demuestra que es posible un cambio de política en favor de la libertad económica.

• El milagro económico alemán: los cambios fueron severos y rápidos, en contra de opiniones contrarias y fuerte oposición.

• Los dos períodos presidenciales de R. Reagan en los años 80, mostraron reformas liberales y resultados positivos.

• Las medidas de M. Thatcher fueron un cambio drástico de rumbo en el Reino Unido y tuvieron resultados positivos también.

Las evidencias históricas y el descubrimiento de las causas reales detrás de la oposición a la implantación de políticas liberales, demuestran que es posible hacerlo. La obra se refiere al caso español, pero la idea es aplicable a otras naciones también.

Mentalidad de dependencia

Hay que, sin embargo, reconocer de manera abierta una realidad: los ciudadanos y los políticos padecen la mentalidad de dependencia que ha creado el Estado de Bienestar.

Es decir, no se encuentran preparados para apoyar los cambios en política económica. Otro elemento importante del problema de implantar políticas liberales.

Labor pedagógica

Se argumenta que en política solo pueden implantarse, dependiendo de cada circunstancia en cada momento, partes del ideal del gobernante. Esta idea puede interpretarse de dos maneras.

• Como un pragmatismo que pone atención solo en lo posible, eso que bajo cada circunstancia la gente acepte y quiera. Es una interpretación negativa.

Es la posición de lo que en la obra examinada es llamado gobernante «espejo»: lo que él hace es lo que él piensa que la gente quiere.

• Interpretado positivamente, significa que el político liberal tiene un ideal y una «versión íntegra» de él. Pero sobre todo, que ese gobernante con el ideal liberal debe esforzarse en todo momento por lograr el máximo posible de su ideal.

A este gobernante lo llaman «pedagogo» y es el que se esfuerza por hacer comprensible su idea y sus programas.

Las posiciones particulares de cada gobernante variarán entre los dos extremos, pero es claramente superior la posición del pedagogo, la de quien tiene la capacidad para expresar con claridad su ideario y convencer.

Estrategias para la implantación de políticas liberales

Lo que sigue son grandes estrategias sugeridas para resolver el problema de implantar políticas liberales.

• Primero, la definición de metas finales, las de largo plazo y la mención abierta y clara de sus implicaciones. Debe hacerse esto sin concesión.

• Segundo, la elaboración de políticas graduales para acercarse a los objetivos, rechazando acuerdos de compromisos que vayan en la dirección opuesta o que sean incomprensible para los ciudadanos.

Lo importante es la dirección de las soluciones de compromiso político y que ellas no vayan en contra de principios. Es un esfuerzo abierto en contra del pragmatismo que anule al ideal.

• Tercero, mover a la opinión pública a favor del ideal liberal. Es necesario ser constante y esforzado en, primero, educar a intelectuales y divulgadores de ideas que crean a la opinión pública. Es también una labor académica y de cobertura de medios de comunicación.

Y, cuarto, jamas ignorar que la defensa de la libertad humana debe utilizar argumentos morales y éticos.

El principal ataque del socialismo al liberalismo no es de naturaleza económica, pues se reconoce la superioridad económica del liberalismo. Ese ataque al liberalismo usa la supuesta, y falsa, superioridad moral del socialismo.

Las reformas liberales, dice, fracasarán si sus defensores olvidan el argumento moral del liberalismo. Sí, el liberalismo es el más eficiente, pero sobre todo es moral, al respetar la naturaleza libre de la persona.

Las políticas intervencionistas y las acciones de los grupos de presión son inmorales en su esencia, al violar la libertad y la dignidad humanas.

Y una cosa más acerca del problema de implantar políticas liberales.

Difícil regresar, pero no imposible

Por Eduardo García Gaspar

Los favores, regalos y obsequios que otorgan los gobiernos tienen como un objetivo, al menos, comprar las lealtades de partes importantes del electorado.

Las mueven a dar el voto que la democracia requiere para que un partido político alcance el poder o se mantenga en él.

Es un incentivo al voto, o mejor dicho, una compra del mismo.

Creación de dependencia

Supongamos que la autoridad de una ciudad, la que sea, decide regalar artículo escolares a los padres de familia, esas cosas que sus hijos necesitan en la escuela.

Naturalmente, como todo regalo, será bienvenido pues es gratuito para el que lo recibe… o eso piensa.

La reacción primera del receptor de la dádiva es muy buena y, en su opinión, ensalzará a la autoridad por su generosidad. Hasta los pequeños alumnos verán con agrado el regalo.

Otro caso. Por ejemplo, la acción de una autoridad que decide regalar unos cientos de pesos mensuales a todas las personas mayores de cierta edad.

Sucederá lo mismo, los receptores del obsequio se sentirán bien y también sus familiares y glorificarán al gobierno que hace semejantes cosas de tan gran bienestar.

Pocos o nadie criticarán esto y quien se atreva a hacerlo, será visto como un insensible egoísta. El gobernante que se atreva a hacerlo será criticado con ferocidad.

Los gobiernos que le hacen al Santa Claus intervienen en la sociedad produciendo efectos nefastos, como el socavar a la responsabilidad individual. Crearán dependencia gubernamental.

El problema de implantar políticas liberales en esa costumbre

De todos esos defectos, pondré la atención en uno solo de ellos: la tremenda dificultad de corregir los regalos a los que se ha acostumbrado a la gente.

Intente usted retirar el regalo de los artículos escolares o la pensión de los adultos mayores y se va a encontrar con seria oposición.

Cuando una autoridad da, por ejemplo, pensiones indizadas a algún sindicato lo hace con miras de muy corto plazo, las de ganar las elecciones inmediatas.

Pero sucede que los efectos de esas concesiones son de muy largo plazo e insostenibles a la larga. Los problemas de pensiones que se sufren en todas partes son de este tipo.

Crisis futuras

Es un error de prudencia, la real virtud que debe poseer todo gobernante. Para el gobernante irresponsable, esos obsequios son una panacea, pues le permitirán llegar al poder y mantenerse en él antes, sí, antes, de que comiencen a darse los efectos negativos de sus regalos.

Para cuando surjan los problemas, él ya no será gobernante y será otro el que cargue con la crisis inevitable, grande o pequeña. Y quien usando su prudencia intente quitar esos regalos o atenuarlos va a encontrar oposición, tanta que quizá nunca llegue a ser gobernante si es que de eso habla con franqueza antes de las elecciones.

La solución estará sólo en manos de gobernantes con mano firme que no traten el tema en sus campañas electorales, o lo más probable: se intentará una solución en el momento en el que la crisis se haya presentado y, por ejemplo, no exista dinero para hacer el regalo acostumbrado.

Un electorado acostumbrado a recibir regalos y dar a cambio votos electorales, es un defecto serio de la democracia. Los efectos de este atroz vicio se padecen en todas partes, desde Alemania, Suecia, Inglaterra, hasta México y donde sea que los gobernantes hayan instituido esa práctica de conseguir votos por medio de regalos, sean artículos escolares o pensiones mayores. Los recursos no son inagotables. No hay comidas gratuitas.

Si un gobierno regala pensiones a adultos mayores, ese dinero tendrá que salir de algún sitio. Quizá del presupuesto de policía, de pavimentación, de donde usted quiera.

Pero no son cosas gratuitas, son acciones canallas y pérfidas que abusan de los electores y los compran con baratijas cuyo costo pagarán eventualmente de otra manera, seguramente peor.

La lección de todo esto es sencilla. Debe concluirse que la mayor de todas las virtudes que un gobernante deba tener es la prudencia, ese arte de prever las consecuencias de los actos propios.

[La columna fue actualizada en 2019-11]