Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Valor del Trabajo
Eduardo García Gaspar
27 abril 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona trató un tema agudo. El de los sueldos y salarios.

Quería que fuesen justos. No es una mala intención, al contrario.

Y propuso una idea, la de la proporcionalidad entre el ingreso por trabajar y algunas variables.

Por ejemplo, que hubiera una proporción directa entre la calidad del bien producido y el ingreso. No es mala idea.

Añadió otra variable, que hubiera proporción directa entre el ingreso de la persona y el tiempo dedicado a producir los bienes.

Siguió con otras variables. Proporción entre el sueldo y el esfuerzo. También entre la experiencia del trabajador y su ingreso. Igual entre los conocimientos necesarios y el ingreso.

En resumen, la persona fue muy clara: el ingreso del que produce debe ser proporcionalmente directo a tiempo y al esfuerzo realizados, a la calidad de lo producido y a la experiencia y la preparación necesarias para producir el bien.

No es una idea original, pero la persona hizo bien en recordarla para permitir no olvidar otra cosa.

No olvidar el error que hay en esa idea y que es lo que bien vale una segunda opinión.

La persona olvidó lo principal: el ingreso es una función de la utilidad que ese trabajo tiene para otros.

Usted puede tomarse mucho tiempo, dedicar mucho esfuerzo, para hacer un producto de gran calidad que requiere de mucha experiencia y… no encontrar a nadie que lo quiera comprar.

Todo porque el trabajo se valora en última instancia por la utilidad que le representa a otros, por la necesidad que tienen de lo producido. Eso es lo que determina el ingreso de quien produce.

El ignorar este pequeño detalle ha sido causa de serias discusiones. La persona que propuso todas esas variables, estoy seguro, consideraría injusto que alguien ganara poco a pesar de cumplir con todos los requisitos.

Y se indignaría ante casos en los que personas que no cumplen con las variables, tuvieran altos ingresos. Pero sucede. Sucede porque el valor del trabajo, lo que se recibe como ingreso, está determinado centralmente por el valor percibido de ese trabajo por parte de otros.

Usted puede dedicar un año a hacer la mejor silla del mundo, que ella tendrá un precio que será el resultado de lo que otros piensan que vale, no del tiempo que usted le dedicó. Esto es lo que la persona olvidó.

Fue ella demasiado estrecha en su pensamiento y consideró sólo el trabajo de una persona. Olvidó a quien paga el bien producido. Es un olvido frecuente de quienes ven un solo lado de la ecuación.

Además, el asunto resulta interesante de explorar porque hay un mecanismo espontáneo que soluciona cuál debe ser el valor del trabajo de la persona. Se llama oferta y demanda, y determina precios.

Son los acuerdos entre quienes venden su trabajo y quienes lo compran. Cuando son voluntarios, las dos personas ganan y, por definición puede decirse que es un ingreso justo.

Mi punto es señalar algo que sucede con frecuencia. Como esta persona, muchas otras se preocupan por establecer justicia en los ingresos de las personas. Y proponen que exista proporcionalidad entre esas variables y el ingreso recibido.

No es una mala idea, pero se olvidan de la otra parte: quien paga por lo producido es el que evalúa la utilidad que recibirá.

Si yo escribo una poesía, la mejor de todos los tiempos, a la que he dedicado un año de trabajo, para lo que necesité diez años de estudio y treinta de experiencia, yo no puedo forzar a nadie a pagarme lo que todo eso vale. Serán los otros los que juzguen cuánto vale para ellos esa poesía y me paguen por obtenerla.

Es decir, si yo produzco algo, debo ante todo pensar en los demás. Considerar qué es lo que quieren, que es lo que necesitan y valúan. Entonces y después de saber eso, puedo dedicarme a hacer un buen producto con el que pueda ganar mucha plata.

La clave está en tomar en cuenta a los demás. Si estudio Sociología o Leyes, deberé pensar antes en las necesidades que otros tienen de esos conocimientos.

El error de la persona que eso propuso es grave, tan grave como frecuente. Lo he visto cometer una y otra vez, incluso por personas pensantes que se dejan llevar por buenas intenciones y que, al mismo tiempo, se comportan como todos: van en busca de las rebajas de precios de supermercados y comercios. Predican una cosa y actúan de manera opuesta.

Post Scriptum

El precio del trabajo, por supuesto, está determinado por la apreciación que de ese trabajo tengan los demás y variará en la proporción en la que exista abundancia o escasez de personas que puedan hacerlo.

Un futbolista con una capacidad única para jugar notablemente mejor que los demás ofrece un servicio valioso para millones siendo uno de los pocos que existen que tengan esa habilidad. Su ingreso será muy superior al de futbolistas con menos habilidad, de los que hay abundancia.

En Salario Justo hay un buen resumen del concepto.

La persona a la que hago referencia expuso su idea de la manera siguiente. Dijo que el trabajo dentro de una comunidad tiene un valor social que debe ser retribuido económicamente en proporción directa a:

  1. la calidad del bien producido,
  2. el tiempo consumido en su producción,
  3. el esfuerzo necesario para crearlo,
  4. los conocimientos necesarios para producirlo y
  5. la experiencia requerida para hacerlo.

Si eso fuera todo, podría crearse una ecuación multivariable, con ponderaciones a cada variable y matemáticamente precisar cuánto debe recibir quien ha producido una silla, una poesía, el iPad, un ladrillo. La Economía resuelta por medio de ecuaciones.

Es imposible: esos mismos productores o trabajadores, cuando comprar lo producido por otros no consideran nada más allá que la utilidad que para ellos tiene lo que compran y eso es lo que les pagan.

Lo que tiene una conclusión pocas veces señalada: quienes tienen bajos ingresos deben su situación a que ellos ofrecen un trabajo muy poco valorado por el resto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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