Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Defensa del Clisé
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2012
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una forma simple de ganar discusiones.

De tener la victoria asegurada cuando se encuentran opiniones opuestas.

Es asombrosamente sencilla. No requiere estudios. No necesita preparación. Ni siquiera lecturas.

Sólo un poco de memoria para aprenderse una lista de frases conocidas.

Con una lista de digamos, no más de diez o veinte frases seleccionadas, cualquiera puede mostrar que tiene la razón en casi cualquier discusión.

No es una técnica que use la lógica, ni examine premisas. No usa argumentaciones organizadas, ni necesita probar sus tesis. Es una forma, en cambio, de salirse del tema dando la apariencia de haber tenido razón.

Es la estrategia de argumentación basada en los clisés (también escrito cliché).

Un clisé es una respuesta usada en exceso y con significado impreciso que en lo general es aceptada como una realidad difícil de rebatir. Esa respuesta es, por lo general, una frase o una expresión convencional y acostumbrada.

Para entendernos mejor, un ejemplo, el del político que dice, “Se aplicará la ley hasta sus últimas consecuencias, no importa de quién se trate”.

Y el del acusado de algún delito que dice, “Es un complot en mi contra, una cacería de brujas”. Se aprecian aquí esas dos cualidades: haber sido repetido hasta el cansancio y tener escaso significado real.

Esto es muy útil en discusiones. Si acaso usted llegara a encontrarse con otra persona que piensa distinto y que le habla de la conveniencia de cualquier política económica, usted puede decir que la opinión del otro es “demasiado ideológica y está afectada por sus intereses personales”.

Después de eso nada más queda por decir. Lo sé por experiencia propia.

Un día estaba con otros analizando la decisión de bombardear Hiroshima usando los datos de daños estimados en caso de hacerlo y en caso de no hacerlo. Era una conversación divertida hasta que uno de los que hablaban tuvo la ocurrencia de decir, “por supuesto, la historia la escriben los vencedores”.

Se acabó la diversión. Muchos hicieron signos de aprobación.

La verdad es que decir “tu opinión está afectada por sus intereses personales”, o “la historia la escriben los vencedores”, no aporta nada en realidad. La argumentación se esquiva y eso da la apariencia de saber más que el otro.

En lo general, la gente acepta estas salidas como muestra de sapiencia y cultura.

Otro clisé muy útil en discusiones actuales es decir que “quien para unos es terrorista, para otros es un insurgente de la libertad”. Es una modalidad interesante.

Se acomoda a la tendencia actual de dar a todos la razón y terminar con la conversación. Es una variante, de otro clisé, el de decir “esa es tu verdad, pero yo tengo mi verdad”. Después de eso, nada hay que agregar.

Tome usted, en un caso clásico, el mayor de todos, la argumentación al estilo comunista.

El comunista, por ejemplo, dice que las mercancías tienen el valor determinado por el trabajo socialmente necesario para producirlas. Y usted dice que no, que tienen el valor de uso que le asigna quien las utiliza.

El comunista, entonces, responderá que lo que usted dice es falso porque los motivos de usted son cuestionables y responden a sus intereses de clase.

Otro muy usado es el de afirmar que lo dicho por el otro es “dogmático”. Una vez dicho eso, el asunto se acabó. Nada más puede agregarse, no importa que esa afirmación sea también dogmática.

¿Ve usted la gran ventaja de los clisés? Memorizar unas pocas frases y palabras basta para estar preparado y terminar cualquier conversación.

Eso de “dogmático” pertenece al género de calificativos arrojados de inmediato, como llamar a alguien “fascista”, o “fundamentalista”. Su utilidad es fantástica porque todo el que no esté de acuerdo con uno puede ser llamado “intolerante fundamentalista partidario del fascismo”.

Hay clisés que demuestran que quien los usa tiene cierta cultura, como llamar a alguien “partidario del darwinismo social”. Suena bien y ni siquiera hay que saber quién fue Herbert Spencer.

Algo similar es lo que sucede con otra frase, como la de decir que tal o cual cosa es de “justicia social”. ¡Bingo, la discusión está ganada!.

Post Scriptum

 

Para esta columna, mi mayor inspiración y fuente fue la reciente obra de Goldberg, J. (2012). The Tyranny of Cliches: How Liberals Cheat in the War of Ideas. Sentinel HC.

Véase Humpty, el Candidato. En Alicia en el País de las Maravillas, un personaje, Humpty Dumpty, dice que cuando él usa una palabra ella significa lo que él quiere que signifique, ni más ni menos.

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